Sociedad

Por qué los jóvenes occidentales son hoy menos felices que hace 15 años: Las claves del Informe Mundial 2026

El Informe Mundial sobre la Felicidad 2026, publicado este jueves por la ONU, confirma una tendencia dual en el bienestar global: la inamovible estabilidad nórdica frente al retroceso de las potencias occidentales tradicionales. Finlandia, con una nota de 7,76 sobre 10, encabeza el ranking por noveno año consecutivo, mientras que España desciende hasta la 41ª posición, su puesto más bajo desde que se inició el estudio en 2012.

Happiness Around the World, 2026 - Imagen de Gallup World Poll sobre la felicidad en el mundo
photo_camera Happiness Around the World, 2026 - Imagen de Gallup World Poll sobre la felicidad en el mundo

El informe, difundido con motivo del Día Internacional de la Felicidad, pone el foco este año en la preocupante erosión del bienestar entre los jóvenes de Norteamérica y Europa occidental, vinculada en gran medida al uso intensivo de las redes sociales.

El estudio, que clasifica a 147 países basándose en la Encuesta Mundial Gallup y factores como el PIB per cápita, el apoyo social y la percepción de la corrupción, sitúa a Islandia y Dinamarca completando el podio. Sin embargo, la gran sorpresa de esta 14ª edición es Costa Rica, que escala hasta el cuarto lugar, logrando la mejor posición de un país hispanoamericano en la historia del informe. En el extremo opuesto, Afganistán repite como el país más triste del planeta, reflejando el impacto devastador de los conflictos prolongados en la calidad de vida.

Para España, los datos de 2026 suponen un punto de inflexión negativo. Tras haber ocupado el puesto 22º en 2012, el país ha experimentado un descenso paulatino que lo sitúa ahora tres puestos por debajo del año pasado. Este retroceso se enmarca en una tendencia generalizada entre los países industrializados occidentales: 15 de ellos han registrado caídas significativas en su índice de bienestar en comparación con la década anterior, mientras que el bloque de Europa central y oriental (con Kosovo y República Checa a la cabeza) continúa su proceso de convergencia al alza.

El factor crítico: Juventud y redes sociales

Uno de los hallazgos más alarmantes del informe de 2026 es el deterioro de la felicidad entre los menores de 25 años en regiones desarrolladas. En Estados Unidos, Canadá y Australia, los jóvenes se sitúan en los últimos puestos de la tabla de felicidad por edad (entre el 122 y el 133 de 136 analizados). Los expertos del Centro de Investigación del Bienestar de la Universidad de Oxford señalan una correlación directa entre la insatisfacción vital y el uso de las redes sociales, advirtiendo que, si bien estas plataformas pueden ofrecer conectividad, su uso intensivo está desplazando las interacciones sociales reales y alimentando emociones negativas como la tristeza.

Jan-Emmanuel De Neve, uno de los editores del informe, subraya la necesidad de "devolverle el carácter social a las redes sociales", puesto que la evidencia global demuestra que el bienestar cae drásticamente con niveles de uso muy altos.

Desde hace tiempo, algunos psicólogos avisan de que la exposición a estas plataformas no solo reduce el tiempo efectivo con los amigos y personas queridas, sino que refuerza pensamientos que no son reales, como estándares de belleza y estilo de vida imposibles y favorece la comparación, la envidia o el culto a las apariencias y al qué dirán.

Hace algunas semanas, conocimos el estudio  realizado por las universidades Rey Juan Carlos y Pontificia Comillas y presentado por la Comunidad de Madrid, sobre una muestra de 700 alumnos, que reveló datos preocupantes sobre la dependencia emocional y la salud mental de los adolescentes entre 12 y 17 años.

No obstante, el director de Gallup, Jon Clifton, aporta un matiz de optimismo al recordar que, a nivel global, la mayoría de los jóvenes del mundo son hoy más felices que hace dos décadas, a pesar de los desafíos específicos en Occidente.

Vías de participación y compromiso con el bienestar

La Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) de la ONU enfatiza la importancia de la comunidad para revertir estas tendencias, por lo que el informe propone múltiples vías de participación ciudadana y gubernamental: la asistencia técnica a los gobiernos es prioritaria para integrar el bienestar en las políticas públicas en lugar de medir solo el crecimiento económico; el acceso a la información transparente a través de la retransmisión online de los foros de debate permite que la sociedad civil comprenda los factores que realmente impulsan la satisfacción vital; y, finalmente, el estudio tiene un firme propósito social, ya que busca dejar un legado de políticas basadas en la evidencia que fomenten la salud mental y la generosidad a largo plazo.

El hecho de valorar este tipo de informes, más allá de su curiosidad, sirve para plantearse qué medidas pueden realizarse desde la política para garantizar que los ciudadanos viven felices y satisfechos, que es lo que deberían procurar los gobernantes. La incertidumbre de la guerra no ayuda, precisamente, como tampoco los diversos casos de corrupción, la falta de apoyo a los jóvenes, el ritmo de vida acelerado y la polarización política que enfrenta a la sociedad y la vuelve más agresiva.