Disquisiciones

Palimpsesto de la tragedia colombiana

La vida es como un pergamino frente a la magnitud de la tragedia en Colombia, y solo el paso por el tiempo logrará que ese manuscrito de adversidad permita raspar las heridas y recuerdos tristes, para que el palimpsesto de la propia existencia logre reescribir vivencias y secretos de aquellos difíciles momentos.

Al transcurrir los días se comprende mejor la magnitud del terremoto en Colombia. Invaluables pérdidas humanas, centenares de heridos graves, desaparecidos, dramas familiares y emocionales. Daños estructurales en las edificaciones, donde las no destruidas terminarán por colapsar, para iniciar el proceso de reconstrucción que llevará varios años.

Cuántos rostros que con el espejo de su alma, revelan el dolor por el familiar atrapado entre escombros que luchó hasta el último momento por su vida. La madre que protegió a su menor en brazos, resguardándolo en su propio seno, soportando en su cuerpo el peso demoledor de techos y paredes, carga de cemento aprisionando su humanidad, hasta cumplir con su ofrenda maternal cuando soltó el cuerpo de su pequeño a las autoridades de rescate, para luego descansar en paz. Ojos que bracean en el sufrimiento ante la imposibilidad de rescate y pérdida de las esperanzas de vida familiar, al ver toneladas de escombros en que se convirtieron los nidos familiares y cientos de hogares. Y en los sobrevivientes el drama, desconcierto, preocupación ante la pérdida de todo lo que abrigaban en sus corazones y lo representado en el esfuerzo de tantos años de abnegación y de trabajo.

Unas labores de salvamento donde muchos hombres y mujeres en desinteresado ejercicio social, persisten con desvelo por apoyar, salvar y encontrar respuestas a los desvalidos, de escenas cargadas de llanto y dolor, de alivio a los gritos de desespero, y de manera particular el llamado colectivo entre gritos por el silencio para celebrar luego -entre miradas que naufragan de emoción- el rescate de otra vida entre muros de quejidos y lamentaciones.

Presencia fraterna de tantas personas que incluso viajaron de apartados lugares de la geografía nacional, de ciudadanos que se hicieron presentes con el envío de diferentes clases de apoyo, de ayudas de países hermanos y amigos frente al dolor de una patria adolorida en medio de un derrumbe de sentimientos, donde surge la resiliencia característica de la nacionalidad colombiana.

Frente al drama el gran reto de un gobierno que se estrena y ojalá con liderazgo pueda dar respuestas claras y efectivas a la hecatombe del fenómeno natural, ser faro de reconciliación ante las manifestaciones y críticas de la oposición, y logre congregar a todos los sectores nacionales para hacer equipo para la reconstrucción de las regiones resquebrajadas ante el terremoto.

Lo mejor será superar tanto protagonismo mediático, pero especialmente que la institucionalidad presente ayudas concretas, no entregas momentáneas para el esparcimiento de ojos que se ahogan entre el silencio de su fatalidad, y que corresponden más a espectáculos de ídolos deportivos y artísticos que celebra la comunidad en medio de su dolor…