Las altas temperaturas pueden convertirse en un riesgo para la salud, especialmente durante las olas de calor. Mantener una buena hidratación, reducir la exposición al sol y prestar especial atención a niños, mayores y personas vulnerables son algunas de las medidas que ayudan a prevenir problemas asociados al calor.
Beber agua aunque no se tenga sed
Una de las principales recomendaciones ante temperaturas elevadas es beber agua de manera frecuente, sin esperar a tener sed.
Durante los días de calor el organismo pierde más líquidos a través del sudor y aumenta el riesgo de deshidratación. Por ello, conviene tener agua a mano y beber regularmente a lo largo del día.
También es recomendable evitar o limitar las bebidas alcohólicas, ya que pueden favorecer la deshidratación.
En el caso de las personas mayores, los niños pequeños y quienes presentan determinadas enfermedades, es especialmente importante vigilar que mantienen una ingesta adecuada de líquidos.
Evitar el sol y las horas de más calor
Siempre que sea posible, conviene evitar salir durante las horas centrales del día, cuando las temperaturas suelen alcanzar sus valores más elevados.
Si es necesario salir, es recomendable buscar zonas de sombra, utilizar ropa ligera y transpirable, cubrir la cabeza y proteger la piel expuesta mediante protección solar.
También es aconsejable reducir durante esos momentos las actividades físicas intensas, especialmente al aire libre.
Mantener la casa lo más fresca posible
La protección frente al calor no termina al entrar en casa. Mantener una temperatura interior adecuada puede ayudar a reducir el impacto de las altas temperaturas.
Una estrategia sencilla consiste en cerrar persianas y ventanas durante las horas de mayor calor cuando el exterior está más caliente que el interior. Por la noche, si la temperatura exterior desciende, se pueden abrir las ventanas para favorecer la ventilación.
Si se dispone de aire acondicionado, es recomendable utilizarlo de manera responsable y evitar cambios bruscos de temperatura.
Utilizar ropa ligera y transpirable
La ropa también puede ayudar a reducir la sensación térmica.
Durante una ola de calor se recomienda optar por prendas holgadas, ligeras y de tejidos transpirables, preferiblemente de colores claros.
Un sombrero o una gorra pueden proporcionar protección adicional cuando se permanece al aire libre.
Cuidado con el ejercicio durante una ola de calor
Practicar deporte o realizar esfuerzos físicos importantes durante las horas de mayor temperatura aumenta el riesgo de sufrir problemas relacionados con el calor.
Lo recomendable es trasladar la actividad física a primera hora de la mañana o al final de la tarde, cuando las temperaturas son más bajas.
En cualquier caso, hay que beber agua con frecuencia y detener la actividad ante síntomas como mareo, debilidad, dolor de cabeza o sensación de agotamiento.
Prestar especial atención a las personas más vulnerables
Las altas temperaturas afectan especialmente a determinados grupos de población.
Entre ellos se encuentran las personas mayores, los bebés y niños pequeños, las embarazadas y quienes padecen enfermedades crónicas. También requieren especial atención las personas que trabajan al aire libre o realizan actividad física intensa.
Durante una ola de calor es recomendable comprobar periódicamente cómo se encuentran las personas que viven solas o que pueden tener dificultades para protegerse de las altas temperaturas.
No dejar nunca a una persona o a un animal dentro de un coche
El interior de un vehículo puede alcanzar temperaturas muy elevadas en poco tiempo, incluso cuando las condiciones exteriores no parecen extremas.
Por ello, nunca se debe dejar a niños, personas dependientes o animales dentro de un vehículo estacionado, aunque sea durante unos minutos o con las ventanillas parcialmente abiertas.
Es una de las situaciones que puede provocar consecuencias graves con mayor rapidez durante un episodio de calor.
Qué hacer ante los primeros síntomas de un golpe de calor
El agotamiento por calor puede manifestarse mediante sudoración intensa, debilidad, mareos, dolor de cabeza, náuseas o calambres musculares.
Ante estos síntomas, es importante trasladar a la persona a un lugar fresco, ayudarla a descansar y favorecer que se hidrate si está consciente y puede beber.
Si aparecen síntomas graves, como alteración del estado mental, pérdida de conocimiento, convulsiones o una temperatura corporal muy elevada, se trata de una situación que requiere atención médica urgente.
También hay que proteger a las mascotas
Los animales de compañía también sufren las consecuencias de las altas temperaturas.
Durante los días más calurosos conviene evitar los paseos en las horas centrales, proporcionarles agua fresca y zonas de sombra y no obligarlos a realizar ejercicio intenso.
El pavimento puede alcanzar temperaturas muy elevadas y provocar lesiones en las almohadillas de los perros, por lo que es preferible elegir horarios y recorridos adecuados.
Una ola de calor requiere prevención
Las recomendaciones básicas frente a las altas temperaturas se resumen en hidratarse, evitar el sol y el ejercicio intenso durante las horas de más calor, mantener los espacios interiores frescos y vigilar especialmente a las personas y animales más vulnerables.
Además, durante los episodios de temperaturas extremas conviene consultar las recomendaciones y avisos de las autoridades sanitarias y meteorológicas, especialmente cuando se anuncian varios días consecutivos de calor.