La economía española llega a la segunda mitad de 2026 con una paradoja cada vez más evidente. La actividad continúa creciendo y Madrid mantiene algunos de los indicadores económicos y laborales más favorables del país, pero entre los economistas se extiende una percepción mucho más pesimista sobre lo que puede ocurrir durante los próximos meses.
El Barómetro Económico del primer semestre de 2026 del Consejo General de Economistas de España, publicado el pasado 17 de julio, muestra un considerable deterioro de la confianza sobre la evolución de la economía nacional. El estudio analiza la valoración de la economía personal, provincial, autonómica y española y cuestiones como paro, ahorro, competitividad, estanflación, aranceles, inversión china y obstáculos a la inversión empresarial.
El resultado central es contundente: el 60% de los economistas considera que la economía española ha empeorado durante los seis meses anteriores y el 64,3% cree que empeorará durante los próximos seis. Apenas un 10,6% espera una mejoría a corto plazo.
La fotografía adquiere especial interés en Madrid. Frente a ese fuerte deterioro de las expectativas nacionales, la economía madrileña comenzó 2026 creciendo un 3% interanual, tres décimas por encima de España, mientras el mercado laboral regional alcanzó durante el segundo trimestre su mayor cifra de ocupados de la serie histórica.
La cuestión ya no es, por tanto, únicamente cuánto crece la economía, sino si ese crecimiento será suficientemente resistente ante la inflación, el encarecimiento energético, las tensiones comerciales y la incertidumbre que están condicionando las expectativas empresariales.
El 64,3% de los economistas cree que España empeorará
Las respuestas recogidas por el Consejo General de Economistas dibujan una evolución cada vez menos favorable de las expectativas.
El porcentaje de profesionales que considera que la economía española ha empeorado alcanza el 60%, frente al 57,8% del semestre anterior. Otro 28% considera que permanece estable y solamente un 12% observa una mejora.
Las expectativas son todavía más negativas.
El 64,3% anticipa un empeoramiento durante los próximos seis meses, frente al 61% que mantenía esta opinión en el segundo semestre de 2025. La proporción que espera estabilidad desciende hasta el 25,1% y las respuestas positivas se reducen hasta el 10,6%.
El deterioro queda reflejado igualmente en los índices elaborados por el propio estudio.
El Índice de Evolución Económica Reciente de España retrocede desde -62,5 hasta -66,8 puntos, mientras el Índice de Expectativas Económicas cae desde -67,7 hasta -72,9 puntos. El informe destaca que los indicadores nacionales presentan una valoración sensiblemente peor que los correspondientes a los ámbitos provincial y autonómico.
Madrid mantiene un crecimiento del 3%
La evolución reciente de Madrid introduce, sin embargo, un importante matiz en ese diagnóstico.
La economía de la Comunidad de Madrid creció un 3% interanual durante el primer trimestre de 2026, frente al 2,7% del conjunto de España. En términos intertrimestrales, el PIB regional aumentó un 0,8%, dos décimas más que la economía nacional. Los datos proceden de la Contabilidad Regional de la Comunidad de Madrid.
El avance presenta además una composición relativamente diversificada.
Los servicios crecieron un 3,2% interanual; dentro de ellos, comercio, hostelería, transporte y comunicaciones avanzaron un 3,9%, y los servicios empresariales y financieros, un 3,4%. La construcción aumentó un 2,6% y la industria, un 1,6%.
Madrid aporta actualmente alrededor del 19,8% del PIB español, según la contabilidad económica regional difundida por el Gobierno autonómico.
Se configura así una situación singular: mientras una amplia mayoría de economistas detecta un empeoramiento de las perspectivas españolas, la principal economía regional del país mantiene por ahora tasas de crecimiento superiores a la media nacional.
Récord de empleo y una tasa de paro del 7,6%
La resistencia madrileña resulta todavía más visible en el mercado laboral.
La Encuesta de Población Activa correspondiente al segundo trimestre de 2026 situó el número de ocupados en Madrid en 3.631.300 personas, el máximo de la serie histórica.
Son 62.100 trabajadores más que tres meses antes, un incremento trimestral del 1,7%.
El número de desempleados se redujo simultáneamente en 8.800 personas, hasta 297.900, y la tasa de paro quedó situada en el 7,6%, frente al 9,9% del conjunto nacional.
La diferencia es de 2,3 puntos porcentuales.
La tasa de actividad madrileña alcanza además el 63,9%, 4,6 puntos por encima del 59,3% nacional, mientras el 88,5% de los asalariados de la región dispone de contrato indefinido.
Los últimos registros administrativos correspondientes a julio refuerzan esa tendencia. Madrid acumulaba 132.261 afiliados adicionales durante los doce meses anteriores y el paro registrado se situaba en 273.631 personas, el nivel más bajo para un mes de julio desde 2008, según los datos difundidos por el Gobierno regional a partir de las estadísticas estatales de empleo.
