El papa León XIV protagonizó este lunes una jornada histórica en la política española al convertirse en el primer Pontífice que interviene ante las Cortes Generales reunidas en sesión conjunta. En un discurso pronunciado ante diputados y senadores en el Congreso de los Diputados, el Santo Padre apeló a la defensa de la dignidad humana como principio fundamental de toda acción política y legislativa, al tiempo que pidió afrontar el desafío migratorio desde la cooperación, la solidaridad y el respeto a los derechos humanos.
Durante su intervención, León XIV realizó un llamamiento a los representantes públicos para que sitúen a la persona en el centro de las decisiones políticas y alertó sobre los riesgos de la denominada "cultura del descarte", un concepto ampliamente desarrollado por su predecesor, el papa Francisco.
Un llamamiento a la defensa de la vida y de los más vulnerables
El Pontífice dirigió buena parte de su discurso a reflexionar sobre el papel de las instituciones en la protección de quienes considera más vulnerables. En este contexto, planteó una pregunta a los parlamentarios:
"¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?"
León XIV sostuvo que la defensa de la vida humana constituye una cuestión de civilización y afirmó que toda persona debe ser protegida desde la concepción hasta la muerte natural. Según explicó, cuando este principio pierde fuerza, quienes más sufren son los sectores más frágiles de la sociedad.
El Papa también defendió que la dignidad humana debe situarse por encima de intereses coyunturales o cambios en las mayorías parlamentarias, subrayando que se trata de un valor inherente a toda persona y no de una concesión del Estado.
La familia, eje de la cohesión social
Otro de los ejes de su intervención fue el papel de la familia en la construcción de la convivencia.
León XIV afirmó que las sociedades que respaldan a las familias fortalecen también su estabilidad social y humana. En este sentido, definió a la familia como la primera escuela donde se aprenden valores esenciales como el cuidado, la solidaridad, el respeto y el sentido de pertenencia.
El Pontífice destacó igualmente la función de las instituciones educativas en la transmisión de estos principios y en la formación de ciudadanos comprometidos con el bien común.
Una llamada a legislar con sentido humano
Ante los representantes de la soberanía nacional, el Papa recordó la responsabilidad de los legisladores a la hora de transformar las demandas sociales en normas jurídicas.
Según señaló, el reto de la política consiste en garantizar que aquello que es legal sea también humano y justo, preservando derechos fundamentales que no deberían quedar sujetos a los cambios de opinión o a las fluctuaciones de las mayorías.
León XIV insistió en que el bien común debe ser el horizonte de toda acción pública y lo definió como la expresión social de la dignidad humana.
La inmigración, un desafío que exige cooperación internacional
En una segunda parte de su discurso, el Santo Padre centró su atención en la cuestión migratoria, uno de los grandes desafíos que afrontan actualmente Europa y el conjunto de la comunidad internacional.
El Papa advirtió de que los movimientos migratorios no pueden analizarse únicamente desde perspectivas económicas o demográficas, sino que constituyen una cuestión profundamente humana, moral y jurídica.
Según explicó, millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares por conflictos, desigualdades económicas, falta de oportunidades o consecuencias derivadas de la crisis climática.
Rechazo a la discriminación y a los discursos de odio
León XIV condenó cualquier forma de discriminación basada en el origen nacional, la religión, la lengua o la situación económica de las personas.
En este sentido, defendió que la igualdad de dignidad de todos los seres humanos debe guiar las políticas públicas y reclamó una respuesta que combine protección, acogida e integración.
El Pontífice apostó por impulsar vías legales y seguras para la migración, combatir las redes de tráfico de personas y reforzar la cooperación internacional para evitar que quienes emigran caigan en manos de organizaciones criminales.
"Ningún país puede afrontar solo este reto"
Durante su intervención, León XIV insistió en que la magnitud del fenómeno migratorio exige una respuesta conjunta de los Estados.
A su juicio, ninguna nación puede gestionar por sí sola un desafío de estas dimensiones, por lo que consideró imprescindible avanzar hacia mecanismos de colaboración regional e internacional que permitan ofrecer protección efectiva a las personas desplazadas.
El Papa concluyó señalando que cuando las instituciones responden de manera cercana, coordinada y justa, las fronteras pueden convertirse en espacios de protección y no de exclusión.
La intervención de León XIV quedará registrada como un hito en la historia parlamentaria española, al tratarse de la primera ocasión en la que un Pontífice toma la palabra ante las Cortes Generales para abordar cuestiones relacionadas con la dignidad humana, la protección de la vida, la familia y la inmigración.
León XIV pide rebajar la confrontación política y reivindica la libertad religiosa
Durante su intervención en las Cortes Generales, el papa León XIV también dedicó parte de su discurso a reflexionar sobre el clima político y la calidad de la convivencia democrática. El Pontífice advirtió de que la pluralidad ideológica, propia de una sociedad democrática, no debe derivar en una confrontación permanente entre adversarios políticos.
En este sentido, llamó a fomentar el diálogo y la escucha como herramientas para alcanzar acuerdos y fortalecer la convivencia. Según señaló, incluso los conflictos pueden convertirse en oportunidades para construir la paz cuando las diferencias se gestionan desde el respeto mutuo y la voluntad de entendimiento.
Asimismo, alertó sobre los efectos del "rencor, la indiferencia y el odio" en la vida pública e instó a los responsables políticos a cuidar el lenguaje que emplean en el debate institucional. A su juicio, quienes desempeñan responsabilidades públicas tienen una especial obligación de contribuir a un clima de respeto y entendimiento.
"La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación", afirmó el Papa, en una de las frases más destacadas de su intervención ante diputados y senadores.
Defensa de la libertad religiosa en el espacio público
León XIV también reivindicó la importancia de la libertad religiosa dentro de las sociedades democráticas. El Pontífice defendió que las convicciones religiosas no deben ser apartadas del debate público ni consideradas irrelevantes para la vida colectiva.
Sin confundir, según precisó, el ámbito político con el religioso, invitó a los representantes públicos a reflexionar sobre los valores que inspiran la convivencia y recordó que las decisiones legislativas afectan directamente a las personas, especialmente a quienes cuentan con menos recursos o capacidad para hacer oír su voz.
En este contexto, animó a los parlamentarios a "alzar la mirada", lema de su visita pastoral a España, para situar en el centro de la acción política a los ciudadanos y a los colectivos más vulnerables.