Investigación en psicología cognitiva

Creemos que sabemos el abecedario, pero nuestro cerebro demuestra lo contrario

 Un estudio del Centro de Investigación Nebrija en Cognición concluye que, aunque recitamos el alfabeto de forma automática, localizar una letra concreta activa un proceso mental secuencial que puede ralentizar la respuesta varios segundos.
Nebrija estudio cerebro
photo_camera Nebrija estudio cerebro

Durante años hemos repetido el abecedario hasta memorizarlo de manera aparentemente automática. La secuencia “A, B, C, D…” está tan integrada en nuestra memoria que damos por hecho que dominamos por completo las letras y su orden. Sin embargo, cuando necesitamos localizar una letra concreta, nuestro cerebro no responde con la rapidez que imaginamos.

Esa es la principal conclusión de una investigación desarrollada por el Centro de Investigación Nebrija en Cognición (CINC) de la Universidad Nebrija, que ha demostrado que pensar en letras específicas del abecedario tiene un coste cognitivo medible y que este esfuerzo varía según la posición de cada letra.

El estudio, dirigido por el catedrático de Psicología Jon Andoni Duñabeitia, se basa en una sencilla tarea en línea en la que los participantes deben indicar qué letra se encuentra una o dos posiciones antes o después de otra. Aunque el ejercicio parece trivial, los resultados muestran que el tiempo de respuesta aumenta a medida que la letra está más avanzada en el alfabeto.

Según los investigadores, situarse mentalmente en una letra concreta y acceder a sus vecinas implica un coste adicional de unos 50 milisegundos. Así, identificar rápidamente una letra como la C puede requerir alrededor de dos segundos y medio, mientras que llegar hasta la S puede acercarse a los cuatro segundos.

“La gente cree que acceder a cualquier letra del abecedario es inmediato, pero no es así. El acceso depende de cómo está estructurado ese conocimiento en nuestra mente”, explica Duñabeitia.

Un aprendizaje secuencial que deja huella

El origen de este fenómeno parece estar en el modo en que se enseña el abecedario durante la infancia. El aprendizaje tradicional consiste en memorizar una cadena ordenada de letras que repetimos una y otra vez hasta automatizarla.

Sin embargo, esa automatización no implica necesariamente un acceso flexible a la información. En muchos casos, cuando un adulto necesita encontrar una letra, recorre mentalmente la secuencia desde el principio o desde algún punto de referencia conocido.

“En lugar de acceder directamente a una letra, muchas personas hacen un recorrido mental desde el inicio o desde un punto conocido. Es una estrategia muy eficiente para aprender, pero no necesariamente para usar ese conocimiento de forma flexible”, señala el investigador.

Más errores y más lentitud de lo esperado

La tarea, accesible desde cualquier dispositivo con conexión a Internet, ha sido completada ya por más de 400 personas de distintas edades y procedentes de toda España.

Los primeros resultados muestran que la media de respuestas correctas en tres minutos se sitúa en 41. Además, los participantes cometen más errores de los que suelen anticipar y tardan más tiempo del esperado en resolver ejercicios aparentemente sencillos.

Esta discrepancia entre la percepción subjetiva y el rendimiento real es uno de los aspectos más llamativos del estudio.

“Lo interesante es que es una tarea muy sencilla, pero pone en evidencia limitaciones que normalmente no percibimos. Ahí es donde la gente se sorprende, y por eso engancha tanto”, destaca Duñabeitia.

Una reflexión sobre cómo aprendemos

Más allá del abecedario, la investigación apunta a una cuestión más profunda: muchos conocimientos que consideramos plenamente automatizados siguen dependiendo de estructuras rígidas aprendidas en la infancia.

Listados ordenados como el alfabeto, los meses del año o las tablas de multiplicar pueden estar almacenados en la mente como secuencias lineales, lo que facilita su memorización, pero limita su uso flexible en determinadas circunstancias.

El estudio del CINC invita así a reflexionar sobre los métodos de enseñanza tradicionales y sobre cómo la organización del conocimiento condiciona nuestra forma de pensar incluso en tareas cotidianas.

Participación abierta al público

La prueba utilizada en el estudio está disponible de forma gratuita para cualquier persona que quiera evaluar su propio rendimiento y contribuir a la investigación.

Puede realizarse en apenas tres minutos a través de la página consonantevocal.com, donde los participantes ayudan a los investigadores a comprender mejor cómo funciona nuestra mente ante tareas tan básicas como moverse mentalmente por el abecedario.

El Centro de Investigación Nebrija en Cognición está especializado en el estudio de procesos cognitivos relacionados con el lenguaje, la lectura, la memoria y el aprendizaje.