Sociedad

El emocionante discurso de Antonio Banderas ante el Papa León XIV en Madrid: "El arte debe ser una alternativa a la violencia, a todas las violencias"

Imagen del discurso de Antonio Banderas ante el Papa León XIV

El encuentro del Papa León XIV con la sociedad civil en el Palacio Real de Madrid ha dejado uno de los momentos más emotivos y profundos de su viaje apostólico con el discurso de un conocido representante del mundo de la cultura. A través de una intensa reflexión personal que ha conectado el arte y la Semana Santa de su infancia, el ponente ha reivindicado la creación artística como herramienta de paz y un camino hacia lo espiritual, confesando ante el Pontífice haber sido víctima del "hechizo de Dios".

El encuentro con las autoridades y el tejido cultural en el Palacio Real de Madrid ha tenido como eje central un valiente discurso que ha reivindicado la creación artística como el lenguaje común ideal para reforzar el encuentro con la Iglesia. El orador ha arrancado dirigiéndose a León XIV para asegurarle que hay encuentros que no se miden sólo en el tiempo, sino en su significado, y que su presencia hoy en Madrid no es sólo una visita, es un gesto de escucha, de cercanía, de diálogo con la sociedad civil que esta, sin duda, le agradece.

Durante la alocución, se ha destacado que la relación entre la Iglesia Católica y el arte no ha sido sólo fructífera, sino determinante, llegando a afirmar que la Iglesia ha sido el mayor productor de arte de la historia de la humanidad. En el centro de ese motor creativo se ha situado a Jesucristo, calificado como el gran protagonista de la película de la vida y un icono de paz, de amor, de sacrificio, rodeado de un misterio inagotable, consolidándose como la figura más representada a lo largo de los siglos, los estilos y las culturas.

Los recuerdos de Málaga: "Nació en mí una pregunta que sólo contenía una palabra: Dios"

Evitando una enumeración de datos, filósofos o artistas, el ponente ha preferido ofrecer una pequeña reflexión en voz alta sobre su propia experiencia vital, retrocediendo en el tiempo hasta las celebraciones de la Semana Santa de su querida Málaga, allá por los años 60 del siglo pasado. Al rememorar aquellas manifestaciones populares que toman las calles desarrollando un ritual majestuoso de arte y fe, de cultura y devoción, ha confesado que fue en ese marco de arte popular anónimo, con apenas cuatro o cinco años de edad, cuando nació en él una pregunta que sólo contenía una palabra: Dios.

Las respuestas fueron llegando de manera sencilla, empezando por la que reconoció en los ojos de su madre mientras ésta le clavaba su mirada y su corazón devoto a la Virgen de la Esperanza que pasaba en su trono frente a ellos en aquellos lejanos años. Ese despertar espiritual también se alimentó "a través de la voz que rompía el aire claro de primavera de los cantadores y cantadoras de Saetas, o entre la gente humilde y buena de su ciudad que cada año salían y salen a la calle con su barrio a cuestas portando sus imágenes que les ayudan a buscarse a sí mismos mientras buscan a Dios".

Ese ejercicio colectivo de piedad popular ha sido descrito como una vía de trascendencia donde los fieles se despojan del individualismo, dejando tras ellos el yo para agarrarse a "nosotros". El ponente ha relatado cómo del nosotros pasan al "ellos", del "ellos" al "todos", del "todos" al mundo, del mundo al universo, y del universo a Dios, para después volver a tomar tierra intuyendo que Dios puede estar en cada partícula, en cada molécula, de cada gota de agua, de cada mar, de cada pétalo de rosa, de cada pálpito, de cada suspiro.

El arte como espejo y denuncia frente a las tecnologías

El discurso ha tomado mayor firmeza al recordar que el arte no es sólo belleza, sino que constituye pregunta, reflexión, contraste, revolución y tensión entre lo que sabemos y lo que intuimos. El orador ha defendido que la creación artística ha sido y debe seguir siendo el espejo que refleja vidas que pasan de largo ante el prójimo herido, además de la denuncia de credos vacíos que olvidaron el amor y la voz de alerta para sociedades que se acostumbraron a la injusticia, postulándose siempre como "una alternativa a la violencia, todas las violencias". Una frase que sintetiza muy bien el núcleo del discurso y que ha emocionado seguramente a los presentes, ante la atenta escucha del Papa León XIV, que de forma discreta -como es él- asentía.  

Tomando como ejemplo la propia actitud de Jesucristo, ha hecho un llamamiento directo a los creadores contemporáneos para que el artista actúe con valentía y no abandone el ser instancia crítica a la sociedad, al propio arte y a la propia religión. En un mensaje directo al Pontífice, ha propuesto compartir la obligación de mirar, ver y tratar de entender las complejidades del alma humana ante los grandes interrogantes de la existencia, como quiénes somos, qué sentido tienen la vida y el dolor, qué significa amar de verdad al prójimo como a uno mismo o qué hay más allá.

En este punto, el ponente ha alertado sobre los riesgos de la deshumanización tecnológica actual, advirtiendo que en un mundo que corre, que se fragmenta y que a veces se simplifica en exceso, el arte nos ayuda a recuperar la profundidad. Ha hecho una defensa encendida del alma humana, señalando que está tratando de ser robada por inteligencias artificiales que deben estar al servicio del ser humano y no al revés. Frente a ese peligro, ha reivindicado ese constante susurro de la esperanza de ese algo más, concluyendo que la sociedad necesita seguir creando y compartiendo, seguir preguntando, seguir buscando belleza, pero también verdad, porque allí donde nos atrevemos a preguntar en profundidad siempre comienza un camino hacia lo espiritual.

"Víctima del hechizo de Dios": el guiño a San Agustín y al teatro musical

Para cerrar su intervención, ha rescatado una célebre cita de San Agustín para recordar que la verdadera espiritualidad es la fraternidad que late en el corazón de todo ser humano, así como en el misterioso corazón de Dios. Dirigiéndose al auditorio ha lanzado las palabras del santo que aseguran que "si decís vosotros que los tiempos son malos, sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores, porque vosotros sois el tiempo".

El broche final del acto ha sido una íntima confesión personal ligada a su labor profesional en las artes escénicas, explicando su presencia en el acto con motivo de Gospel, una pieza de teatro musical creada, compuesta e interpretada en Estados Unidos. Tras recordarle con complicidad al Santo Padre que él sabe muy bien que Gospel significa el hechizo de Dios, el orador ha concluido su intervención confesando haber sido víctima del "hechizo de Dios", cerrando el acto entre los aplausos de los asistentes.