La presidenta de CEPYME considera que la situación de las pequeñas y medianas empresas en España es crítica y su supervivencia, las que aún lo hacen, necesita de un cambio de rumbo de forma urgente. Las políticas que se están adoptando en materia empresarial y de empleo complican de verdad la viabilidad de estas pymes que, con pocos recursos, están desbordadas por completo. Hasta el punto de que un gran número de ellas están cerrando, por imposibilidad de continuar con su actividad económica.
Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Qué propone CEPYME? ¿Cuál es su importancia real?
Cuando habla de estos pequeños negocios, que son la base de las empresas y generación de riqueza y empleo en España, Ángela de Miguel lo hace con pasión y entrega, convencida de que el éxito de estas pymes es el éxito de todos.
Llevas un año al frente de CEPYME. ¿Cuál ha sido el reto más importante en este periodo y qué balance hace de su gestión?
Este año hemos dedicado mucho tiempo a acompañar a las pymes, hemos viajado y estado en más de 53 territorios en España para tratar de hacer un diagnóstico de su situación. Sobre todo de la microempresa, que está en una situación dramática, y tratamos de explicarlo y contarlo para que la gente entienda que la microempresa en España lo está pasando francamente mal en un momento de crecimiento, lo cual representa una incongruencia.
¿En qué se traduce exactamente esa situación dramática en medio de un contexto macroeconómico supuestamente favorable?
Se traduce en que, en un momento de crecimiento económico, tenemos 15.000 microempresas menos en España. Es decir, la microempresa está desapareciendo y, además, la que queda se está haciendo más pequeña. Así como la gran empresa en el último año ha contratado a 300.000 trabajadores, la micro ha contratado a 3.000 trabajadores menos. Tenemos menos microempresas y las que hay son más pequeñas porque no tienen capacidad para crecer y contratar en un entorno de crecimiento económico. Esto nos lleva a una dualidad en el mundo empresarial español: empresas que van bien y van creciendo, frente a las más pequeñas con unos entornos sobre todo normativos, de costes fiscales y laborales, que las están asfixiando y no las dejan crecer.
Un pequeño comercio en España tiene que cumplir 3.000 normas sin departamento de administración
Mencionas las trabas normativas. ¿Cómo afecta la burocracia de forma concreta al día a día de estos negocios?
Hay que tener en cuenta que si pensamos en una panadería, puede haber dos personas: una despachando y otra en el horno haciendo el pan. No tenemos departamento de administración, pero es que no tenemos por qué tenerlo. El bar de debajo de nuestra casa tampoco lo tiene, ni la mercería, el taller o los artesanos; una persona que haga cestería y tenga un par de trabajadores no tiene por qué tener departamento de administración. Y, sin embargo, tenemos tal complejidad normativa que a un pequeño comercio en España le afectan 3.000 normas; y son 3.000 normas que tiene que cumplir sin tener a nadie dentro de la empresa con conocimientos públicos. Al final esto es una carrera de obstáculos porque esa complejidad hace que, en muchos casos, sea prácticamente imposible realizar cualquier actividad en España para empresas que, por su propia esencia, no tienen esos departamentos.
A veces da la impresión de que las políticas públicas minimizan este impacto porque el foco está en las grandes corporaciones...
Se nos olvida la función que tiene la microempresa, porque a veces podemos pensar: "Bueno, no pasa nada, ya tenemos a las grandes". El problema es que en el mundo rural las únicas que tenemos son las microempresas, igual que debajo de nuestra casa. El que viva en pleno centro de una ciudad tendrá otro tipo de empresas, pero si vives en un barrio, lo que tienes al lado son microempresas. Son gente que tiene un autoempleo, empresarios individuales que realizan una función social y no se la estamos reconociendo.
Sin todas estas pequeñas empresas a nuestro alrededor, por poner otro ejemplo, el fontanero que viene a arreglarnos una avería y nos ayuda en nuestra vida diaria, nuestra rutina no sería tan confortable. Sin embargo, les cargamos de complejidades normativas, de requerimientos, de reporting y de documentos para cumplimentar un montón de cosas que luego no redundan necesariamente en una mejor eficiencia, ni en sostenibilidad, ni en un medio ambiente más limpio. Son trabas que no benefician a nadie.
¿Qué les planteáis a las autoridades políticas?
Precisamente, una de las cuestiones que le planteé recientemente a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, es el caso de la empresa que quiere ser local, que decide estar en su pueblo porque es feliz, quiere vivir allí y está a gusto desarrollando su actividad económica, cumpliendo una función social fundamental. Generan empleo, riqueza y ofrecen servicios. Europa, igual que España, está constituida por muchísimos pueblos pequeños y mucha pyme, y no les estamos reconociendo esa función social.
