El Ático de David Enguita

El Ático reivindica la cultura como espacio de verdad, memoria y representación real

El programa El Ático convierte el escenario en un lugar de escucha y autenticidad, donde música, teatro y literatura dialogan desde la experiencia vital

El Ático de David Enguita
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El programa El Ático, emitido en Canal 33 y Radio Intercontinental y presentado por David Enguita, firmó esta semana una de sus ediciones más sólidas y reflexivas, consolidándose como un espacio donde la cultura se aborda no como producto ni tendencia, sino como experiencia vital, refugio emocional y herramienta de representación real. En su programa número 47, el escenario se transformó en un lugar de verdad compartida, memoria y reconocimiento.

Desde el inicio, Enguita planteó una pregunta que vertebró toda la emisión: qué es lo que realmente conecta al público con quien se sube a un escenario para cantar, interpretar o contar una historia. A partir de ahí, El Ático dio paso a una conversación profunda en la que los invitados compartieron no solo sus proyectos artísticos, sino también su recorrido personal y su visión del presente cultural.

El actor y cantante Tiago Barbosa fue el primero en intervenir. Con una trayectoria internacional en el teatro musical, habló de su participación en Rent, una obra que definió como profundamente humana por su capacidad para mostrar la realidad sin filtros, hablar de la vulnerabilidad y reflejar historias en las que muchas personas se reconocen. Barbosa recordó sus orígenes en una favela de Brasil y cómo el arte se convirtió en una vía de transformación personal y colectiva. Para él, el escenario es un espacio de resistencia y representación, donde otros pueden verse reflejados y entender que el cambio es posible. En uno de los momentos más íntimos del programa, dejó un mensaje que sintetizó su camino vital y artístico: valió la pena soñar y luchar por ello.

La música continuó con CIVES, representadas por Jara Carrasco y Bea Lacher, que defendieron una forma de crear y actuar alejada del artificio. Ambas coincidieron en que la autenticidad es hoy el principal vínculo con el público, que busca reconocerse en quienes ve sobre el escenario. Hablaron del amor propio como una construcción constante y no como un eslogan, y reivindicaron la libertad creativa sin límites impuestos desde fuera. Sus mensajes personales giraron en torno a la confianza: confiar en una misma, en el proceso y en las respuestas que nacen desde dentro.

El bloque literario llegó de la mano de Chema Vílchez, escritor, músico y docente, que presentó su libro Al rescate del alma, cierre de una trilogía centrada en la conciencia y la introspección. Vílchez reflexionó sobre una sociedad cada vez más automatizada y advirtió de la necesidad de no perder la conciencia humana frente al avance tecnológico. Defendió una cultura que sirva para despertar y generar experiencias transformadoras, subrayando el poder de la palabra y la música como herramientas de cambio. Su mensaje final apeló a una idea sencilla y contundente: hacer el bien y vivir con alegría.

El programa amplió su mirada con una conexión internacional junto a Matute, banda mexicana con casi dos décadas de trayectoria. Desde Ciudad de México, Nacho explicó los detalles de su próxima gira europea, Disco Stereo Tour, concebida como una experiencia intergeneracional. La nostalgia, según señaló, actúa como hilo conductor de sus conciertos, conectando al público con la memoria colectiva y convirtiendo cada actuación en una celebración emocional compartida.

La edición se cerró con DiverPlanes, el espacio dedicado a propuestas culturales y familiares para el fin de semana en Madrid, con especial atención a planes bajo techo debido a la lluvia. Una agenda práctica y cuidada que reforzó la idea de que elegir bien el ocio también es una forma de cuidar el tiempo compartido.

El Ático volvió a demostrar en esta entrega que la cultura, cuando se aborda desde la honestidad, puede ser refugio, memoria y motor de cambio. Un escenario donde las voces encuentran espacio, los mensajes permanecen y el público puede reconocerse sin artificios.