El contrapunto madrileño: una inflación del 3,9%
La fortaleza del empleo y del PIB, sin embargo, convive con uno de los principales riesgos señalados precisamente por los economistas: los precios.
El IPC aumentó en España un 3,6% interanual en julio, cuatro décimas más que en junio. La inflación subyacente alcanzó el 3%.
En Madrid, la tasa fue todavía superior.
El IPC madrileño alcanzó en julio el 3,9%, tres décimas por encima de la media española y solamente por debajo de Galicia, con un 4,1%, y Cantabria, con un 4,3%, además de igualar a Baleares.
Un mes antes Madrid ya había registrado la mayor inflación autonómica de España, con un 3,8% en junio.
Es precisamente aquí donde el diagnóstico del Consejo General de Economistas adquiere una relevancia especial para la región.
Madrid crece más y presenta mejores indicadores laborales, pero sus hogares y empresas están expuestos simultáneamente a una evolución de los precios superior a la media nacional.
Seis de cada diez economistas ven riesgo elevado de bajo crecimiento e inflación
El barómetro pregunta específicamente por la posibilidad de que España registre durante el resto de 2026 un escenario de bajo crecimiento con una inflación superior al objetivo del 2%.
El resultado refleja una preocupación muy elevada.
El 63,9% de los economistas atribuye a ese escenario una probabilidad alta o muy alta. En concreto, el 38,7% considera alta la posibilidad y otro 25,2%, muy alta.
Un 20,7% asigna una probabilidad media y solamente el 15,4% cree que es baja o muy baja.
El dato debe interpretarse correctamente: el barómetro no constituye una previsión oficial de entrada en estanflación, sino una encuesta sobre la percepción de los economistas.
Las previsiones institucionales continúan contemplando crecimiento para España. La AIReF revisó en abril una décima a la baja su estimación para 2026, hasta el 2,3%, dentro de un escenario que el organismo calificó de elevada incertidumbre.
Existe, por tanto, una diferencia entre previsiones macroeconómicas que mantienen el crecimiento y una percepción profesional crecientemente cautelosa respecto al futuro.
La energía asciende hasta convertirse en el gran problema de competitividad
El cambio más significativo del barómetro aparece al preguntar por los factores que condicionan la competitividad.
A escala autonómica, el 65,7% de los economistas señala que el precio de la energía afecta mucho a la competitividad, frente al 53,3% del semestre anterior. El incremento de 12,4 puntos coloca la energía por primera vez en cabeza de los factores analizados.
Los costes salariales ocupan el segundo lugar, con un 63,8%, y la presión fiscal, el tercero, con un 57,5%.
También adquiere mayor peso la innovación. Un 41,2% de los economistas considera que el apoyo al I+D+i tiene una incidencia elevada sobre la competitividad autonómica, mientras un 42,1% atribuye ese nivel de importancia a la reducida dimensión empresarial.
El escenario resulta especialmente relevante para Madrid, una economía con elevada concentración de servicios empresariales, financieros, tecnológicos y compañías de capital extranjero.
Madrid lidera la inversión extranjera, pero los economistas señalan un riesgo regulatorio
Existe otra aparente contradicción entre la situación madrileña y las preocupaciones recogidas en el estudio.
Los economistas consideran que el mayor obstáculo para invertir actualmente en España es la incertidumbre política y el cambio regulatorio, señalado por el 37% de los encuestados.
En segundo lugar aparecen los costes laborales y dificultades asociadas, con un 29%, seguidos por los tipos de interés y las condiciones financieras, con un 16%.
Los costes energéticos representan un 7%; la burocracia para acceder a ayudas, un 4%; las barreras comerciales y arancelarias, otro 4%; y la debilidad de la demanda externa, un 3%.
Madrid mantiene, pese a ello, una posición excepcional en captación de capital internacional.
La Comunidad recibió cerca de 16.000 millones de euros de inversión extranjera durante 2025, equivalentes al 51,9% de toda la inversión extranjera recibida por España. Cataluña quedó en segundo lugar con el 14,7%, seguida de Aragón, con un 11%.
Estados Unidos aportó el 28,7% de la inversión llegada a Madrid; Francia, el 14,9%; Reino Unido, el 11,8%, y Canadá, el 11,4%. Entre los principales destinos sectoriales estuvieron la publicidad y estudios de mercado, las actividades inmobiliarias, las telecomunicaciones y los servicios financieros.
La fortaleza madrileña en inversión extranjera ofrece así un contraste significativo con la percepción nacional sobre la incertidumbre regulatoria.