Hay que apoyar y respetar la decisión de toda esa empresa que quiere estar apegada al territorio, me da igual que sea un barrio, el centro de la ciudad o un pueblo. La gente tiene calidad de vida gracias a que están todas estas pymes a su alrededor. Si no, tendríamos que estar como en otros países donde no existen estos modelos y te tienes que coger el coche para tomarte un café porque toda la actividad está concentrada en determinados puntos. Este modelo va con la cultura europea y española; tenemos que cuidarlo y darle opciones reduciendo, por ejemplo, el esfuerzo fiscal que recae sobre ellas para que puedan seguir funcionando sin cargarlas con tanta complejidad. Europa es Europa porque tenemos muchas pymes locales.
¿Falta voluntad política para proteger este modelo?
Yo creo que las pymes son las grandes olvidadas de las políticas públicas, tanto en España como a nivel europeo. Todo el mundo quiere a la pyme y le parece fundamental que existan, pero cuando analizamos la legislación vemos que es absolutamente incompatible con ellas. No está pensada para una empresa de uno o dos trabajadores; está pensada para una gran multinacional. Una ley redactada pensando en una gran multinacional es imposible de aplicar por alguien que tiene uno o dos trabajadores y carece de departamento de administración, asesoría jurídica, fiscal o recursos humanos. Cuando se redacta la ley no se piensa en ellos, y al llegar a la pyme se producen efectos no deseados ni siquiera por el propio legislador. Si los ciudadanos fuéramos conscientes de que el bar de abajo o la frutería son empresas, exigiríamos a nuestros políticos políticas públicas que permitieran que siguieran ahí.
Cuando habláis directamente con las empresas, ¿cuáles son las principales preocupaciones que os trasladan?
Básicamente nos trasladan cinco. Una, por supuesto, son las cargas burocráticas. La otra son los costes laborales, su aumento en los últimos años, la complejidad normativa y la inseguridad laboral, que está haciendo que la microempresa contrate menos y desaparezca.
La tercera es la presión fiscal. España tiene una presión fiscal sobre la empresa del 12,3%, mientras que Suecia tiene un 6%; tenemos el doble que Suecia. Estamos hablando de un país con estado de bienestar, pero Suecia entiende que hay que dejar respirar a las empresas para que haya dinamismo económico que lo mantenga, porque la riqueza la crea el PIB privado, de donde salen los principales ingresos del país. España está por encima de la media de la Unión Europea, que es un 9,9%.
El cuarto problema es el absentismo, que es un problema muy gordo en España. Estamos hablando de una tasa que casi duplica la media de la Unión Europea, cuando tenemos la esperanza de vida más alta de la UE. En una empresa pequeña, además del coste, es casi imposible encontrar a una persona que sustituya a ese trabajador. Si volvemos al ejemplo de la panadería, si no tienes a nadie en el horno, no hay pan; y si no tienes a nadie despachando, no vendes y tienes que cerrar. No hay posibilidad de reorganizarse de otra manera, y eso pasa en cualquier pyme de menos de 10 trabajadores. Hay empresas con 10, 12 o 14 trabajadores que ya han cerrado por el tema del absentismo al no poder cumplir con los contratos. Y esto va unido al quinto problema, que es cubrir las vacantes: las empresas no tenemos trabajadores en prácticamente ningún sector ahora mismo.
¿Hasta qué punto frena esto la actividad económica de España?
Supone que las empresas tampoco podamos crecer. El otro día me decía una empresa importante que no iba a acudir a una licitación pública porque no tenía garantías de encontrar trabajadores que le permitieran atender ese posible aumento de trabajo, aun teniendo todos los condicionantes para afrontarla. Y todo esto ocurre en un país donde tenemos más de dos millones de parados. Son situaciones un poco extrañas: desaparecen las microempresas mientras crecemos, y tenemos el doble de absentismo que la media europea teniendo la esperanza de vida más alta.
Queremos que la regularización de inmigrantes se haga vinculada al empleo
Ante esta falta de mano de obra, ¿qué postura defendéis respecto al proceso de regularización de inmigrantes?
Una de las cosas que estamos intentando negociar con el Gobierno es que esa regularización de migrantes se haga vinculada al empleo. Al final, estas personas, muchas de las cuales ya están trabajando aquí en la economía sumergida, lo que creemos es que hay que regularizarlas y llevarlas al empleo. Una parte muy importante es la formación a través de las diferentes sectoriales, ver cómo se puede trabajar la capacitación de todas estas personas que se van a regularizar.
