En una ciudad que nunca baja el volumen, detenerse a pasar las páginas de una novela se ha convertido casi en un gesto de resistencia. La iniciativa de Casa del Libro busca precisamente eso: romper con la inmediatez de las pantallas y devolver el protagonismo al pensamiento pausado. Para ello, la organización instalará asientos en plena plaza, invitando a los ciudadanos a que acudan con su ejemplar bajo el brazo para participar en una desconexión colectiva sin precedentes en la capital.
El evento no será una firma de libros al uso. Escritores de primera línea como Sonsoles Ónega, Manel Loureiro, Inma Rubiales, Pedro Simón y Odile Fernández han confirmado que no estarán allí para promocionar sus novedades, sino para sentarse junto a su público y compartir el silencio de la lectura. Es una imagen horizontal que busca eliminar las barreras entre el creador y el consumidor de cultura.
Según ha explicado Javier Arrevola, director general de Casa del Libro, este acto es una respuesta a la saturación de estímulos que compiten por nuestra atención cada segundo: "Detenerse a leer es hoy casi un acto de insurrección cotidiana".
Con esta cita, Madrid calienta motores para un 23 de abril que promete ser más participativo que nunca, recordando que el verdadero motor de la industria no son los algoritmos, sino las personas que deciden, libremente, abrir un libro.