El consejero delegado de Repsol y expresidente del PNV, Josu Jon Imaz, ha protagonizado uno de los momentos más destacados del encuentro de Donald Trump con los principales directivos del sector energético al comprometer públicamente a la petrolera española a reforzar sus inversiones tanto en Estados Unidos como en Venezuela.
Durante su intervención ante el presidente estadounidense, Imaz recordó que Repsol lleva más de una década apostando por el mercado norteamericano y detalló que la compañía ha invertido 21.000 millones de dólares en los últimos 15 años en estados como Pensilvania, Texas, el Golfo de México y Alaska, donde ha subrayado el descubrimiento del yacimiento de Pikka, cuya primera producción de petróleo se prevé para este mismo trimestre y que, según dijo, permitirá revertir el declive histórico de la industria petrolera en Alaska.
El directivo vasco fue más allá y puso el foco en Venezuela, donde la multinacional opera junto a la italiana ENI. Según explicó, Repsol produce actualmente el gas que garantiza la estabilidad de aproximadamente la mitad de la red eléctrica venezolana, un papel estratégico que, a su juicio, refuerza la presencia de la compañía en el país.
Ante Trump, Imaz lanzó un mensaje directo: “Estamos preparados para invertir más en Venezuela”. En la actualidad, la producción conjunta asciende a unos 45.000 barriles diarios de crudo, pero Repsol se ha marcado el objetivo de multiplicar por tres esa cifra en un plazo de dos o tres años, siempre que se den las condiciones comerciales y legales necesarias.
El consejero delegado destacó que la empresa ya cuenta sobre el terreno con personal, infraestructuras y capacidades técnicas, lo que permitiría acelerar ese crecimiento productivo si se consolida un marco estable que lo haga viable. En ese contexto, agradeció al presidente estadounidense su disposición a “abrir la puerta a una Venezuela mejor”, vinculando la recuperación del sector energético a la estabilidad del país sudamericano.
La intervención de Imaz se produce en un momento clave para el futuro energético de Venezuela, todavía lastrada por sanciones, inseguridad jurídica y una profunda crisis institucional. Repsol, con presencia histórica en el país, se sitúa así como uno de los actores internacionales dispuestos a liderar una eventual reactivación de la producción petrolera, siempre supeditada al respaldo político y regulatorio de Washington.