Reconocimiento del patrimonio cultural inmaterial

El Gobierno declara el uso del braille en las lenguas españolas como Patrimonio Cultural Inmaterial

El Consejo de Ministros reconoce el uso del braille en las lenguas españolas como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial para garantizar su protección y continuidad.
Manos de una persona con artritis reumatoide. / iStock
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El Consejo de Ministros ha aprobado este martes la declaración del uso del sistema de lectoescritura braille en las lenguas españolas como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial. La medida busca reforzar la protección de este sistema de comunicación, considerado esencial para la alfabetización, la autonomía y el acceso a la cultura de las personas con discapacidad visual, en un contexto marcado por los riesgos que amenazan su continuidad.

El braille pasa a formar parte del Patrimonio Cultural Inmaterial

La declaración, impulsada conjuntamente por los ministerios de Cultura y de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, reconoce el valor del braille no solo como herramienta de comunicación, sino también como un elemento fundamental de la identidad cultural de la comunidad de personas ciegas y con discapacidad visual.

El Ejecutivo destaca que este reconocimiento permitirá reforzar la conservación, difusión y transmisión de un patrimonio que ha acompañado a generaciones de usuarios desde su implantación en España hace más de siglo y medio.

Además, pone el foco en el papel desempeñado por la propia comunidad usuaria, que ha sido clave para preservar este sistema de lectoescritura mediante su enseñanza, uso cotidiano y transmisión intergeneracional.

Un sistema que favorece la autonomía y el acceso a la cultura

El Gobierno subraya que el braille continúa siendo el único sistema que permite a las personas con discapacidad visual leer y escribir de forma autónoma en su lengua materna, favoreciendo el aprendizaje de la ortografía, la gramática y el acceso pleno al conocimiento.

Más allá de su función práctica, el braille constituye una experiencia sensorial y cultural propia, basada en el tacto, que forma parte de la memoria colectiva y de la identidad de quienes lo utilizan.

Espacios como los clubes de braille impulsados por la ONCE contribuyen a mantener vivo este patrimonio mediante actividades de aprendizaje, intercambio de experiencias y formación continua.

La digitalización plantea nuevos desafíos para su conservación

El Ejecutivo advierte de que el braille afronta diversos riesgos que pueden comprometer su continuidad. Entre ellos destaca el creciente protagonismo de las tecnologías digitales, como los lectores de pantalla, los audiolibros o los códigos QR, que, aunque amplían las posibilidades de acceso a la información, pueden desplazar el aprendizaje del sistema táctil si no se utilizan de forma complementaria.

A ello se suman la dificultad para acceder a materiales específicos, el elevado coste de algunos recursos y el uso meramente decorativo del braille en determinados productos, circunstancias que pueden desvirtuar su auténtico valor cultural y educativo.

Más de dos siglos de evolución

Creado por Louis Braille en el siglo XIX, este sistema comenzó a utilizarse en España en 1840, aunque no fue reconocido oficialmente como método de lectura y escritura para personas ciegas hasta 1918.

Durante casi dos siglos ha evolucionado para adaptarse a los avances tecnológicos sin perder su esencia como código táctil universal, manteniéndose como una herramienta imprescindible para garantizar la igualdad de oportunidades, la inclusión y el ejercicio efectivo de los derechos culturales de las personas con discapacidad visual.