La oxitocina es conocida por su papel en los vínculos afectivos y en la regulación de conductas sociales, pero su funcionamiento en el cerebro va más allá de respuestas rápidas y puntuales. Además de los impulsos eléctricos que transmiten información de forma inmediata, el sistema nervioso utiliza señales químicas que actúan de manera más lenta y prolongada, modulando estados emocionales y sociales de forma sostenida.
El estudio, liderado por el Instituto de Neurociencias, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), ha identificado que la proteína SNAP-47 desempeña un papel fundamental en ese proceso. Según los investigadores, esta proteína controla la liberación lenta y mantenida de oxitocina en el cerebro, lo que permite ajustar la respuesta ante estímulos sociales sin alterar bruscamente los niveles hormonales.
Los resultados muestran cómo el cerebro mantiene niveles basales de oxitocina —es decir, una presencia constante y regulada— que resultan esenciales para sostener un “tono social” adecuado. Este equilibrio permite que pequeños ajustes en la liberación de la hormona modulen la sociabilidad y la calidad de las interacciones.
El trabajo aporta así una nueva perspectiva sobre la regulación neuroquímica de la conducta social, al identificar un mecanismo molecular específico implicado en la secreción controlada de oxitocina. Comprender cómo se produce y regula esta liberación sostenida podría contribuir a futuras investigaciones sobre alteraciones en la sociabilidad y en los circuitos neuronales asociados.