José Almansa (NomadIA): "Trabajar en remoto no es hacer lo que te dé la gana; las empresas que obligan a volver es porque no tienen método"
José Almansa, cofundador de Impact Hub Madrid y CEO de NomadIA.digital, es uno de los pioneros del trabajo colaborativo en España. En esta extensa entrevista, analiza las claves del NomadIA.digital Summit 2026 de Segovia y dibuja una hoja de ruta disruptiva donde la Inteligencia Artificial y la descentralización del talento redefinirán por completo el tejido empresarial y rural. Conoce cómo será el empleo del futuro.
Horas antes de celebrarse el NomadIA.digital Summit 2026 en el CIDE de Segovia, nos atiende con simpatía y cercanía.
El debate sobre el futuro del empleo cobra más fuerza que nunca con las nuevas tecnologías. El fenómeno de los nómadas digitales y el talento remoto ha dejado de ser una tendencia pasajera de la pandemia para convertirse en una transición estructural del modelo productivo. Sin embargo, como advierte José Almansa, la falta de metodología operativa en las empresas y la miopía institucional a la hora de gestionar la innovación real están frenando una oportunidad histórica de España.
A lo largo de esta conversación, Almansa no solo detalla cómo la Inteligencia Artificial y los espacios pueden revitalizar la España interior, sino que lanza una crítica a la burocracia legislativa que asfixia a los autónomos. Con una mirada optimista puesta en la próxima década, el estratega disecciona el tránsito definitivo hacia el modelo "Remote first" y plantea un horizonte revolucionario donde la productividad de los bots sostendrá el sistema fiscal, liberando al ser humano hacia creatividad pura.
¿En qué consiste exactamente el evento NomadIA.digital?
NomadIA lo que está intentando es crear un ecosistema privado-público en el que queremos convertir a España en la primera potencia de talento. Es una ventana de oportunidad muy importante. Lo que estamos haciendo es aplicar las mismas reglas que funcionan en el coworking. Yo soy uno de los pioneros del coworking desde hace 20 años; cofundé Impact Hub Madrid y después cofundé con mi hermana LOOM.
Los proyectos de coworking funcionan porque hay una regla: espacio mágico, comunidad vibrante y programación inspiradora. Si los tres elementos se dan, va a funcionar. Y esto es aplicable a cuatro paredes, a un pueblo, a una ciudad, a una provincia, a una región o a un país entero. Lo que estamos haciendo es llevarlo y aplicarlo a toda España.
Entonces, lo que estamos buscando es reunir a personas que están relacionadas con territorios, administraciones y demás "partners" locales, que son comercios que forman parte del ecosistema, que pueden ofrecer productos y servicios a los nómadas y que se pueden integrar también con ellos, para trasvasar creatividad, maneras de pensar y tendencias. Y después tenemos a nómadas y corporaciones ("corporates") para que entre todos podamos tener un diálogo que yo llamo "diálogo caórdico", que es cuando utilizamos el caos y el orden (el caorden) para poder encontrar las necesidades no resueltas. Son problemas y oportunidades, y lo que hacemos es trabajarlas desde la gente.
Es decir, no es una mesa redonda ni es un acto al uso en el que hablan los de arriba y los de abajo escuchan, sino que hacemos una introducción sobre una pregunta caórdica y después hacemos grupos de cuatro personas para que la gente pueda tener su diálogo y puedan detectar necesidades no resueltas que nos llevamos. Luego nosotros intentamos aplicar eso para la estrategia en torno a ese eje central de cómo convertimos a España en esa tierra de talento, en esa potencia y atracción de talento.
España es un paraíso, tenemos un montón de cosas muy buenas, el clima o la gastronomía, por citar algunas, pero la calidad de vida está mermando últimamente por diferentes aspectos. ¿Qué es lo que debería mejorar para atraer ese talento que has mencionado?
El talento se mueve y va donde encuentra un enriquecimiento y unas experiencias que van a ser especiales. Teniendo esto en cuenta, lo primero que hay que hacer es crear espacios mágicos. Es decir, un nómada no va a venir desde Berlín o desde Canadá para irse a trabajar a un coworking que son cuatro paredes blancas, porque al final ese mismo espacio lo tiene en cualquier lado yen su ciudad. Ahora, si nosotros detectamos un sitio maravilloso, que todos los pueblos, todas las regiones y todas las ciudades lo tienen, se puede armar. Se puede hacer a orillas de un río, por ejemplo, de Salamanca, donde se inspiraba Unamuno; podemos irnos a La Manga, donde confluyen las salinas, donde confluyen los dos mares, y ahí ponemos unas mesas que sean portátiles y un Starlink para tener wifi, para enchufar el ordenador, unas sombrillas, y ahí puedes estar trabajando, inspirándote, en medio de una naturaleza de olivos. Esos son espacios inspiradores, son espacios mágicos.
