El eclipse solar de este miércoles 12 de agosto será una oportunidad excepcional para que miles de familias puedan acercarse a la astronomía, pero también requiere extremar las precauciones, especialmente con los más pequeños.
La Asociación Española de Pediatría (AEP) ha pedido a las familias preparar previamente a los niños y supervisar la observación durante todo el fenómeno.
Los pediatras recuerdan que los menores no tienen un mayor riesgo biológico que los adultos frente a la radiación solar, pero su curiosidad y su tendencia a actuar de forma impulsiva pueden hacer que bajen la guardia y miren directamente al Sol si no conocen previamente los riesgos.
Por ello, el Comité de Promoción de la Salud de la AEP considera fundamental explicar a los niños, antes de comenzar la observación, por qué nunca deben mirar directamente al Sol sin la protección adecuada.
Mirar al Sol puede causar daños permanentes en la retina
La advertencia de los pediatras no responde únicamente a una cuestión de precaución. Observar directamente el Sol puede provocar una retinopatía solar, una lesión causada por la intensa radiación que llega a la retina y que puede afectar especialmente a la mácula, responsable de la visión central y de la percepción de los detalles.
Una de las particularidades de esta lesión es que no tiene por qué producir dolor inmediatamente. La retina carece de terminaciones nerviosas sensibles al dolor, por lo que una persona puede no darse cuenta de que ha sufrido una lesión hasta varias horas después de la exposición.
Entre las señales que pueden aparecer posteriormente figuran la visión borrosa, manchas oscuras o puntos ciegos en el centro del campo visual, dificultades para leer o distinguir detalles y alteraciones en la percepción de los colores.
Ante cualquiera de estos síntomas después de haber observado el eclipse, la AEP recomienda acudir cuanto antes a un oftalmólogo, incluso aunque la exposición al Sol haya durado únicamente unos segundos.
Qué gafas deben utilizar los niños para ver el eclipse
La recomendación de los pediatras es clara: para observar directamente el Sol hay que utilizar gafas específicas para eclipses que cumplan la norma internacional ISO 12312-2 y que se encuentren en perfecto estado.
No basta con ponerse unas gafas de sol convencionales. Tampoco son métodos seguros las radiografías, los cristales ahumados, los CD, los DVD u otros sistemas caseros.
Los adultos deben comprobar además que los niños utilizan correctamente la protección y evitar que se la retiren durante la observación.
La AEP recuerda que tampoco se debe mirar al Sol a través de prismáticos, telescopios o cámaras fotográficas si estos equipos no disponen de filtros solares específicamente diseñados para ellos. Utilizar uno de estos instrumentos sin la protección correspondiente puede concentrar la radiación y aumentar el riesgo de lesión ocular.
Una alternativa segura: observar el eclipse de forma indirecta
Además de las gafas homologadas, existen métodos de observación indirecta que pueden resultar especialmente interesantes para realizar la actividad con niños.
Entre ellos se encuentra la denominada proyección estenopeica, una técnica óptica sencilla que permite proyectar la imagen del Sol sobre una superficie mediante un pequeño orificio, evitando mirar directamente hacia el astro.
Este tipo de actividad puede convertirse además en una forma de explicar a los menores qué está ocurriendo durante el eclipse sin necesidad de exponer los ojos a la radiación solar.
La lesión puede aparecer aunque la exposición haya sido breve
Uno de los mensajes que la Asociación Española de Pediatría quiere trasladar a las familias es que la brevedad de la exposición no garantiza que no exista riesgo.
La retinopatía solar puede producirse después de mirar directamente al Sol y, una vez causada la lesión, actualmente no existe un tratamiento específico capaz de revertirla.
En algunos casos la visión puede experimentar una mejoría parcial durante las semanas o meses posteriores, pero la recuperación no siempre es completa y pueden quedar secuelas permanentes.
Por este motivo, los especialistas sitúan la prevención como la principal herramienta para evitar el problema.
Preparar a los niños antes del eclipse, la clave
La recomendación de los pediatras no se limita a entregar unas gafas a los menores. La AEP considera importante explicarles previamente qué pueden y qué no pueden hacer durante el eclipse.
La supervisión de los adultos será especialmente importante durante el fenómeno, cuando la curiosidad puede llevar a los niños a quitarse las gafas o intentar observar el Sol de otra manera.
Dedicar unos minutos antes del eclipse a explicar las normas básicas de seguridad puede evitar comportamientos impulsivos y permitir que los menores disfruten de la experiencia sin riesgos innecesarios.
El objetivo, en definitiva, es que el eclipse quede en la memoria de los niños como una experiencia astronómica extraordinaria y no como un problema de salud que podría haberse evitado con unas sencillas medidas de prevención.