Cinco planes imprescindibles para disfrutar del verano madrileño

Madrid - pexels
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Madrid no baja la persiana en verano, la sube. Entre los meses de julio y agosto, y hasta bien entrado agosto, la capital encadena festivales, cine al raso, carreras nocturnas y el regreso del fútbol para que ni el turista de paso ni el vecino que se queda tengan excusa para aburrirse. Cinco planes muy distintos, un mismo escenario y una razón de fondo: cuando el termómetro roza los 40 grados, el ocio se muda a la noche y al aire libre.

El plato fuerte llevaba nombre propio. Mad Cool volvió al recinto Iberdrola Music de Villaverde con más de 50.000 personas por jornada y un cartel de campanillas: Foo Fighters, Florence + The Machine, Twenty One Pilots, Lorde o Pulp firmaron cuatro noches imprescindibles en cualquier gran cita europea. No es un festival más; es la prueba de que Madrid juega en la Champions de los directos, y lo hace con las entradas de abono agotándose año tras año. Quien busque la foto del verano la tendrá aquí, entre bafles y móviles en alto.

El deporte tampoco se toma vacaciones, más bien al contrario. Las noches de la ciudad se han llenado de asfalto y dorsales, con las citas nocturnas más multitudinarias del calendario madrileño, que este verano volvieron a sacar a miles de corredores al Paseo de Camoens para siete kilómetros con salida a las diez de la noche y ambiente de pura fiesta. Y cuando cae el sol, Madrid Río se convierte en el gimnasio al aire libre de la capital: carriles para rodar en bici, senderos para trotar junto al Manzanares y hasta piragüismo para quien prefiera el agua al tartán. Correr aquí en agosto, a las once de la noche, es otro deporte.

El balón, cómo no, manda en la recta final del verano. Mientras el Real Madrid apura su pretemporada con amistosos por Europa y sesiones a puerta abierta en Valdebebas, y el Atlético prepara su vuelta al Metropolitano, la competición asoma en el horizonte: el campeonato reaparece el fin de semana del 15 y 16 de agosto, y el calendario de la temporada circula desde finales de junio con las primeras jornadas ya marcadas en rojo. El verano madrileño se despide, siempre, con olor a césped recién cortado.

Ese regreso dispara la fábrica de pronósticos. Antes de que ruede el primer balón, tertulianos, analistas y quinielistas de barra de bar se lanzan a repartir favoritos, y los equipos editoriales que radiografían el sector con criterio técnico ordenan cada casa con licencia con los mejores pronósticos para apuestas online, siempre con las cuotas y las condiciones a la vista. Su lectura funciona como un termómetro para medir con qué pulso llega el mercado al arranque liguero, no para prometer nada a nadie.

Para bajar revoluciones, pocas cosas ganan a una pantalla gigante bajo las estrellas. El cine de verano toma plazas y parques desde primeros de julio hasta finales de agosto, con ciclos como CinePlaza, que ocupa las noches de jueves a domingo entre el 2 y el 26 de julio, o Cibeles de Cine, proyectando clásicos, estrenos recientes y cine familiar a un precio casi simbólico. A ellos se suman citas con solera como el Fescinal del parque Enrique Tierno Galván, que lleva décadas llenando sillas en las noches de agosto. Es el plan más barato de la lista y, para muchos, el que mejor sienta después de un día de 38 grados a la sombra: uno se sienta, corre el aire de la noche y la ciudad, por un rato, parece Europa del norte.

Y si el calor no da tregua ni de madrugada, siempre queda el agua. Además de las piscinas municipales, que abrieron sus puertas a mediados de mayo y funcionan como el refugio de barrio de medio Madrid, la región presume de rincones para el chapuzón natural, como las playas naturales donde bañarse a un paso de la ciudad: embalses, riberas y pozas de la sierra, de las Presillas de Rascafría a la playa de San Juan, que ejercen de costa para quien este agosto no pisa la costa de verdad. A una hora en coche del centro, el agua fría de la sierra hace lo que ningún aire acondicionado consigue, y encima sale gratis. Es la escapada perfecta cuando el asfalto quema y el ventilador ya no basta.

Que nadie se llame a engaño: entre el festival, la carrera, el fútbol, la película y el baño, el problema del verano madrileño no es la falta de planes, sino elegir. Cinco frentes abiertos, cuatro semanas largas de calor y muchos planes que hacer.