La evolución de la recaudación del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) en los últimos años refleja un incremento significativo de la presión fiscal sobre los ciudadanos, especialmente cuando se analiza en términos reales, es decir, descontando el impacto de la inflación.
Entre 2018 y 2025, la recaudación total del IRPF pasó de 82.859 millones de euros a 142.466 millones, lo que supone un crecimiento del 71,9%. Sin embargo, el análisis más revelador se obtiene al observar los datos por habitante: el IRPF per cápita aumentó un 63,4%, pasando de 1.776 a 2.903 euros.
La brecha entre impuestos y renta se amplía
En paralelo, el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita también experimentó un crecimiento, aunque notablemente inferior. En términos nominales, pasó de 25.950 a 34.377 euros, lo que representa un incremento del 32,5%.
Esta diferencia ya apunta a una divergencia clara: los ingresos fiscales crecen casi el doble que la renta por habitante. No obstante, la distancia se amplía aún más al descontar la inflación acumulada del periodo, estimada en un 22,4%.
En términos reales, el IRPF per cápita registra un crecimiento cercano al 44%, mientras que el PIB per cápita apenas alcanza el 10%.
Cuatro veces más presión fiscal real
La comparación directa entre ambas magnitudes evidencia el desequilibrio: la recaudación real del IRPF crece más de cuatro veces que la economía real de los ciudadanos.
Este dato refuerza la idea de que el aumento de ingresos fiscales no responde únicamente al efecto de la inflación, sino a una mayor carga impositiva efectiva sobre los contribuyentes.
El economista José Ramón Riera resume esta situación con claridad: “la recaudación del IRPF por habitante ha crecido cuatro veces más que el PIB per cápita”, subrayando la magnitud del desfase entre ingresos fiscales y riqueza generada.
Más allá de la inflación
El análisis desmonta uno de los argumentos más habituales sobre el aumento de la recaudación: el efecto de la subida de precios. Aunque la inflación ha tenido un impacto relevante, no explica por sí sola el incremento del IRPF.
Incluso eliminando ese factor, la diferencia entre ambas variables sigue siendo notable. Esto indica que la presión fiscal real ha aumentado de forma sostenida, afectando directamente a la capacidad económica de los ciudadanos.
Impacto en los hogares
Este contexto tiene consecuencias directas en la economía doméstica. Con una renta que crece de forma limitada en términos reales y una recaudación fiscal que avanza con mayor intensidad, los hogares ven reducido su margen disponible, lo que se traduce en mayores dificultades para afrontar el coste de vida.
En palabras de Riera, “mientras la economía real apenas avanza, la recaudación del IRPF se dispara”, una afirmación que sintetiza el desequilibrio entre crecimiento económico y carga tributaria.
Un debate abierto sobre la fiscalidad
Los datos abren el debate sobre la evolución del sistema fiscal y su impacto en la ciudadanía. La diferencia entre el crecimiento de la recaudación y el de la renta plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo y sobre el equilibrio entre ingresos públicos y bienestar económico.
En este escenario, el comportamiento del IRPF se convierte en un indicador clave para analizar cómo evoluciona la presión fiscal real y su relación con la economía de los ciudadanos.