Europa vuelve a situarse en una posición crítica en materia energética y las consecuencias se trasladarán directamente al bolsillo de los ciudadanos. La combinación de una ola de frío intensa en enero, unas reservas de gas más bajas de lo habitual y un mercado internacional tensionado anticipa una subida del precio del gas de al menos un 30% en primavera.
Según los últimos datos, a comienzos de noviembre Europa contaba con 87,4 bcm de gas almacenado, ya por debajo del nivel del año anterior. La situación se ha deteriorado con rapidez: el 1 de enero las reservas habían caído a 64,9 bcm y apenas dos semanas después, el 13 de enero, descendían hasta 55,4 bcm, ampliando la brecha con respecto a 2025 hasta 14 bcm y reduciendo de forma clara el margen de seguridad del sistema.
Los mercados reaccionan con subidas inmediatas
El deterioro de las reservas no ha pasado desapercibido para los mercados. El gas TTF, referencia en Europa, ha registrado subidas superiores al 30% en apenas una semana, impulsado por las previsiones de temperaturas muy bajas. En paralelo, en Estados Unidos —uno de los principales productores mundiales— el precio del gas ha llegado a dispararse cerca de un 80%, añadiendo presión al mercado global.
Si las bajas temperaturas se prolongan, los analistas advierten de que Europa podría llegar al mes de marzo con las reservas en torno al 16% de su capacidad, un nivel muy bajo para esa época del año y especialmente peligroso de cara al siguiente ciclo de llenado.
Un problema doble: menos gas y compras más caras
La situación responde a un doble problema estructural. Por un lado, unas reservas más reducidas, tanto por el impacto del frío como por la relajación de los objetivos de llenado. Por otro, un mercado internacional muy tensionado, que obligará a Europa a comprar grandes volúmenes de gas natural licuado (GNL) durante el verano, previsiblemente a precios elevados y con mayor volatilidad.
El economista José Ramón Riera ha sido especialmente crítico con la gestión energética europea. “Nos han pillado con las reservas bajas justo cuando llega el frío, y ahora estamos obligados a comprar a máximos lo que no se almacenó cuando los precios eran más bajos”, ha advertido, subrayando que esta falta de previsión acabará repercutiendo directamente en los consumidores.
Primavera más cara y mayor dependencia del GNL
La conclusión que extraen los expertos es clara: Europa se dirige hacia una primavera con precios del gas sensiblemente más altos, mayor volatilidad y una dependencia creciente del gas natural licuado, en un contexto de fuerte competencia internacional por el suministro.
“El invierno aún no ha terminado y el margen de seguridad se está agotando”, alerta Riera, quien resume el escenario con contundencia: “Prepárense para una subida monumental del precio del gas natural, porque el trabajo se ha hecho mal y alguien tendrá que pagar la factura”.