Lo segundo que tenemos que crear es una programación inspiradora. Es decir, actividades que puedan enriquecer al nómada y que el nómada también pueda enriquecer a lo local mediante un trasvase. Cuando hacemos eventos de activación de ecosistema, por ejemplo, Málaga Work Bay, te das cuenta de que al nómada le preguntas qué buscas y qué ofreces, y el 80% de lo que escribe es "ofrezco", no es "busco". Viene con una intención de generar valor en lo local. Tenemos que activar puentes, activar personas locales, anfitriones que puedan generar esa actividad o esa programación que pueda aportarles mucho valor a los nómadas y crear espacios donde los nómadas puedan aportar valor a los locales, que eso es lo que llamamos "programación inspiradora".
Y, por último, generar comunidad, una comunidad vibrante. Esto significa que cuando los nómadas se apuntan a tu territorio, aunque se vayan, por ejemplo, a Filipinas o a Canadá, siguen conectados. Si en un momento dado organizas una semana de inmersión sobre algo en lo que ese nómada es experto, él va a responder y va a venir. Al final, se queda dentro de una comunidad y, esté o no en el territorio, sigue a disposición de los objetivos o retos del lugar.
Hay muchos jefes que no llevan bien el teletrabajo de los empleados. ¿Cómo se le explica los beneficios del trabajo en remoto a una persona que no los ve?
Hace 10 años sería absolutamente impensable que nadie pensara en trabajar en remoto. Había muy poquitos nómadas digitales. Hace cinco años, cuando vino la pandemia, hubo algunos, pero parecía que era forzado y que nos iban a obligar a todos a volver a la oficina. Y todo ha ido hacia adelante porque esto es un cambio de modelo de trabajo.
Hay estudios que vienen a decir que la primera causa por la que el talento elige en qué empresa trabajar es que te dejen trabajar desde donde quieras, que tengas movilidad. Los jefes o los de arriba pueden decidir y tener su opinión de intentar imponer que todo el mundo trabaje desde la oficina, pero te quedas sin talento porque el talento choca con esa filosofía. Al final accederías a gente que no puede elegir, que no es talento. Porque si tú puedes elegir entre dos empresas iguales o parecidas en las que una te va a dejar trabajar desde donde quieras, que te vas a poder enriquecer, al final te vas a ir a la que te deja trabajar desde donde quieras. El "remote first" es algo una tendencia clara.
¿Crees que se va a imponer en todos los sectores? Hay quienes consideran que es exclusivo para puestos de trabajo informáticos o más tecnológicos...
Creo que todavía no se entiende cómo son las nuevas maneras de funcionar. Es decir, el trabajo en remoto no es una ruptura tan grande, en el sentido de que se descontrola todo, pero se cree que sí; por eso, lo que hay que hacer es buscar la manera en la que la oficina se convierte en un space as a network. Un espacio para compartir, nutrirte y estar coordinado. No es un tema de "desaparezco y me voy a trabajar desde donde quiera y me conecto", sino que hay una serie de reglas y metodologías que ayudan a que todo esto funcione bien.
Por ejemplo, tú tienes una serie de encuentros en los que vas a volver a la oficina y vas a hacer ese networking con tus compañeros, vas a poder llevar a tu empresa e integrar en tu empresa lo que has adquirido ahí fuera. Es decir, si has estado en sitios donde has entrado en contacto con nuevas maneras de pensar, de trabajar, ideas y conocimiento, tienes que tener un ángulo en el que puedas volver a tu empresa y volcarlo. Si tú tienes nuevos contactos que has hecho porque estás trabajando en diferentes sitios y has entrado en contacto con nuevos clientes, proveedores y demás, también tienes que tener una manera de volcarlo. Todo esto que sucede cuando estás fuera y estás abierto a conocer gente y a estar en comunidades, tienes que tener una manera de repatriar ese valor a tu empresa; ahí es cuando se va a empezar a ver realmente la ventaja.
