El Museo Nacional del Prado da un paso decisivo en el reconocimiento de la fotografía como disciplina artística y herramienta patrimonial con la exposición El Prado multiplicado: la fotografía como memoria compartida, la primera muestra monográfica dedicada a este medio realizada íntegramente con fondos propios de la institución.
La exposición, comisariada por Beatriz Sánchez Torija, responsable de la Colección de Dibujos, Estampas y Fotografías, se presenta en la sala 60 del museo, un espacio que desde 2009 se ha consolidado como lugar de referencia para proyectos expositivos de pequeño formato centrados en el arte del siglo XIX y en nuevas lecturas de las colecciones históricas.
La fotografía como aliada del Prado desde el siglo XIX
Desde sus orígenes, la fotografía desempeñó un papel clave en la difusión de las colecciones del Prado. Al igual que el grabado o la litografía, permitió la reproducción múltiple de las obras, pero aportando una capacidad inédita de fidelidad visual, lo que la convirtió rápidamente en un instrumento esencial para documentar el patrimonio artístico.
A partir de la década de 1860, el museo inició de forma sistemática el proceso de fotografiado de sus obras. Las limitaciones técnicas de la época obligaban a trasladar muchas piezas al exterior para aprovechar la luz natural, un esfuerzo que dio lugar a un valioso archivo visual que hoy permite reconstruir la historia material y expositiva del Prado.
Un recorrido por la evolución técnica y material de la imagen
El núcleo central de la muestra lo constituyen las fotografías de reproducciones artísticas, el conjunto más numeroso dentro de la colección fotográfica del museo. El discurso expositivo pone el acento no solo en las imágenes, sino también en su materialidad y en los usos que tuvieron entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX.
Copias a la albúmina, al carbón o a la gelatina conviven con reproducciones fotomecánicas en formatos tan populares como las cartes de visite, las tarjetas estereoscópicas o las postales. Estos soportes permiten seguir la evolución técnica de la fotografía aplicada al arte y comprender su papel como medio de difusión cultural.
Imágenes que revelan un Prado desaparecido
La exposición ofrece además un recorrido visual por algunos de los espacios más emblemáticos del museo, como la Galería Central, la sala de Murillo o la galería de escultura. Más allá de su valor documental, estas imágenes revelan aspectos hoy desaparecidos del Prado: la disposición abigarrada de las obras, el mobiliario original, los sistemas de calefacción o la presencia ocasional de trabajadores y visitantes en salas que, en los primeros tiempos de la fotografía, solían aparecer vacías.
Estas fotografías constituyen un testimonio único de las prácticas museográficas de cada época y de la transformación del museo a lo largo del tiempo.
Los grandes fotógrafos que difundieron la imagen del Prado
La muestra reconoce también la labor de compañías y fotógrafos fundamentales en la proyección internacional del museo, como Juan Laurent, José Lacoste, Braun, Moreno, Anderson o Hanfstaengl. Gracias a su trabajo, obras maestras como La rendición de Breda, de Velázquez, circularon ampliamente mucho antes de la era digital.
Algunas de estas imágenes fueron realizadas incluso antes de que determinadas obras ingresaran en el Prado o con motivo de exposiciones nacionales, aportando un valioso testimonio de su historia expositiva.
La postal y la internacionalización del museo
A comienzos del siglo XX, la generalización de la tarjeta postal supuso un nuevo impulso a la difusión de las colecciones. Mediante técnicas de impresión como la fototipia, las imágenes del Prado se popularizaron y cruzaron fronteras, consolidando la fotografía como un puente entre el museo y la sociedad y otorgando al Prado una dimensión verdaderamente internacional.
La fotografía como patrimonio cultural
El Prado multiplicado: la fotografía como memoria compartida propone una reflexión de fondo: la fotografía no solo como medio para reproducir obras, sino como patrimonio en sí mismo. Un archivo visual que documenta la historia del museo, transforma la manera de mirar sus colecciones y amplía, generación tras generación, el alcance cultural del Prado.