Hay muchísimos trabajos con vacantes donde necesitas una serie de títulos habilitantes para desarrollar la actividad, y en otros casos se requieren las habilidades suficientes para desempeñar esas funciones. Estamos colaborando y hablando con el Gobierno de España para que se oriente esta regularización hacia el empleo.
Pasemos al tema de la reducción de la jornada laboral, uno de los puntos más conflictivos de la agenda política. ¿Cuál es la postura de CEPYME?
Nosotros defendemos el diálogo social, en España tenemos un modelo reconocido por la Organización Internacional del Trabajo. Creemos que el salario, el horario y la jornada se tienen que fijar en una negociación entre empresa y trabajador, que es como se hace de manera habitual. Hay más de 4.000 convenios colectivos que se negocian con absoluta normalidad en España teniendo en cuenta el sector y el territorio.
España es muy diversa y a veces se nos olvida; en cualquier provincia se sientan los representantes de los trabajadores y de la empresa, que conocen muy bien la situación del sector en ese territorio, y saben si se puede reducir la jornada, si se pueden subir los salarios o qué se puede hacer. Los propios trabajadores negocian porque conocen su empresa; la mayoría son pymes y estás todos los días allí. Somos como una gran familia en las pymes, empresarios y trabajadores.
¿Significa eso que rechazáis las 37 horas y media?
La jornada ya se está reduciendo. Dentro del marco de las 40 horas, cuando se empezó con esto de las 37,5 horas se estaba hablando de 38,5, y ya estamos en 38 horas en lo que se está negociando en los convenios. Probablemente se llegue a una media de 37,5, e incluso hay sectores que tienen menos. Nosotros no es que estemos en contra de las 37 horas y media; lo que creemos es que hay que ver dónde se puede, cuándo se puede y en qué sectores se puede.
Lo que no puede ser es implantarlo sin ningún margen de capacidad de organización de la noche a la mañana, porque eso llevaría al cierre de muchísimas pymes que no tendrían capacidad de reorganizarse. Si en un comercio pequeño tienes un trabajador y pasas a 37 horas y media, no hay manera de hacer relevos o cubrir ese horario. Tienes que abrir menos horas, porque nadie te va a venir a cubrir media hora al día. La única solución es cerrar o abrir menos horas, con el problema añadido de que tenemos un comercio muy castigado donde se está produciendo mucho cierre de empresas.
Lo lógico es que las medidas se vayan tomando gradualmente para que el consumidor y las empresas se vayan acompasando con normalidad.
¿Es el comercio el sector que peor lo está pasando?
Muchos sectores. El agricultor también está muy castigado; el campo se ha visto muy afectado por toda la regulación laboral que ha habido. También la construcción, que ahora está creciendo un poco, pero con las 37 horas y media de golpe hubiera sido uno de los grandes afectados. Tenemos muchos sectores muy castigados.
Las medidas rígidas hacen que las crisis en España se salven con cierres y despidos
Si tuvieras la oportunidad de cambiar una sola medida laboral mañana mismo, ¿cuál elegiría?
No sabría decir una sola, porque creo que hay que buscar un modelo que sea flexible por una cuestión evidente. Si miras a Europa, ¿cómo se salvan las crisis en España? Con cierre de empresas y despidos, algo que no pasa en otros países europeos.
Esto es como todo: cuando tienes una barra muy rígida y le metes mucha presión, se rompe. Si tienes una goma elástica y metes presión, se encoge, pero en el momento en que la presión se libera, vuelve a ampliarse y te permite adaptarte a situaciones de crisis. Cuando la economía se reactiva, te permite continuar con empresas que ya conocen el mercado, tienen el talento, saben hacer las cosas, han aprendido, se han equivocado, se han caído y se han vuelto a levantar; con lo cual el crecimiento es mucho más rápido.
Cuando pierdes todo ese talento y el saber hacer, tienes que volver a empezar desde cero cuando la economía se recupera. Eso es durísimo y supone un coste de oportunidad como país muy grande, y ocurre porque en España tenemos un modelo muy rígido que tampoco está evitando el desempleo. Al poner muchas barreras para evitar el desempleo, al final lo que evitas es la contratación y te lleva a índices altos de paro. Países con regulaciones muchísimo más flexibles están mucho más cerca del pleno empleo.
La ministra de Inclusión, Elma Saiz, ha calificado los últimos datos de empleo publicados como un "éxito compartido" al superar los 22 millones. ¿Compartes esa lectura de "éxito compartido"?