Al final, si estás en una empresa o en un entorno donde la cultura empresarial es prácticamente la misma y todos pensáis igual, se intenta hacer las cosas de la misma manera, no vas a evolucionar igual de rápido que si tienes una heterogeneidad de gente que está en sitios diferentes viendo cómo trabaja otra gente, cómo han evolucionado otras personas y otras empresas, y eso lo puedes luego incorporar a la tuya propia. Es algo en lo que estamos en un proceso de transición, pero que es un cambio en el modelo de trabajo.
Ya verás cómo no habrá corrientes enfrentadas ni debates; simplemente habrá gente que se adapte antes y otra que lo haga más tarde, porque es un cambio de modelo que nos afectará a todos. Estoy seguro de que dentro de 10 años no quedará ninguna duda: estaremos hablando de otros problemas, pero no de este.
¿No tienes dudas de que todas las empresas lo van a aplicar?
Lo van a saber aplicar, que es distinto. Incluso las que se están negando de forma tan taxativa ahora mismo es porque no saben aplicarlo. Como te decía, no es un tema de "llego ahora mismo y dejo que todo el mundo se vaya a trabajar desde donde quiera" y se descontrola, que es lo que pasó en la pandemia. Lo que las empresas dicen de "tenéis que volver a la oficina" es para intentar volver a una situación de control y de productividad controlada, pero porque no se sabe trabajar en remoto. Trabajar en remoto no es poder hacer lo que te dé la gana, sino coordinarte y seguir una metodología que permita ser eficiente.
¿Ese método pasa por verse a veces en la oficina o no tiene por qué?
Muchas empresas ya lo hacen. Hoy nos acompaña Plain Concepts para compartir su experiencia. Es una compañía de unas 600 personas originaria de León, y son "remote first": prácticamente todos trabajan en remoto. Tenían varias sedes que han ido cerrando para quedarse solo con la de León. Desde Recursos Humanos aplican un sistema muy bien estructurado: vas a la oficina uno o dos días cada dos semanas, según las necesidades, y luego hacen una semana entera de integración cada dos meses para coordinarse y poner en común las estrategias. No es un full remote de aislamiento; estás en la oficina para lo que de verdad se necesita, que es la coordinación y el entendimiento de los objetivos.
Hay sectores que tendrán más complicado este cambio. Por ejemplo, el sector sanitario, el sector de la educación... Estos sectores sí que van a seguir siendo presenciales.
Hay sectores que requieren presencialidad obligatoria; obviamente, el policía tiene que estar en la calle, no te va a detener por videollamada. Pero en otros como la medicina, fíjate en cómo se está desarrollando la telemedicina. Viene un cambio muy fuerte en la forma en que íbamos al médico. Ahora te hacen una consulta por pantalla y a lo mejor estás hablando con un especialista que está en la otra punta del mundo. Al final, lo que buscas es la respuesta del médico que necesitas, esté donde esté, por lo que incluso ahí veremos casos de movilidad obvia. No se puede generalizar, esto no es todo o nada.
En NomadIA hemos desarrollado una metodología para que las corporaciones implementen esto con sentido, porque de eso se trata, de darle sentido. Desde nuestra plataforma, la empresa fija unas directrices con la formación o las soft skills que quiere que su empleado adquiera en remoto. A partir de ahí, un Copilot de Inteligencia Artificial le organiza la agenda como un auténtico copiloto de viaje: "Mira, te he organizado la semana que viene en Salamanca. ¿Por qué? Porque en este desayuno vas a conocer a tres gurús de tu gremio que te interesa tener en el radar; por la mañana trabajarás en un sitio donde habrá una charla de lo que tu empresa te ha pedido que te formes, y por la tarde harás un taller de habilidades". Así, esas horas de movilidad se vinculan directamente al plan de capacitación, y toda esa data repatria su valor a la corporación para medir el resultado real de trabajar en remoto.
¿Qué previsiones tenéis de crecimiento en NomadIA?
A nivel de territorios, enorme, porque pensamos que seremos capaces de abarcar España entera en dos años. Tenemos un ritmo muchísimo más acelerado del que esperábamos. Estamos en Andalucía, Canarias, Murcia, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Aragón, Cantabria...
¿Te refieres a que tenéis personas que colaboran o empresas que ya se han interesado?
