Ocho de cada diez jóvenes consideran que deberían participar activamente en el diseño de las políticas públicas que afectan a su presente y futuro. Esta es una de las principales conclusiones del informe Desconexión y futuro: una juventud atrapada, elaborado por Ayuda en Acción, que desmonta la idea de una juventud desinteresada por la política y sitúa el origen de esa desconexión en la acumulación de dificultades sociales, laborales y emocionales.
La desconexión política nace de la exclusión social
El estudio, presentado este lunes en el Ministerio de Juventud e Infancia, analiza la realidad de 200 jóvenes de entre 16 y 30 años en situación de vulnerabilidad que participan en el programa Impulsa Empleo Joven. La investigación concluye que la falta de participación política no responde a la apatía, sino a una cadena de exclusiones que comienza mucho antes, vinculada a la precariedad laboral, las dificultades para acceder a la vivienda, los problemas de salud mental y la escasa vida comunitaria.
Durante la presentación, responsables de Ayuda en Acción defendieron que las políticas públicas deben incorporar la voz de la juventud y generar canales reales de participación, especialmente para quienes viven en situaciones de mayor vulnerabilidad.
La precariedad laboral condiciona el proyecto de vida
Los datos del informe reflejan un escenario de fuerte inestabilidad laboral. El 74% de los jóvenes encuestados asegura haber trabajado alguna vez sin contrato, mientras que el 21% continúa haciéndolo en la actualidad. Además, más de un tercio ha permanecido entre cinco y diez meses en desempleo y casi dos de cada diez llevan más de un año fuera del mercado laboral formal.
La dificultad para acceder a un empleo estable repercute directamente en la emancipación. Siete de cada diez jóvenes de entre 25 y 30 años siguen viviendo con sus familias y casi la mitad considera que no podrá independizarse en los próximos dos años. El informe advierte de que esta situación retrasa el desarrollo de un proyecto vital propio y alimenta una sensación de bloqueo e incertidumbre.
La salud mental y el aislamiento agravan la situación
La investigación también pone el foco en el impacto emocional de esta realidad. El 42% de los participantes califica su salud mental como regular y un 17% la considera mala. La principal causa de malestar es la dificultad para encontrar un empleo estable, seguida por la incertidumbre económica y la ausencia de perspectivas de futuro.
A ello se suma la pérdida de espacios de encuentro. Casi la mitad de los jóvenes afirma no disponer de recursos para realizar actividades de ocio y uno de cada cinco reconoce pasar demasiado tiempo en soledad. Sin embargo, el 94 % considera que el ocio puede convertirse en una herramienta para fortalecer la participación comunitaria y el compromiso colectivo.
Existe interés por la política, pero faltan canales de participación
Aunque solo el 13% manifiesta no tener interés por la política, el 80% cree que la juventud debe intervenir en el diseño de las políticas públicas y el 70% reclama más espacios de participación. El informe también revela que tres de cada cuatro jóvenes desconocen la propuesta de Ley de Juventud impulsada por el Ministerio de Juventud e Infancia, lo que evidencia la distancia existente entre las instituciones y la población joven.
Ante este escenario, Ayuda en Acción propone reforzar el empleo digno, facilitar el acceso a la vivienda, ampliar la atención psicológica pública, recuperar espacios gratuitos de encuentro, mejorar la información institucional y garantizar una participación efectiva de la juventud en las decisiones que afectan a su futuro.