La Universidad Nebrija ha acogido un encuentro académico en el que investigadores han expuesto las principales conclusiones del próximo número monográfico de la Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos, centrado en el papel de la Unión Europea en los conflictos de la región.
Durante el coloquio, la investigadora Sonia Boulos planteó una reflexión clave: no solo por qué la UE ha fallado como actor de paz en el Mediterráneo, sino qué revelan estos errores sobre su papel global y su capacidad para defender los principios que proclama. En su intervención, subrayó la existencia de una creciente distancia entre los valores declarados por la Unión y sus actuaciones reales en escenarios de conflicto.
El análisis sitúa el origen de esta brecha en una “adaptación pragmática” a intereses geopolíticos como la energía, el comercio o la seguridad, lo que habría llevado a relegar principios como el derecho internacional. Según los expertos, esta tendencia ha debilitado la credibilidad de la UE y su influencia en la región.
Los investigadores coincidieron en que los objetivos fijados en iniciativas históricas como el Proceso de Barcelona de 1995 o la Política Europea de Vecindad no se han materializado. Tres décadas después, la Unión Europea muestra dificultades para influir en conflictos clave del Mediterráneo sur, en un contexto agravado por las consecuencias de las revueltas de 2011 y la inestabilidad persistente en países como Libia o Siria.
En este escenario, los expertos describieron la actuación europea como “débil, vacilante y, a menudo, insuficiente”, especialmente en comparación con su respuesta a otros conflictos internacionales. Además, señalaron que los Estados miembros han priorizado cuestiones como la gestión migratoria o la seguridad fronteriza frente a un enfoque más amplio de construcción de paz.
El encuentro abordó también casos concretos. En el Sáhara Occidental, se destacó la tensión entre intereses económicos y valores políticos en la posición de la UE. En Libia, los analistas subrayaron las dificultades para mantener una estrategia común en un contexto de fragmentación interna. Por su parte, el caso de Túnez fue definido como un “espejismo normativo”, al no haberse consolidado su proceso democrático pese al apoyo europeo.
Otro de los ejes del debate fue la evolución de la narrativa sobre la inmigración en Europa, que ha pasado de considerarse un fenómeno social a tratarse como un problema de seguridad, lo que ha influido en la elaboración de políticas comunitarias.
Asimismo, los expertos advirtieron de nuevos desafíos geopolíticos en la región, como la posible presencia estratégica de Rusia en Libia o el creciente papel de China en el Mediterráneo, factores que aumentan la complejidad del escenario internacional.
El acto concluyó con una reflexión sobre la necesidad de que la Unión Europea redefina su estrategia exterior en el Mediterráneo, reforzando la coherencia entre sus principios y sus acciones para recuperar su papel como actor relevante en la promoción de la paz y la estabilidad.