Madrid tiene también los costes laborales más altos de España
Otro de los elementos destacados por los economistas requiere una lectura específicamente madrileña.
Los costes laborales aparecen como el segundo gran factor que condiciona la competitividad autonómica y como el segundo principal obstáculo para la inversión empresarial en España.
Madrid ocupa precisamente la primera posición nacional en este indicador.
La Encuesta Anual de Coste Laboral del INE sitúa el coste laboral bruto medio de la Comunidad de Madrid en 45.983,31 euros durante 2025, el más elevado de España, por delante del País Vasco, con 44.034 euros, y Navarra, con 41.697 euros.
Ese mayor coste laboral puede reflejar simultáneamente una estructura productiva de mayor valor añadido, salarios superiores y una elevada concentración de actividades profesionales y empresariales, pero constituye también una variable relevante para las decisiones de contratación e inversión.
Preocupan los aranceles y el comercio internacional
Las incertidumbres económicas trascienden, además, las fronteras españolas.
El 63,9% de los economistas muestra una preocupación alta o muy alta por el impacto de las nuevas barreras comerciales y arancelarias sobre las exportaciones españolas.
Otro 25,4% presenta una preocupación media y apenas un 10,7% manifiesta una preocupación baja o inexistente.
La cuestión adquiere particular importancia para empresas industriales y para aquellas integradas en cadenas internacionales de suministro, aunque el impacto sobre Madrid será diferente por la elevada especialización de la economía regional en servicios.
División ante la llegada de inversión china
El estudio examina también una cuestión de creciente relevancia estratégica: la intención de España de atraer inversión procedente de China hacia ámbitos como vehículo eléctrico, baterías, energías renovables e inteligencia artificial.
Los economistas están divididos.
El 42,9% considera que esta estrategia entraña un riesgo alto o muy alto, mientras un 34,3% sitúa el riesgo en niveles bajos o muy bajos y otro 22,8% lo considera intermedio.
La cuestión adquiere una dimensión particular para Madrid por su posición como principal puerta de entrada de capital extranjero en España y por la concentración de empresas tecnológicas y de servicios avanzados.
La situación personal resiste mejor que la percepción del país
Una de las conclusiones más llamativas del informe aparece al comparar la visión que los economistas tienen de España con la percepción de sus propias finanzas.
El 62,6% asegura que su situación económica personal permanece igual que seis meses antes. Un 18,6% considera que ha mejorado y un 18,8%, que ha empeorado.
Las expectativas personales resultan igualmente mucho más estables que las nacionales: el 55,8% espera mantenerse igual durante los próximos seis meses; el 21,8% anticipa una mejoría y el 22,4%, un deterioro.
Existe así una considerable distancia entre la situación económica individual y la percepción general sobre el país.
También cae la expectativa de ahorro
El barómetro sí detecta, no obstante, una señal preocupante en las economías domésticas.
El Índice de Expectativas de Ahorro cae desde -0,9 hasta -31 puntos, un deterioro que el informe vincula al impacto acumulado de precios, vivienda, alquileres, energía, transporte y productos de consumo cotidiano sobre la renta disponible de los hogares.
La evolución resulta especialmente significativa en Madrid, donde la inflación se encuentra actualmente por encima del promedio español.
Aunque crecimiento y creación de empleo proporcionan soporte a la renta familiar, la evolución de los precios determinará qué parte de ese crecimiento termina transformándose realmente en mejora del poder adquisitivo.
Madrid frente al pesimismo nacional
La combinación de todos estos indicadores deja una fotografía económica mucho más compleja que una simple división entre crecimiento y crisis.
Madrid inicia la segunda mitad de 2026 creciendo más que España, con récord de ocupación, menor desempleo y una extraordinaria capacidad para captar inversión extranjera.
Pero simultáneamente registra una inflación del 3,9%, tiene los costes laborales más elevados del país y está expuesta, como el resto de España, al encarecimiento de la energía, las tensiones comerciales y la incertidumbre internacional.
El Barómetro Económico del Consejo General de Economistas introduce precisamente esa advertencia.
No afirma que España esté entrando en recesión ni que vaya a hacerlo. Lo que constata es una pérdida considerable de confianza entre los economistas respecto a la evolución de los próximos meses, pese a que los indicadores de actividad continúan mostrando crecimiento.
Madrid representa quizá el mejor ejemplo de esa contradicción.
La región conserva una posición económica privilegiada dentro de España, pero tampoco permanece al margen de los factores que están deteriorando las expectativas.
La gran incógnita para la segunda mitad de 2026 será comprobar qué fuerza termina imponiéndose: la resistencia del crecimiento y del empleo o la presión de unos precios elevados, los costes energéticos, la incertidumbre regulatoria y un escenario internacional cada vez más complejo.