No, me refiero a que tenemos el ecosistema ya listo. Recibimos el apoyo de la administración y, a partir de ahí, entramos a activar todo el cotarro. De hecho, el sitio más avanzado que tenemos ahora mismo es Málaga, con Málaga Workplace; que es un poco la joya de la corona, una oficina atencional que lleva años siendo el nodo líder y pionero en España, y que ahora nos ha tocado gestionar a nosotros.
Todo esto que comentas tendría un efecto muy beneficioso para otros territorios que no son las grandes ciudades. ¿Va a suponer descentralizar el talento o va a seguir concentrado?
El teletrabajo es el gran activo para revitalizar las regiones, pero fíjate que te he mencionado un montón de territorios y ninguno es Madrid. A Madrid todavía no la hemos activado porque ya está llena de nómadas; ahí el reto es organizarlos, pero no hay urgencia. Además, en Madrid pasan tantas cosas que pasas más desapercibido, y la voluntad política está más enfocada en recibir lo que llega que en crear estrategias claras. Para mí es un error, porque Madrid tiene potencial para ser un epicentro increíble.
Pero nosotros no miramos solo al nómada digital que dice la ley, extracomunitario que factura fuera. Miramos también al comunitario y al nacional. Yo mismo, que soy de Madrid, puedo trabajar desde cualquier sitio, pero no me voy a ir a un pueblo de Andalucía o de Castilla y León a mirar la pared con mi portátil. Si no pasa nada interesante, para qué voy a ir. Nadie me va a hacer caso ni voy a conectar con nadie.
Ahora, si de repente un pueblo como Baena, en Córdoba, te ofrece una "vida de campo andaluza" y te monta un planazo, la cosa cambia. Si me proponen un desayuno donde me recibe la alcaldesa, trabajar toda la mañana desde el castillo del pueblo o un sitio espectacular, comer en una almazara donde me enseñan a hacer jabón con aceite de oliva, seguir teletrabajando por la tarde a la sombra viendo un mar de olivos, y acabar con un after work cultural y una cena con otros nómadas... ¡Hombre, pues me voy de cabeza! Para estar en Madrid haciendo lo mismo de siempre, me marcho tres días a Baena. Ese es el concepto: todos los pueblos tienen espacios mágicos y pueden generar actividades con arraigo. Solo hace falta una plataforma como NomadIA para ordenarlo todo y conectar con el talento.
¿Cuál es la mayor barrera de las empresas que no implementan esto del trabajo en remoto? Imagino que será todavía una psicología de cómo deben ser las cosas de siempre...
Es la misma barrera que te encuentras siempre que intentas cambiar las cosas: el inmovilismo mental. Si estás anclado a tus ideas fijas y eres incapaz de abrirte para ver de dónde venimos y hacia dónde vamos, lógicamente no lo vas a ver. Es una resistencia muy psicológica. Pero también había una barrera real y operativa: hasta ahora no existía una herramienta como NomadIA que permitiese organizarlo todo.
Al final se conjugan las dos. Nosotros venimos a poner en manos de las empresas una plataforma con Inteligencia Artificial que da datos actualizados para entender el valor real de ser "remote first". Queremos ayudarles a organizarse de otra manera y a demostrarles que van a ganar talento y muchísimo más valor que teniendo a la gente fichando el casillero en la oficina.
¿Qué distingue a esta plataforma? Por ejemplo, unas recomendaciones que se pueden ver en una web de turismo bien actualizada, una comunidad activa en redes sociales...
Lo que nos diferencia se resume en tres capas. Primero, los microsites territoriales. La data que ofrecemos no es la que te escupe Google por ahí. Es información filtrada de proveedores locales que piensan en exclusiva para el trabajador remoto; no te dicen simplemente "esto es lo que tengo y si te acopla, fenomenal", sino que diseñan experiencias a medida. Lo segundo es una comunidad real y conectada, donde la propia administración del territorio está metida en el chat respondiendo a la gente.
Y el plato fuerte es el Copilot de Inteligencia Artificial, que es un auténtico copiloto de viaje. Imagínate que un canadiense aterriza en Madrid y se da de alta. La plataforma no le va a soltar una lista infinita con 200 destinos para que se vuelva loco buscando; le va a sugerir lo que hace "match" con él. Si te gusta el surf y la montaña, te mandará a Comillas de los primeros. El Copilot te organiza: "Te vas a Comillas; te he cerrado el desayuno para que conozcas a tres gurús de tu gremio, trabajarás en un sitio inspirador por la mañana, y por la tarde tienes un taller de formación". Y si le dices: "Oye, quítame el miércoles por la tarde, que me voy a rascar la barriga a la playa", la IA te busca una actividad alternativa al instante. Es una herramienta conversacional que te hace la agenda sin que tengas que buscar nada; es aplicar la tecnología con total certeza.
