La violencia contra profesionales sanitarios también se está trasladando al entorno digital
Hace unos días tuve la oportunidad de asistir como ponente a una jornada centrada en la prevención de agresiones a profesionales en el ámbito de la salud en el Ministerio de Sanidad. Un encuentro necesario que puso sobre la mesa una realidad que quienes trabajamos en seguridad y ciberseguridad vemos cada vez con mayor frecuencia: la violencia no solo se produce en el mundo físico. También está creciendo en el entorno digital.
Durante años, cuando se hablaba de agresiones a profesionales sanitarios, la imagen que venía a la mente era la de un incidente en un hospital o en un centro de salud. Sin embargo, hoy sabemos que el problema es más amplio y más complejo. Las agresiones verbales, amenazas, campañas de desprestigio, suplantaciones o el acoso en redes sociales se han convertido en nuevas formas de presión contra quienes trabajan cuidando de los demás.
Además, estas situaciones no afectan únicamente a médicos o personal de enfermería. En la práctica, impactan también en administrativos, personal de seguridad, profesionales de clínicas dentales, centros de fisioterapia y en muchos otros entornos donde se presta atención sanitaria. Es decir, hablamos de un fenómeno que afecta a todo un ecosistema profesional.
La tecnología ha ampliado los espacios de interacción, pero también ha ampliado los espacios de conflicto. Hoy un ataque no necesita producirse en una consulta o en un pasillo de hospital. Puede comenzar con un comentario en redes sociales, continuar con una campaña de señalamiento o derivar en amenazas directas a través de canales digitales.
Por eso resulta especialmente relevante que estos encuentros empiecen a incorporar el componente digital de las agresiones. Durante demasiado tiempo se ha tratado la violencia contra profesionales sanitarios únicamente desde la perspectiva física, cuando en realidad el mundo online se ha convertido en un nuevo escenario donde también se producen estos ataques.
Desde mi ámbito de trabajo, hay un elemento que considero clave en este debate: la identidad digital.
La forma en la que nos identificamos en Internet, cómo protegemos nuestra presencia digital y qué herramientas utilizamos para garantizar la autenticidad de las interacciones es un factor fundamental para reducir riesgos como la suplantación de identidad, el acoso o determinadas formas de fraude.
Avanzar hacia sistemas de identidad digital más sólidos, seguros y confiables no solo es una cuestión tecnológica. Es también una cuestión de protección para profesionales que, en muchos casos, se encuentran expuestos públicamente por el propio ejercicio de su trabajo.
Otro aspecto que quedó claro durante la jornada es que ningún actor puede afrontar este problema en solitario. La prevención de agresiones —físicas o digitales— requiere colaboración entre administraciones públicas, sector sanitario, fuerzas y cuerpos de seguridad, expertos en seguridad y también el sector tecnológico.
La colaboración público-privada no es una opción deseable; es una necesidad. Solo a través de esa cooperación será posible desarrollar herramientas, protocolos y marcos de actuación que permitan prevenir, detectar y responder de forma eficaz a este tipo de situaciones.
Pero además hay algo que debe quedar claro: frente a las agresiones a profesionales sanitarios debe existir tolerancia cero. No pueden normalizarse ni minimizarse, ni en el mundo físico ni en el digital.
Y cuando estas situaciones ocurren, es fundamental que la víctima no se sienta sola. Debe contar con el respaldo de su organización, de las instituciones y del sistema en su conjunto, con la certeza de que denunciar y actuar no le supondrá un perjuicio, sino que tendrá apoyo para salir adelante.
La violencia contra quienes cuidan de nuestra salud no debería tener cabida en ningún espacio. Ni en el físico ni en el digital.
Porque proteger a los profesionales sanitarios también significa adaptar nuestras estrategias de seguridad a la realidad de un mundo cada vez más conectado.
Y, sobre todo, significa tener claro algo fundamental: cuando se agrede a un profesional sanitario no se ataca solo a una persona, se ataca a todo un sistema que existe precisamente para cuidar de los demás.