Los vecinos del entorno del Riyadh Air Metropolitano han decidido dar un paso más en sus reclamaciones y han acudido al Defensor del Pueblo para denunciar el impacto que generan los grandes conciertos en la zona, con especial preocupación por los próximos espectáculos del artista Bad Bunny.
La queja, presentada por la Asociación Vecinal Las Musas-Las Rosas y respaldada por la FRAVM, ha sido admitida a trámite por el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, lo que abre la puerta a una posible revisión de la situación.
Preocupación por diez conciertos en pocas semanas
El detonante de la denuncia son los diez conciertos programados entre el 30 de mayo y el 15 de junio, que se celebrarán en el estadio dentro de la gira ‘Debí tirar más fotos’.
Los vecinos alertan de que estos eventos, algunos en días laborables, agravan una situación que consideran ya insostenible, especialmente tras el aumento de conciertos en este recinto en los últimos meses.
Ruido, tráfico y saturación del barrio
En su escrito, los residentes describen un escenario de “impacto ambiental muy elevado” desde la apertura del estadio en 2017. Denuncian que la concentración de hasta 68.000 asistentes por evento provoca problemas recurrentes:
- Exceso de ruido, que aseguran supera los límites legales
- Atascos y colapso de tráfico en calles y accesos
- Falta de aparcamiento para residentes
- Suciedad e inseguridad en el entorno
- Dificultades de acceso a viviendas durante los eventos
Especialmente crítico es el aspecto acústico. La asociación sostiene que el diseño del estadio, con aberturas laterales, facilita la propagación del sonido hacia las viviendas cercanas, convirtiéndose en una “fuente constante de ruido”.
Cuestionamiento de licencias y organización
Los vecinos también ponen en duda la legalidad de algunos conciertos, al considerar que se trata de eventos privados y lucrativos que requerirían autorizaciones específicas, más allá del uso habitual deportivo del estadio.
Según denuncian, en algunos casos estas autorizaciones podrían implicar la superación de los límites sonoros permitidos, lo que, a su juicio, vulnera la normativa vigente.
Movilidad, otro foco de conflicto
Las quejas se extienden a la movilidad, donde los residentes apuntan a deficiencias en los accesos a vías clave como la M-40, la A-2 o la R-3, además de nuevos cuellos de botella generados por modificaciones recientes.
También denuncian la ocupación del espacio público, con aceras saturadas por terrazas y vehículos, lo que dificulta la vida diaria en el barrio.
Medidas propuestas y posibles soluciones
Ante esta situación, la asociación vecinal plantea una batería de medidas, entre ellas:
- Restricciones de tráfico en días de evento
- Refuerzo del transporte público, especialmente Metro
- Instalación de medidores de ruido en tiempo real
- Mayor control sobre terrazas y ocupación del espacio público
- Mejora de accesos viarios
- Incluso, reducción del aforo o cierre cautelar del estadio hasta resolver los problemas
Un conflicto abierto en plena expansión de eventos
El caso refleja el creciente debate sobre el impacto de los grandes eventos en zonas residenciales, especialmente en una ciudad como Madrid que apuesta por atraer espectáculos internacionales.
Mientras las administraciones deberán responder ahora al requerimiento del Defensor del Pueblo, los vecinos insisten en que su objetivo no es eliminar la actividad cultural, sino garantizar el equilibrio entre ocio, descanso y calidad de vida en el entorno del estadio.