Según explica Pedro Rújula, el avance del formato digital no ha supuesto la desaparición del libro físico, como se llegó a prever hace años.
El historiador sostiene que el papel conserva cualidades prácticas y culturales que todavía no han sido sustituidas completamente por los dispositivos electrónicos. A su juicio, el tiempo ha demostrado que ambos formatos conviven y responden a necesidades diferentes de los lectores.
Lectores híbridos: papel y digital conviven
Rújula señala que la evolución del consumo cultural ha dado lugar a un perfil de lector que combina distintos soportes según el contexto y el tipo de obra.
En este escenario, el debate ya no gira únicamente en torno al formato, sino a la utilidad y la experiencia de lectura. El libro electrónico se ha consolidado como una herramienta complementaria, mientras que el papel continúa ocupando un espacio relevante en hábitos de lectura y coleccionismo.
La transformación editorial no elimina el valor del libro físico
Desde su experiencia al frente de las Prensas de la Universidad de Zaragoza, Rújula destaca que la industria editorial ha evolucionado hacia modelos más eficientes, incorporando impresión digital y distribución online.
Sin embargo, considera que estas transformaciones no implican la desaparición del libro tradicional, sino una adaptación del sector a nuevos hábitos de consumo y producción.
El libro como objeto cultural y experiencia tangible
El historiador defiende que el libro impreso conserva un valor material y simbólico que sigue siendo importante para numerosos lectores.
Más allá del acceso al contenido, el papel ofrece una experiencia vinculada al objeto físico, la conservación y la relación emocional con la lectura, elementos que explican la permanencia de este formato incluso en plena expansión digital.