Entrevista

Rafael Amargo: "Si quieren poner un ejemplo de resiliencia, podrían ponerme a mí"

Rafael Amargo

Tras años marcados por la polémica, los procesos judiciales y un largo parón profesional, Rafael Amargo vuelve a los escenarios con Alaire. El bailaor y coreógrafo afronta esta nueva etapa como un reinicio personal y artístico, reivindicando su inocencia, reflexionando sobre el mundo de la danza y mirando al futuro con nuevos proyectos, entre ellos sus estudios universitarios en Psicología.

Después de todo lo que has vivido, ¿qué cosas ya no estás dispuesto a sacrificar por un proyecto artístico que antes sí habrías sacrificado?

Hay que sacrificar muchas cosas para sacar adelante cualquier proyecto artístico. Es normal. Pero yo creo que el sacrificio ya lo he pasado. He sufrido mucho. Llevo seis años sin bailar y ahora vuelvo porque me encuentro mejor después de todas las lesiones psicológicas y todo lo que ha ocurrido.

Además, la justicia ha hablado y me ha dado la razón. No tengo por qué ir con la cabeza agachada. Otros sí deberían hacerlo después de haberse saltado la presunción de inocencia. Todo eso ha sido muy doloroso.

Por eso tengo cariño a medios como El Diario de Madrid, porque habéis informado de manera correcta. Una noticia no termina cuando estalla; también hay que contar cómo se resuelve.

Si tuvieras que definir la etapa profesional que atraviesas ahora mismo con una sola palabra, ¿cuál sería?

Reset.

Después de seis años de guerra te das cuenta de muchas cosas. También descubres que no a todo el mundo le gusta que uno brille. Brillar escuece. Pero esta etapa es un reinicio absoluto para mí.

¿Qué conversación te gustaría provocar en el espectador cuando salga del teatro después de ver Alaire?

Me gustaría que vieran que estoy esforzándome y colaborando conmigo mismo para volver a ser quien soy.

También me gustaría que me concedieran la licencia de equivocarme. Estoy empezando de nuevo. Evidentemente tengo los años y la experiencia acumulados, pero después de un golpe tan grande como el que he vivido, el público va a encontrarse con otro Rafael Amargo. No sé si será mejor o peor, pero desde luego será diferente.

Has sido bailarín, coreógrafo, director y productor. ¿En cuál de esos papeles te sientes hoy más libre y en cuál más exigido?

En esta ocasión tengo que agradecer especialmente a Mil Mindaun Producciones que haya apostado por mí cuando prácticamente nadie lo hacía.

Después de haber sido uno de los artistas que más taquilla ha hecho en determinados momentos de mi carrera, hubo quienes dejaron de confiar. Por eso, cuando alguien sigue apostando por ti, solo puedes sentir agradecimiento.

También estoy muy contento con On The Table, una agrupación de danza contemporánea con la que estoy trabajando esta nueva fusión artística, y con Dani Coiva, productor musical de Flamenco Drama, el álbum que acompaña este proyecto y que ya está disponible en las plataformas digitales.

Madrid vive un momento de gran actividad cultural. ¿Crees que la ciudad está apostando por la danza y el flamenco al mismo nivel que por otras disciplinas?

Madrid tiene un espacio importante para el flamenco. Existen circuitos, festivales y una apuesta clara por parte de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento.

Creo que tanto la Comunidad como el Ayuntamiento apoyan el flamenco más que otras administraciones a nivel nacional. Es un tema delicado porque no quiero entrar en debates políticos, pero sí considero que aquí existe un respaldo significativo a la cultura flamenca.

Más allá de qué consejo darías a un joven artista, ¿qué le desaconsejarías completamente?

Le diría que, además de la danza, construya un camino paralelo.

La danza es maravillosa y, cuando tienes ese don, debes vivirlo intensamente. Pero la realidad es que existen muy pocas compañías públicas y muy pocos puestos que permitan vivir de ello durante toda una vida.

Llega una edad en la que muchos artistas tienen que reinventarse, y ahí aparecen las crisis y los dramas personales. Por eso les recomendaría que desarrollen otra formación o profesión paralela. Por si acaso.

Si pudieras sentarte frente al Rafael Amargo de hace veinte años, ¿en qué crees que no estaríais de acuerdo?

Antes quería comerme el mundo. Ahora quiero subirme al mundo y dejar que me lleve.

Probablemente muchas de las cosas que me han ocurrido tienen que ver con aquella intensidad con la que viví mi carrera. Internacionalmente desarrollé una trayectoria muy importante y eso también tiene consecuencias.

Lo positivo es que durante estos años he aprovechado para reinventarme. Estoy terminando la carrera de Psicología y anteriormente cursé un máster en Drogodependencias en la Universidad de Barcelona. También estoy desarrollando una investigación sobre la Cañada Real.

Al final he hecho precisamente lo que aconsejo a los jóvenes: construir un camino paralelo.

Estás estudiando Psicología. ¿Cómo estás viviendo esta etapa universitaria?

Estoy encantado.

Cuando eres joven tienes que vivir muchas cosas a la vez y a veces no valoras tanto el estudio. Con más edad ocurre lo contrario: aprecias mucho más la adquisición de conocimientos.

Estoy muy contento con mis resultados académicos y con esta nueva faceta de mi vida.

Cuando dentro de unos años se escriba una frase sobre esta nueva etapa de tu vida, ¿cómo te gustaría que empezara?

Me gustaría que hablara de resiliencia.

Si alguien quiere poner un ejemplo de resiliencia, podrían ponerme a mí. La lucha, la soledad y la falta de apoyo que he vivido durante determinados momentos han sido muy duras.

Por eso valoro especialmente a las personas y a las instituciones que han sido honestas conmigo. Estoy profundamente agradecido a quienes han seguido confiando en mí y me han permitido volver a subir a un escenario.

¿Qué significa para ti volver a bailar después de seis años alejado de los escenarios?

Significa recuperar una parte esencial de mí mismo.

Durante mucho tiempo pensé que quizá no volvería a hacerlo. Por eso este regreso tiene algo de reencuentro personal. No vuelvo siendo el mismo artista que era antes, pero sí con más experiencia, más conciencia y otra manera de entender tanto la profesión como la vida.