Redes sociales

La ‘caída de los influencers’ se convierte en un fenómeno viral y reabre el debate sobre el poder de las redes

El fenómeno viral de la ‘caída de los influencers’ refleja un cambio en la relación entre los usuarios, la publicidad y las grandes estrellas de las redes sociales.
Logo TikTok - TikTok
photo_camera Logo TikTok - TikTok

Durante los últimos meses ha ganado fuerza en las redes sociales una idea que muchos usuarios resumen como la “caída de los influencers”. No se trata de la desaparición de los creadores de contenido, que siguen acumulando millones de seguidores, sino de una creciente sensación de desconfianza hacia un modelo basado en la exposición constante, la publicidad y las polémicas.

De referentes de Internet a objeto de escrutinio

Durante años, los influencers han pasado de ser usuarios que compartían su vida en Internet a convertirse en auténticas marcas personales. Millones de seguidores, contratos publicitarios, negocios propios y una presencia permanente en redes sociales han hecho que algunos creadores alcancen una capacidad de influencia comparable a la de rostros tradicionales de la televisión o la música.

Ahora, sin embargo, empieza a extenderse una reacción diferente. Bajo expresiones como “la caída de los influencers”, numerosos usuarios cuestionan que estas figuras continúen teniendo la misma capacidad de prescripción y credibilidad que tuvieron durante el auge de Instagram, YouTube y, posteriormente, TikTok.

Los datos disponibles apuntan a que las redes sociales están lejos de perder relevancia. En España, el 87% de los internautas utiliza las redes sociales a diario y TikTok ha alcanzado ya al 41,3% de los usuarios de redes, mientras Instagram continúa siendo la plataforma más utilizada. El fenómeno, por tanto, no consiste en que la audiencia haya abandonado las redes, sino en que puede estar cambiando la manera en la que consume y valora a quienes triunfan en ellas.

La publicidad, uno de los principales motivos de desconfianza

Uno de los elementos que alimentan este debate es la percepción de que una parte del contenido publicado por los influencers está demasiado condicionada por intereses comerciales.

La última edición de la encuesta Navegantes en la Red refleja que el 69,8% de quienes siguen a influencers, youtubers o streamers considera que existe un uso o abuso de la publicidad encubierta. Además, el 61,9% cree que la mayoría de sus publicaciones y comentarios tienen carácter publicitario. Un 45,7% considera incluso que la credibilidad del influencer está disminuyendo.

La consecuencia es una paradoja: los creadores continúan teniendo enormes audiencias, pero una parte de esas mismas audiencias empieza a mirar con mayor escepticismo aquello que recomiendan.

El fenómeno también coincide con un aumento del control sobre la publicidad realizada a través de las redes. En julio, la CNMC sancionó a Ibai Llanos, Jordi Wild y Nachter por diferentes incumplimientos relacionados con sus contenidos, entre ellos publicidad encubierta y otras obligaciones establecidas en la normativa audiovisual.

De la admiración a la vigilancia permanente

La relación entre los influencers y sus seguidores también ha cambiado. Durante la primera etapa de las redes sociales, mostrar una vida aparentemente cotidiana era suficiente para generar cercanía. Con el tiempo, esa espontaneidad se convirtió en una industria: fotografías, vídeos, viajes, productos, eventos y colaboraciones comerciales forman parte de un ecosistema profesionalizado.

Precisamente esa profesionalización puede estar detrás de una parte del desencanto. Cuanto más se parece un perfil a un escaparate publicitario, más difícil resulta para determinados usuarios distinguir entre una recomendación personal y una campaña comercial.

A ello se suma la velocidad con la que las redes convierten cualquier error en un acontecimiento. Una frase, un vídeo antiguo o una colaboración pueden desencadenar miles de críticas en cuestión de horas. La llamada cultura de la cancelación no es nueva, pero continúa condicionando la trayectoria de algunos de los grandes nombres de Internet.

El caso de James Charles es un ejemplo de hasta qué punto una figura puede mantener una enorme audiencia pese al deterioro de su reputación. El creador estadounidense, que alcanzó la fama en YouTube en 2016, ha atravesado numerosas polémicas y ha perdido parte de sus seguidores y acuerdos comerciales, aunque continúa siendo una figura relevante en las redes.

¿Realmente están cayendo los influencers?

La respuesta no es tan sencilla como podría sugerir el fenómeno viral. No existen datos que permitan afirmar que los influencers, como colectivo, estén desapareciendo o que su audiencia haya sufrido un desplome generalizado.

De hecho, las cifras de utilización de redes sociales muestran justamente lo contrario. Lo que sí parece estar produciéndose es una transformación en la relación entre los usuarios y las figuras que generan contenido.

Un episodio ocurrido en Instagram durante 2026 sirve para entender el contexto. La plataforma experimentó una eliminación masiva de cuentas que incumplían sus políticas de autenticidad y seguridad, lo que provocó que numerosos usuarios, marcas e influencers vieran disminuir sus cifras de seguidores. El episodio volvió a poner sobre la mesa hasta qué punto las cifras de seguidores representan necesariamente una audiencia real y activa.

La cuestión resulta especialmente relevante en una industria en la que el número de seguidores se utiliza como uno de los principales indicadores de valor para las marcas.

El final del influencer tradicional

Más que una desaparición, la denominada “caída de los influencers” puede interpretarse como el agotamiento de un determinado modelo de influencer: aquel que basa prácticamente toda su identidad pública en mostrar una vida aspiracional y convertir su comunidad en una herramienta de consumo.

El público sigue buscando entretenimiento, recomendaciones y referentes en Internet, pero cada vez conviven más modelos diferentes. Creadores especializados, divulgadores, profesionales, streamers y perfiles pequeños pueden competir por la atención con las grandes estrellas.

También existe una mayor preocupación por la autenticidad. La expansión de los contenidos generados mediante inteligencia artificial añade otra capa al problema: si ya era difícil determinar cuándo un influencer estaba mostrando una vida real y cuándo una imagen cuidadosamente construida, la aparición de perfiles completamente artificiales hace todavía más importante la confianza.

El debate, por tanto, no parece ser si los influencers van a desaparecer. Todo apunta a que seguirán formando parte del ecosistema digital. La verdadera incógnita es qué tipo de influencer sobrevivirá a este cambio de percepción.

La viralización de la expresión “la caída de los influencers” puede ser, en ese sentido, menos una predicción sobre el futuro de las redes que una señal del presente: los usuarios no han dejado de mirar, pero cada vez están más dispuestos a cuestionar aquello que ven.