La pobreza infantil continúa siendo uno de los principales problemas distributivos de España. Un nuevo estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), elaborado a partir de los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida, sitúa en el 28,3% la proporción de menores de 18 años que vivía bajo el umbral de pobreza en 2025, unos 2,07 millones de niños, niñas y adolescentes.
España mantiene una elevada tasa de pobreza infantil
El porcentaje de menores que se encontraba en hogares con ingresos inferiores al 60% de la renta mediana alcanzó el 28,3% en 2025, frente al 19,5% registrado para el conjunto de la población.
La situación es todavía más amplia cuando se utiliza el indicador AROPE, que incorpora el riesgo de pobreza monetaria, la carencia material y social severa y la baja intensidad laboral del hogar. En este caso, la tasa infantil alcanzó el 33,8%.
El análisis pone el foco en una cuestión que va más allá de los ingresos de las familias: hasta qué punto la presencia de hijos incrementa por sí misma la vulnerabilidad económica y cómo influyen factores como la edad, el empleo o la estructura familiar.
Los hogares monoparentales, entre los más vulnerables
Uno de los datos más destacados del estudio corresponde a los hogares monoparentales. En estas familias, la tasa AROPE alcanza el 50,3%, mientras que la pobreza monetaria se sitúa en el 41,2%.
La carencia material y social severa afecta aproximadamente al 19,4% de estos hogares.
El estudio apunta así a la estructura familiar como uno de los elementos que pueden marcar diferencias importantes en la situación económica de los hogares con menores, especialmente cuando existe un único adulto responsable.
Tener hijos no implica automáticamente una mayor pobreza
Los investigadores José Ignacio Conde-Ruiz y Marialejandra Garay Aguirre analizan también qué ocurre cuando se comparan hogares con características similares.
Sus resultados muestran que la presencia de menores está asociada, en promedio, con una probabilidad 1,15 puntos porcentuales superior de sufrir carencia material y social severa, una vez consideradas variables como los ingresos, el empleo y otras características sociodemográficas.
Sin embargo, los autores subrayan que este efecto no es igual para todas las familias.
La edad de la persona de referencia del hogar aparece como un factor especialmente relevante.
Los hogares jóvenes sufren una penalización mucho mayor
La diferencia es especialmente acusada entre los hogares cuya persona de referencia tiene menos de 30 años.
En estos casos, la presencia de hijos menores se asocia con un incremento de 7,26 puntos porcentuales en la probabilidad de sufrir carencia material y social severa.
El efecto se reduce considerablemente en los hogares de entre 30 y 44 años, donde la diferencia es de 0,71 puntos, y se sitúa en 1,16 puntos entre aquellos cuya persona de referencia tiene 45 años o más.
Los datos muestran, por tanto, que la llegada de los hijos puede generar una situación de especial vulnerabilidad cuando coincide con una etapa de la vida en la que todavía existe una menor capacidad de ahorro y unas trayectorias laborales menos consolidadas.
Más de la mitad de la brecha queda sin explicar
El estudio también compara la carencia material y social severa entre hogares con y sin menores.
La diferencia bruta alcanza los 2,59 puntos porcentuales. De esa brecha, el 42,6% puede explicarse por características observables como la renta, el empleo, la educación o la edad.
El 57,4% restante queda sin explicar por esas variables.
Los investigadores advierten de que este componente residual no puede interpretarse como un efecto causal de tener hijos. No obstante, consideran que resulta compatible con la existencia de costes, necesidades y restricciones vinculadas a la crianza que no quedan completamente reflejadas en los datos disponibles.
España, a la cabeza de la pobreza infantil en la Unión Europea
La comparación con el resto de Europa también refleja la magnitud del problema.
Según los datos utilizados en el estudio, España registró en 2024 una tasa AROPE infantil del 29,2%, la más elevada entre los 27 países de la Unión Europea. La media comunitaria se situó en el 19,3%.
La diferencia evidencia que la pobreza y la exclusión social afectan a los menores españoles con una intensidad particularmente elevada en el contexto europeo.
El estudio reclama medidas específicas para las familias más vulnerables
Los autores concluyen que la pobreza infantil no puede atribuirse exclusivamente al hecho de tener hijos. La vulnerabilidad aumenta especialmente cuando la crianza coincide con bajos ingresos, escasa capacidad de ahorro, trayectorias laborales todavía inestables o la ausencia de un segundo adulto en el hogar.
Por este motivo, el estudio plantea que las políticas de apoyo a la infancia deberían combinar medidas de carácter general con actuaciones específicamente dirigidas a los hogares jóvenes y monoparentales.
Entre las herramientas señaladas se encuentran la protección de los ingresos, las políticas de conciliación y las actuaciones destinadas a reducir la transmisión de la desigualdad entre generaciones.
El objetivo, según las conclusiones del trabajo, pasa por abordar la pobreza infantil no solo como un problema de ingresos, sino también como el resultado de la combinación entre ciclo vital, situación laboral y estructura familiar.