Es verdad que tenemos datos de crecimiento y que aumente el número de trabajadores siempre es una buena noticia, pero hay una parte importante que es empleo público. Cuando bajamos al detalle de la microempresa, los datos ya no son tan buenos. Observamos esa dualidad de la que hablaba: los datos macro son buenos, pero a la microempresa se la está asfixiando y echando un poco del sistema.
¿Es viable reducir la burocracia a corto plazo o es una batalla perdida?
Es una cuestión de querer; cuando se quiera, se puede. Nadie se beneficia de que para pedir un permiso o una licencia tengas que estar dos años y presentar un montón de documentación que, en muchos casos, ya tiene la propia administración pública. Eso no beneficia absolutamente a nadie, no tiene mucho sentido. Hay mucho reporting de requerimientos y cuestionarios que rellenar que luego no se usan para nada, un montón de datos que no van a ningún sitio y que la pequeña empresa no tiene capacidad de gestionar. Tienen que contratar a alguien externo para que busque los datos y sepa rellenar todo eso si no quieren perder las oportunidades. La situación es absolutamente insostenible.
Aquí seguimos cada vez con más cargas burocráticas. Lo que se pretende es hacer control, pero tampoco se controlan más las cosas; lo único que haces es impedir el desarrollo económico normal y complicar la vida diaria. Nosotros somos los primeros interesados en que las leyes se cumplan, porque el que no cumple la norma ejerce una competencia desleal frente al que sí la cumple. Las normas tienen que favorecer a las empresas y su crecimiento para que todos podamos competir en igualdad de condiciones, pero se pone tantísima regulación que el día a día se vuelve realmente complicado.
Cambiando de la burocracia al talento y al futuro tecnológico, ¿se está preparando adecuadamente a los jóvenes para un mercado laboral marcado por la inteligencia artificial?
No sabemos cuál va a ser el mercado laboral de dentro de 10 años, estamos en una revolución y nunca sabes por dónde va a salir. Con relación a la inteligencia artificial, hay que asumir que va a tener efectos negativos, pero los positivos van a ser mayores, como pasa en cualquier revolución, ya sea la industrial, la llegada de Internet o de las redes sociales. Se producen desajustes porque las cosas cambian y te tienes que adaptar, pero hay que estar muy atentos para potenciar los aspectos positivos y paliar los negativos, compensando de alguna manera a aquellas personas que puedan verse afectadas. No podemos predecir el futuro, ojalá tuviéramos una bolita de cristal.
Para las empresas más pequeñas, ¿puede ser la IA una aliada para agilizar, precisamente, todo este laberinto burocrático?
Creo que es una gran oportunidad para la pyme, sobre todo porque la ayuda mucho. En la pyme hay mucho talento e innovación; en su propio ADN está la capacidad de ser innovador y disruptivo para buscar esos huecos en el mercado que no están ocupados por nadie y poder crecer. ¿Qué es lo que pasa? Que antes, para acometer determinados proyectos, necesitabas una base de trabajadores muy amplia que te ayudara a procesar, analizar información y documentos en una fase previa. Ahora, la inteligencia artificial te puede suplir todo esto. Empresas pequeñas van a poder entrar a competir en espacios donde antes no podían entrar porque no tenían capacidad para hacer esos análisis previos, aunque tuviesen una buena idea o una buena solución. Es una gran oportunidad, pero como todo en esta vida, tiene cara y cruz: la pyme que no la aproveche probablemente se va a quedar un poco descolgada del crecimiento económico. Pasará como con los ordenadores o el sistema Windows en su día.
Al margen de nuestras fronteras, ¿qué imagen se tiene de los empresarios españoles en los foros europeos?
La verdad es que la empresa española está muy bien valorada fuera. Una de cada tres pymes españolas está internacionalizada, y teniendo en cuenta esta carrera de obstáculos que tenemos en España, las pymes que sobreviven y son capaces de salir fuera son realmente extraordinarias, son verdaderos héroes. La imagen que se tiene fuera es la de una empresa seria, profesional, de muchísima calidad y que genera muchísima confianza.
Has sido la primera mujer en acceder a la presidencia de la organización. ¿Te ha supuesto un reto añadido o consideras que es una barrera superada?
Lo vivo con normalidad porque al final creo que hay puestos y posiciones y no me centro tanto en si eres hombre o mujer. Las mujeres estamos llegando cada vez con más normalidad a posiciones donde antes no estábamos. Esto demuestra que la empresa española tiene uno de los mayores compromisos con la igualdad del mundo; en cualquier ranking o análisis que se haga, España a nivel de empresa está siempre entre las cinco mejores posiciones del mundo.