Se va a celebrar otro evento en Segovia, SegoviUp, ¿ha sido una coincidencia?
Uno de los organizadores de SegoviUp es socio de NomadIA, así que aprovechamos la coyuntura para montar las infraestructuras juntos como un side event. Estamos muy unidos a Segovia; de hecho, NomadIA es una empresa segoviana. Nos establecemos aquí porque en un sitio más pequeño se entiende mejor el impacto transversal del talento remoto, mientras que en Madrid es dificilísimo destacar. Y es algo que siempre me ha sorprendido de mi ciudad con todo lo maravilloso que tiene.
Madrid no sabe, ni sus instituciones tampoco, que tiene el coworking más antiguo de Europa: el Hub de la calle Gobernador, justo detrás del CaixaForum. Abrieron tres a la vez en su día, pero los otros cerraron y este se quedó como el primero de todos. Con el boom mundial que hay, y aquí ni nos enteramos. Yo soy uno de sus ocho cofundadores y, cuando abrimos, el apoyo institucional fue cero. Luego, cuando el fenómeno se hizo global, todos se apuntaron al tanto, pero nadie sabe lo que costó picar piedra al principio. Como madrileño, me duele decir que Madrid no da lo que un innovador de verdad necesita.
Dices que Madrid no apoya lo que necesita un innovador. ¿Falta apoyo institucional o se debe a un exceso de personas que vivimos aquí?
En Madrid no lo dan, primero, porque no entienden qué es la innovación. Crean instituciones a bombo y platillo llamadas "Innovación Madrid" y, si les preguntas qué hacen o qué es innovar y cada uno te da una respuesta distinta porque no hay un criterio homogéneo. Lo segundo es que confunden radicalmente al innovador con el emprendedor. Usan "innovador" como una palabra de moda o de tendencia, pero de lo único que hablan es de emprendimiento. No tienen nada que ver.
¿Cuál crees que es la diferencia?
Llevo cinco años aplicando una fórmula clara: la innovación es el resultado del proceso creativo del innovador ante una necesidad no resuelta. Si no entiendes esto, no sabes qué es innovar. La diferencia con el emprendedor es radical si la miramos desde un punto de vista práctico.
El emprendedor parte de una idea y luego busca qué problema soluciona. Todas las metodologías tradicionales de las escuelas de negocios, como el Design Thinking o el modelo Canvas, funcionan al revés. No tiene sentido; lo lógico es detectar la necesidad primero y diseñar la solución a medida después. Además, el emprendimiento es fácil de entender para los inversores porque suele replicar modelos ya testados; si dices que vas a montar un restaurante o una plataforma tecnológica estándar, el financiero lo ve claro porque existen referentes. El innovador, en cambio, se presenta con algo totalmente nuevo, disruptivo y peligroso a ojos del capital, que le tiene pánico al riesgo no testado. Por eso su financiación cuesta el triple.
Pero la diferencia más dramática es que al innovador todo el mundo lo ataca, mientras que al emprendedor se le protege, porque a los políticos les encanta llenarse la boca con el "ecosistema emprendedor". Cuando innovas, vienes a cambiar las reglas del juego y el statu quo reacciona para destruirte. La primera en golpearte es siempre la administración pública; le pasó a Cabify, a los que machacaron hasta que no les quedó más remedio que adaptarse a ellos. Los segundos son tus propios socios; a Steve Jobs lo echaron de Apple sus inversores porque era un tío peligroso que cambiaba las cosas constantemente. Y los terceros son los que te copian cuando ven que funciona, que intentarán liquidarte para quedarse con tu novedad. Con este panorama, el innovador lo tiene muy complicado: no hay incentivos reales en la sociedad, así que sale mucho más a cuenta emprender y quitarse de líos.
Los autónomos en España tienen una situación muy complicada, no se apoya tanto a los que intentan sacar un proyecto adelante, ¿no?
Ese es otro melón, pero para mí el autónomo y el emprendedor son conceptos distintos. El emprendedor sí cuenta con un ecosistema que lo apoya; se ha trabajado muchísimo en los últimos 15 o 20 años. Yo daba clase de Entrepreneurship en el Instituto de Empresa en 2004 y no tiene nada que ver: antes no había tejido y ahora sí.
