El Museo Casa Natal Picasso de Málaga exhibe hasta el 19 de abril, “Picasso: Vida con Françoise”, una exposición que reúne una amplia colección de grabados, fotografías y documentos que ilustran los años de de convivencia entre Françoise Gilot y Pablo Picasso. Se trata de un argumento donde se ofrece una versión real con nuevos matices de lo que fue la relación entre ambos y centrada la visión en el ámbito creativo, poniendo de relieve la influencia de la entonces joven pintora en la etapa de Vallauris de Picasso. Durante más de seis décadas el nombre de Gilot, se asoció en la biografía del genio malagueño como la mujer que tuvo la osadía de abandonarlo, de huir con sus dos hijos, hasta tal punto de cambiar de continente y organizar una vida en solitario en EE.UU.
La percepción que se tiene actualmente sobre ella ha dado un vuelco y para darle el rol que le corresponde en el arte femenino del siglo XX, el Museo Picasso de París dedicó en 2004 un espacio permanente a su obra, no como mujer o musa, sino como la creadora que supo conquistar un lugar por ella misma. En parecido sentido, los museos MOMA y Metropolitan de Nueva York, sacaron de sus depósitos obras de Gilot y las incluyeron en exhibiciones y proyectos contemporáneos; con similar intención, diferentes instituciones artísticas incluidas galerías internacionales, rescataron su figura actualizando su mensaje.
Cabe recordar que entre los años 1943 y 1953 Gilot y Picasso protagonizaron una compleja historia finalizada abruptamente. Ella fue la única de sus mujeres que no solo se enfrentó a él y lo dejó, sino que logró encauzar en solitario su proyecto de vida y con éxito. Cuando conoció a Picasso, ya contaba con una incipiente trayectoria artística y en su familia materna había antecedentes en este sentido. En su primera juventud, formó parte de la École de París, y en la postguerra europea vivió la ocupación alemana, sintonizando con las posiciones del Nuevo Realismo. Se relacionó con los artistas Nicolas de Stäel y Sonia Delaunay, e incluso antes del encuentro con Picasso, ya contaba con sus propios planes al haber abandonado los estudios de Derecho con el fin de aventurarse en el terreno de la pintura. Admiraba profundamente a Matisse al que conoció en su taller de Vance, introducida por Picasso y durante los escasos diez años de convivencia, Françoise Gilot compatibilizó la pintura, con la vida familiar. En 1949 firmó un contrato con el marchante Daniel- Henry Kanhweiler y sobre la base del conocimiento de Grecia y su cultura acometió una serie de obras partiendo de las leyendas del Minotauro recreando la idea del laberinto. Más tarde, aligerando la abstracción, incluyó alusiones figurativas al paisaje heleno y a los restos arqueológicos.
En 1964, atravesó una línea peligrosa y decidió narrar con todo lujo de detalles su turbulenta convivencia con el artista; las explosivas confesiones publicadas en el libro “ Vida con Picasso”, en colaboración con el crítico Carlton Lake, dinamitaron por completo la relación.
Pasados los años y mientras ahora los museos de Picasso celebran con objetividad su existencia y trayectoria, el tiempo ha dado la razón a la artista sobreviviente. Su resiliencia y fortaleza demuestran, al fin, que para ser dueña de la propia historia, en ocasiones, hay que tener el valor de cerrar una puerta y abrir otra que permita el camino hacia un nuevo horizonte.