Las empresas me han elegido y votado con absoluta normalidad para que sea su representante, y eso es lo que está pasando en general, donde ya tenemos casi el mismo número de trabajadores hombres que mujeres porque la empresa apuesta por el talento de manera natural y orgánica. Los equipos con diversidad mejoran en torno a un 20% los resultados económicos al permitir enfoques más globales.
Sin embargo, se sigue hablando de la existencia de una brecha de género en la alta dirección. ¿Se nota esa falta de rotación en las pymes?;
Se nota en todo, aunque en las grandes empresas del IBEX se llega antes porque hay más rotación en los puestos de trabajo. En la pyme, la gente que entra muchas veces se jubila en la misma empresa, hay menos puestos y la rotación va más lenta. Pero cuando una posición se queda vacante, en la mayoría de los casos por jubilación, ya vamos viendo cómo se seleccionan indistintamente hombres y mujeres como un proceso natural, y con el salto generacional las mujeres están asumiendo el liderazgo con absoluta normalidad. En las pymes hay mucha menos rotación y no vamos a retirar a una persona antes de tiempo si está trabajando bien.
Transmitir que no hay mujeres en las carreras técnicas porque las empresas no las queremos es falso
Algunos discursos políticos hacen bandera constante de esta vulnerabilidad de la mujer en el entorno laboral. ¿Qué opinas de este enfoque?
A mí me parece que ese discurso es muy peligroso, porque una chica joven ahora mismo, cuando vaya a diseñar su carrera profesional, no puede pensar que ser mujer es una dificultad. Se está vendiendo este mensaje, por ejemplo, desde las carreras técnicas, y es todo lo contrario: a las mujeres que salen de carreras técnicas se las rifan las empresas porque quieren tener mujeres.
Si solo sale un 20% o un 25% de ingenieras, no vas a poder tener una paridad en la empresa porque no hay ingenieras suficientes, pero a la que sale, las empresas se la rifan. Transmitir que el hecho de que solo haya un 25% de mujeres en las carreras STEM es porque las empresas no las queremos es un error y, además, es falso. Y nos está llevando a ofrecer el resultado contrario, haciendo que muchas chicas jóvenes se retraigan inconscientemente. Si te están diciendo desde los 30 años que no vas a conseguir ser la CEO, pues a lo mejor dedicas tus esfuerzos a otra cosa y no te lo trabajas. Y es mentira, porque una mujer tiene las mismas opciones de ser CEO ahora mismo que un hombre, siempre y cuando tenga la preparación y haya encaminado su carrera a adquirir esas posiciones.
Vamos a una velocidad de cambios brutal y en las cotizadas ya hay un 40% de mujeres directivas, algo que no tienen muchos países del mundo.
¿Cuáles son los estereotipos sobre la figura del empresario que urge derribar en la sociedad?
Para mí los empresarios, que son nuestras pymes, son personas que se levantan muy pronto por la mañana, que trabajan muchísimas horas, un tercio de nuestros autónomos y empresarios trabajan más de 50 horas a la semana, y que tienen un compromiso con su territorio, con su país, con sus vecinos y con sus trabajadores. Aportan riqueza y valor, y son la solución a muchos de nuestros problemas; donde hay una pyme y un empresario que decidió emprender, hay vida. Cualquier otra cosa con la que se identifique a los empresarios me parece un error porque no responde a la realidad de las 3.200.000 pymes que tenemos en España, cuyos empresarios en un 99,9% se identifican con personas que generan valor y te están pagando el estado de bienestar. A veces se nos demoniza cuando lo único que haces es trabajar mucho, pagar muchísimos impuestos y contribuir a que España sea un país mejor.
Para terminar, ¿qué te gustaría que dijeran las empresas cuando dejes la presidencia de CEPYME?
A mí lo que me gustaría es poder dar datos de crecimiento de microempresas y que a la microempresa se la deje trabajar; eso es lo que me gustaría que pasara. El sentido común nos tiene que llevar a eso y todos los españoles deberíamos quererlo. El problema de las micros es que no tienen altavoz; estás todo el día trabajando, no tienes capacidad para hacer una rueda de prensa ni tener una cita con el presidente de tu comunidad autónoma, con el presidente del Gobierno o con un ministro. Eres muy pequeño y estás a lo que estás. Nuestro eslogan en SME United es "Think small first" (piensa en pequeño primero). Queremos poner el enfoque en que, cuando la gente vaya a legislar, se pregunte: ¿va a aguantar esto la floristería de Usera? Hay que pensar si la floristería de Usera puede aguantar esa norma, y si no la aguanta, la norma no se puede dictar.