El modelo de autónomo en España es otra cosa completamente diferente, e igual de dramática. Todo el mercado laboral va hacia la especialización: serás muy bueno en lo tuyo y trabajarás para muchos clientes. Sin embargo, las políticas actuales van en dirección contraria, emperrándose en poner trabas al autónomo y subvencionar la contratación tradicional por cuenta ajena, cuando eso ya no es eficiente. Lo que realmente tiene sentido hoy, sobre todo en la era de la Inteligencia Artificial, es dejar que la tecnología potencie tus habilidades para dar servicio a varias empresas. Las fábricas se están acabando y el empleo fijo tradicional irá a menos. Nos guste o no, el futuro es ser autónomo.
¿Quién crees que está poniendo las trabas? ¿La administración pública?
La filosofía política de las ideologías es la gran traba, ese empeño en que hay que proteger y fomentar el trabajo tradicional. Al final, ¿cuál es la noticia que da el presidente cada mes? La encuesta del paro, y eso es lo que se celebra a nivel político: los aplausos son por cómo está el paro y por los trabajos fijos. Eso está absolutamente obsoleto y ya no mide nada, porque no te dice que tengas una sociedad laboralmente competitiva.
En gran medida, el teletrabajo aporta una mayor calidad de vida y autonomía, pero también puede generar el problema de que la gente acabe trabajando de más al no desconectar. ¿Esta falta de descanso y de desconexión es un problema real?
La calidad de vida te la mejora obviamente; si no fuera así, la gente intentaría ir a la oficina todo lo que pudiera o se buscaría un coworking. Otra cosa es que te obliguen a quedarte encerrado en casa y haya personas que no aguanten la soledad, pero esos son casos puntuales. En cuanto al riesgo de trabajar de más porque no ves los límites, la solución es metodológica: ya hay muchísimas empresas donde el propio sistema informático te bloquea la entrada de correos a partir de las siete de la tarde para que desconectes por las buenas. No veo en esto ningún problema insalvable que vaya a frenar el avance de este modelo.
¿Cómo ves la sociedad en cinco años? Antes me decías que en 10 todo habrá cambiado radicalmente. ¿Crees que a medio plazo la mayoría de las empresas que hoy tienen modelos híbridos o presenciales darán el salto definitivo hacia el remoto?
Te voy a pedir un favor: busca un artículo que escribí el 22 de mayo de 2020, en plena pandemia. Me lo pidió el Grupo Joly para el Diario de Sevilla y el Diario de Cádiz. Querían que les contara cómo vería el mundo cinco años después. En ese texto lancé cinco predicciones que el tiempo ha clavado, aunque el cambio actual va a ser mucho más rápido.
En mayo de 2020, tres años y medio antes de que OpenAI lanzara ChatGPT, yo ya hablaba de los nómadas digitales, del boom de los coworkings y de que saldríamos de las oficinas. También advertí que en la era de la Inteligencia Artificial el conocimiento dejaría de ser el factor diferencial; el valor real se desplazaría hacia la creatividad y las soft skills. Y por último, predije que terminaríamos siendo autónomos prestando servicio a múltiples clientes, algo que ya es una realidad.
Mi visión para los próximos cinco años es que nos volcaremos en aquello que se nos da bien y por lo que nos pagan, estando megapotenciados por la IA. Dejaremos de aplicar conocimiento puro para convertirnos en facilitadores. Tu valor será el criterio para decidir si lo que te escupe la IA es válido o no; ella pondrá la información y tú la guía. Como el trabajo menos cualificado lo asumirán los bots, habrá una transición en la que mucha gente se rendirá y dejará que una máquina haga su tarea hasta que el cambio generacional la extinga, como ya ocurrió en la Revolución Industrial.
Las nuevas generaciones ya entienden este modelo. Llegará un punto en el que tendremos las necesidades cubiertas porque los impuestos y la seguridad social los pagará la propia productividad de los bots. Yo ahí me atrevería a plantear una política disruptiva: asignar a cada ciudadano la productividad de dos o cuatro agentes de IA y que, a cambio de tu labor de curaduría y supervisión, te paguen los impuestos o incluso una renta. Vamos hacia un escenario que nos hará mucho más libres para elegir hasta dónde queremos llegar, cuánto esfuerzo queremos invertir y cómo deseamos participar en la sociedad.