El Premio Internacional de Literatura Árabe “Ibn Arabi”, creado en 2017 por el Grupo Editorial Sial Pigmalión coincidiendo con el vigésimo aniversario de la fundación del grupo, reconoce anualmente a autores del mundo árabe que hayan destacado como poetas, narradores, ensayistas o traductores, así como a traductores e hispanistas que hayan contribuido a la difusión de la literatura árabe.
El galardón reivindica la figura del pensador andalusí Ibn Arabi, místico sufí, filósofo y poeta nacido en Murcia, considerado durante siglos como uno de los grandes maestros del pensamiento espiritual islámico. La obra del autor premiado será publicada en una de las colecciones del grupo editorial y presentada en algunas de las ferias del libro más relevantes de Europa, América y África.
El jurado de la convocatoria de 2026, integrado por especialistas de España, América Latina y el mundo árabe, ha concedido el premio por unanimidad a Maher Abder-Rahman, destacando la solidez literaria de Los fantasmas del vestíbulo y la coherencia y madurez del conjunto de su obra. El jurado ha estado compuesto, entre otros, por Rafael Bonilla Cerezo, María Antonia García de León, Francisco Gutiérrez Carbajo, Abdul Hadi Sadoun, Ridha Mami y Basilio Rodríguez Cañada.
Maher Abder-Rahman ha desarrollado una destacada carrera en el ámbito del periodismo y la literatura. Fue redactor jefe del informativo de la televisión tunecina y, en los años noventa, participó en Londres en la fundación del canal panárabe MBC, convirtiéndose en su primer redactor jefe árabe. En el ámbito literario es autor de novelas como El ojo de las palomas (2020), El colibrí y la acacia (2023), cuya traducción al español obtuvo el Premio a la Mejor Obra Árabe Traducida en 2024, y Los fantasmas del vestíbulo (2024), considerada por la crítica como una de las obras tunecinas más relevantes de los últimos años.
La novela galardonada explora la memoria, el poder y la identidad a través de un lenguaje sobrio y preciso, articulando una reflexión sobre la herencia, el peso del pasado y las estructuras patriarcales, y situando el recuerdo como un proceso vivo y socialmente condicionado.