Investigación internacional

Un estudio de la UAM revela que los plásticos de la Antártida pueden propagar genes de resistencia a antibióticos

Los residuos plásticos acumulados en la Antártida podrían estar desempeñando un papel inesperado en la expansión de la resistencia a los antibióticos. Un estudio internacional con participación de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) ha demostrado que estos materiales albergan una elevada diversidad de genes resistentes y podrían facilitar su transferencia entre bacterias, incluso en uno de los ecosistemas más remotos del planeta.

La investigación, publicada en la revista científica Communications Earth & Environment, se centró en residuos plásticos encontrados en lagos y suelos de la Isla Rey Jorge, situada en el archipiélago de las Islas Shetland del Sur. Esta zona concentra una importante actividad humana dentro del continente antártico debido a la presencia de diversas bases científicas internacionales.

Los resultados muestran que las comunidades bacterianas asociadas a los plásticos presentan una mayor abundancia y diversidad de genes de resistencia a antibióticos que las encontradas en los entornos naturales cercanos. Según los investigadores, estos residuos actúan como auténticos reservorios biológicos capaces de concentrar microorganismos resistentes.

Además, los científicos detectaron genes que confieren resistencia a antibióticos que no fueron hallados mediante análisis químicos en las áreas estudiadas. Este hecho sugiere que su presencia no responde únicamente a una contaminación directa por estos compuestos en el medio ambiente.

Hallan resistencias clínicamente relevantes en una región remota

El trabajo también identificó genes de resistencia considerados clínicamente relevantes, algunos de ellos nunca antes descritos en la Antártida. Entre los hallazgos más llamativos figura la detección de genes asociados a antibióticos sintéticos, sustancias que no existen de forma natural en los ecosistemas.

Este descubrimiento plantea nuevos interrogantes sobre cómo estos genes han llegado hasta una región tan aislada y pone de relieve la creciente influencia de la actividad humana incluso en los lugares más remotos del planeta.

La investigación fue desarrollada por un consorcio internacional formado por científicos de la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad de Almería, la Universidad de Alcalá y la Universidad de la República de Uruguay, con el apoyo del Instituto Antártico Uruguayo y del Comité Polar Español.

Los residuos plásticos podrían facilitar la transferencia genética

Otro de los aspectos destacados del estudio es la correlación encontrada entre los genes de resistencia y los llamados elementos genéticos móviles, fragmentos de ADN capaces de desplazarse entre diferentes microorganismos.

Los investigadores aislaron bacterias procedentes de los residuos plásticos y comprobaron que algunas de ellas contenían simultáneamente genes de resistencia y estos elementos móviles en un mismo genoma. Esta coexistencia refuerza la hipótesis de que los plásticos pueden actuar como plataformas que favorecen la transferencia horizontal de genes entre bacterias.

Según Miguel González Pleiter, investigador de la UAM y uno de los autores del estudio, el trabajo representa un avance significativo, aunque todavía quedan numerosos interrogantes por resolver. El científico subraya la necesidad de ampliar las investigaciones a otras zonas del continente para comprender mejor la magnitud del fenómeno.

Un nuevo desafío ambiental ligado a la contaminación plástica

Más allá de la problemática de los residuos, los resultados refuerzan la preocupación sobre las múltiples consecuencias ambientales derivadas de la contaminación por plásticos. Los investigadores consideran que estos materiales pueden interactuar con otros desafíos globales, como la expansión de la resistencia antimicrobiana, una de las mayores amenazas para la salud pública según organismos internacionales.

El estudio aporta nuevas evidencias de que incluso los ecosistemas más alejados de los grandes núcleos urbanos no están aislados de los impactos derivados de la actividad humana, y abre una nueva línea de investigación sobre el papel de los plásticos en la difusión mundial de genes resistentes a los antibióticos.