Un dato destaca por encima del resto en la planificación de esta campaña: el 100% de los hosteleros encuestados asegura que NO subirá los precios durante las fechas festivas. Esta decisión se toma en un contexto de gran presión financiera, donde el 46,1% de los empresarios señala el incremento de los costes de energía, personal y suministros como su principal foco de incertidumbre.
La facturación también refleja esta contención. El 42,3% confía en igualar los ingresos de la campaña pasada, pero el saldo general es pesimista: un 38,4% anticipa una caída de la caja y apenas un 19,2% espera mejorar sus resultados. Esta cautela se traduce en una congelación de las contrataciones, ya que el 84,6% de los negocios mantendrá su plantilla sin cambios, mientras que un 15% prevé reducirla, especialmente en los barrios periféricos que sufren el éxodo de los madrileños durante estos días.
Turismo en auge frente a la incertidumbre externa
Paradójicamente, la cautela empresarial choca con los indicadores turísticos favorables de la región. El aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas cerró febrero con más de 5 millones de pasajeros (un 5,3% más interanual), acumulando un crecimiento del 4,4% en el inicio de 2026. Además, Madrid ofrece una programación masiva de procesiones, saetas y eventos gastronómicos entre el 27 de marzo y el 5 de abril que garantiza la llegada de miles de visitantes.
Sin embargo, factores externos como la meteorología (citada por el 42% de los hosteleros) y la inestabilidad internacional derivada del conflicto en Oriente Medio, que más de la mitad del sector cree que afectará a la demanda, lastran el optimismo. "La afluencia puede ser positiva, pero el sector sigue muy pendiente del nivel real de gasto y del impacto de los costes sobre la rentabilidad", ha subrayado José Antonio Aparicio, presidente de Hostelería Madrid.
En definitiva, la hostelería madrileña afronta una de las semanas más importantes del calendario con la esperanza puesta en el turismo nacional y extranjero, pero con la mirada fija en unos márgenes de beneficio cada vez más estrechos que impiden hablar, por el momento, de una campaña de récord.