Miguel Anxo Bastos, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela, es uno de los divulgadores más conocidos y reputados del liberalismo económico en España. Con un estilo didáctico y cercano, se ha hecho popular por sus conferencias y clases, en las que utiliza ejemplos cotidianos para explicar conceptos económicos complejos.
En el Madrid Economic Fórum, que se celebra hoy en el Palacio de Vistalegre, ha realizado una intervención que defiende a los empresarios y su labor en la economía y la sociedad. También ha apelado a todos los trabajadores que no son empresarios como tal, pero sí tienen una responsabilidad en las actividades que hacen en su día a día.
Defensa del empresario y su contribución frente a las críticas actuales
"Me equivoqué el año pasado al defender el trabajo y al trabajador, pero no tanto en el empresario", ha comenzado diciendo el profesor. A continuación, ha expresado que al empresario se le ataca desde todas partes en España desde hace algunos años. "Cuánto mejor lo hacen, más le insultan, más le denigran. Incluso también la prensa de derechas", ha criticado, considerando que se ha "comprado" el marco ideológico del marxismo de considerar enemigo a quien genera empleo.
Sobre el tema de la guerra, ha dicho con sarcasmo que es llamativo que se está proponiendo castigar a las únicas empresas que les está yendo bien recortando sus márgenes, en alusión a la presión de vigilar de cerca la rentabilidad de las compañías que han conseguido mantener cifras positivas tras el conflicto con Irán.
Reconocimiento a la figura del empresario como alguien necesario
Bastos ha señalado que los empresarios no son entes abstractos y que, de hecho, se necesita de ellos para el funcionamiento de la economía y de necesidades cotidianas como la compra: "La mano invisible son personas de carne y hueso que van a comprar el pan. Si estos señores no se levantan por la mañana, no hay pescado o azúcar en las tiendas, así de simple".
"Yo veo al empresario como un trabajador", ha sostenido, al tiempo que ha vuelto a criticar que el marco cultural del marxismo -que considera enemigo al empresario, visto como un "malvado explotador"- se ha extendido y normalizado en toda la sociedad.
Ha querido no solo defender su figura como contribución a la economía en la generación de riqueza y empleo, sino que ha planteado una idea interesante sobre la utilización del tiempo, con la frase de que "todos somos empresarios".
La utilización del tiempo y el talento como motor económico y social
"Todos tenemos un pequeño capital que es nuestro cuerpo, tiempo y mente. Es algo que no se enseña. Se puede gastar el tiempo racaneando en la cama; es libre hacerlo, pero se debe saber que tiene consecuencias". Estas palabras han sido el inicio de una reflexión sobre a qué actividades dedicamos nuestro tiempo vital, relacionándolo con el coste de oportunidad y de forma directa con la economía: "Hay un tiempo que es contra-productivo y usos del tiempo que son productivos. Lo que haces con el tiempo es lo que te lleva a un sitio o a otro. Esto no es mercantilizar, es precisamente para permitir que se tengan cosas no mercantiles".
Bastos se ha enfocado en las salidas laborales. Ha criticado la idea de perseguir los sueños que, según ha dicho, tanto se fomenta en nuestra sociedad, descuidando la parte económica en favor de un deseo de realización o de gustos por encima del realismo. Considera que lo más inteligente es identificar las cosas que uno hace bien, o que hace mejor, de cara a aprovecharlas y ganarse la vida con ellas. "Ese talento bien aprovechado sirve a los demás y nos sirve a nosotros a cumplir nuestros sueños. El orden debe ser al revés. Primero, cubrimos nuestras necesidades y después ya nos podemos dedicar a estas actividades que son nuestro sueño".
También ha insistido en un hecho que quizá resulta una obviedad, pero que a menudo olvidamos en el trajín del día a día: "El tiempo es escaso y hay que elegir en qué lo empleas". Ha puesto el ejemplo de que a él le encanta la poesía, pero que no vive de ella, sino que realiza otras actividades mercantiles que le proporcionan recursos suficientes para poder, después, dedicar tiempo libre a sus hobbies.
Sobre este tema, ha destacado que en el libro "¿Cómo tener fuerza de voluntad?" de Henry Hazlitt, defensor de la Escuela Austriaca y escrito en 1922, en el que se aborda este tema del tiempo, tan importante y tan descuidado.
Ha planteado también que, aunque tenga un sueño, quizá no valgo para ese sueño. "Por ejemplo, yo quería ser futbolista, pero de pequeño me dijeron que estaba gordito para eso. Y ahora agradezco que me lo dijeran". Ha valorado que perseguir los sueños no están bien persé, sino que debe ser una decisión adoptada después de cubrir la parte mercantil y de valorar de forma honesta y realista si es posible con los talentos.
También ha preguntado qué hacen los empresarios en todo esto. Ha defendido que su labor va más allá de la mera producción, que sobre todo implica "construir cosas" y que, para ello, "no hace falta ser muy innovador, es preferible hacer lo que ya funciona", de otra forma, ya sea más barata o con otra diferencia.
En los tratados marxistas siempre hablen de producción, pero se olvidan totalmente de la distribución, de transportar
Sobre el relato marxista, ha criticado que se considera que el que fabrica es bueno, pero el que comercia es malo, en referencia a la parte comercial y a los intermediarios. "El intermediario", ha enfatizado con ironía, aludiendo a que es siempre el malo de la película, acusado de buscar el lucro a toda costa.
Bastos ha defendido la labor de comerciantes, intermediarios y transportistas en la cadena de valor: "Los mercados, sin ellos, se quedarían secos".
Sin embargo, no son los únicos que, a su juicio, reciben un trato perjudicial en el relato. También ha querido referirse al sector financiero, denostado a veces por la creencia de que son otro ente malvado que solo busca enriquecerse. Dice que este también es un trabajo muy duro, viendo dónde asignar el dinero de manera correcta, establecer la cantidad correcta... y que de su trabajo resultan muchas consecuencias que afectan a la vida de las personas. Ha bromeado con que los especuladores deben vivir en cuevas y no en la sociedad.
También ha defendido el sector de la publicidad, también con mala prensa según el relato marxista de la economía, y ha insistido en la importancia de atraer el dinero, establecer la cantidad o cómo debe empaquetar un producto para convencer al cliente.
Toda este hilo de sectores productivos que ha recorrido han servido a Bastos para afirmar que el empresario permite que los demás vivamos mejor: "En un contexto como el actual de la guerra, permiten que venga petróleo de otras partes antes de que se agote o buscando sustitutos. Si viene una guerra, Dios no lo quiera, ¿de qué comemos? De lo que alguien guardó arriesgando". Y este riesgo del que habla, a menudo no se tiene en cuenta.
De hecho, ha señalado que a la gran mayorías de empresas que empiezan les va mal y acaban cerrando. Esta realidad, junto al riesgo que asume la persona que emprende, no se reconoce y no se valora cuando se les tilda de malvados explotadores, desde la óptica de la izquierda económica.