Prisma Internacional

Crimen de estado (sin resolver) en Colombia

La esposa del asesinado candidato Miguel Uribe, la politóloga y abogada María Claudia Tarazona,  asegura que el crimen de su marido pudo ser un crimen de Estado y apunta al presidente de la República, Gustavo Petro, de estar detrás del mismo. En un mandato presidencial tan corrompido, podrido y sucio como el del presidente Petro este asunto no es algo descartable y enoja a la perfección con el estilo pérfido y marrullero de gobernar del mandatario.

Todo ello ocurre en medio de una campaña electoral en que el país se debate entre el heredero de Petro, Iván Cepeda, y un outsider de derecha, Abelardo de la Espriella, ganador de la primera vuelta con más de diez millones de votos a más de setecientos mil de distancia del candidato castrocomunista. Una victoria de Cepeda, que se supone seguirá la misma senda errática y difusa del presidente Petro, sería un absoluto desastre para Colombia, ya que ahondará en la inseguridad alarmante que domina en el país desde que llegó a la presidencia, la incertidumbre económica y el desorden rampante.

Petro, que es un personaje caótico, desordenado, impuntual y desorganizado, pretende dejar amarrados los próximos cuatro años a au agenda política, que pasa por seguir desmontando el andamiaje institucional colombiano y acabar con el orden constitucional fundado en 1991 a través de una Constitución ahora cuestionada. Proponen crear una “asamblea nacional constituyente”, al estilo de la que ya abriera en su momento el tirano Hugo Chávez, para llevar una serie de supuestas reformas que demanda la sociedad colombiana, eufemismos que encubren un plan para ir, poco a poco, construyendo el “socialismo del siglo XXI” a la colombiana. 

Haber retirado la propuesta de la constituyente, en un ejercicio de cálculo electoral para que el candidato izquierdista gane votos procedentes del centro, es un mero ardid oportunista de cara a las próximas elecciones. Petro solamente trata de ganar tiempo, asegurarse una victoria de su candidato para la segunda vuelta, a celebrar el 21 de junio, y que todo continúe atado y bien atado. Toda la red clientelar construida en estos casi cuatro años de desgobierno, con sus corruptelas, amiguetes colocados en puestos claves, financiación ilegal de campañas y un entramado familiar ligado a negocios sucios y malversación de dineros públicos, debe mantenerse intacta. Amigos de Petro, como el presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, se han hecho inmensamente ricos en estos años y este caso es solo la punta del iceberg de una tropa de parásitos improductivos apadrinados por el máximo líder para forrarse desde las tetas públicas.

En este contexto de podredumbre política y miseria moral y ética que caracteriza a este periodo siniestro y tenebroso, en que Colombia vive sus peores horas, las acusaciones lanzadas por la esposa del asesinado Miguel Uribe no son una cuestión baladí, sino que ponen en el punto de mira a las conexiones de este gobierno con el narcotráfico, el crimen organizado y grupos delictivos ligados a la guerrilla. Un año después del asesinato de Uribe Turbay, no se ha esclarecido el crimen ni hay pruebas claras que señalen al responsable directo del magnicidio. El autor material que disparó fue un menor de edad, capturado poco después del ataque, pero la autoría intelectual no ha sido establecida mediante una sentencia firme ni se ve en el corto plazo que se vaya a establecer para clarificar tan oscuro caso.

Parece que, como ha ocurrido con otros magnicidios acaecidos en Colombia, como fueron los casos de Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán, Jaime Garzón y Alvaro Gómez, el caso Miguel Uribe está destinado a ser otro gran misterio de la historia política colombiana. Solamente una victoria del candidato derechista en las próximas elecciones a celebrar este mes, con una mayor voluntad política para llegar a esclarecer este crimen por parte del previsible presidente Abelardo de la Espriella, podría arrojar algo de luz en este escabroso caso. Mientras tanto, la sombra de la sospecha rodea al presidente Gustavo, sembrador de odios, ventilador de mentiras y un hombre que pasará a la historia, casi con toda seguridad, como el peor presidente de la historia de Colombia. Lo que no sabemos es si también cargará a sus espaldas la responsabilidad criminal del asesinato de Miguel Uribe. El tiempo nos dará la respuesta.