La mirada global

La homofobia, una lacra todavía por extirpar en España

La defensa y protección de los derechos humanos siempre ha sido un objetivo principal de las sociedades liberales y progresistas en la historia. En el pasado, se han conseguido por ejemplo avances muy significativos en materia de feminismo, con la legalización del voto de la mujer, su incorporación al mercado laboral y ahora la lucha porque su salario se equipare con el de los hombres, asignatura aún pendiente. También en lo que respecta a la batalla interracial, se ha logrado que las personas no blancas sean consideradas como iguales, algo que no ocurría hasta hace bien poco.

Aunque las victorias citadas anteriormente representan el grueso de la justicia social mundial, existen también otros grupos de personas discriminadas cuyas demandas, aunque de forma más tímida, han ido ganando relevancia en el debate público en los últimos años: es el caso de los homosexuales. Y es que la lucha de las mujeres y hombres atraídos por su mismo sexo, aunque históricamente no ha tenido el mismo amparo ni notoriedad que las reivindicaciones de otros colectivos, ha conseguido finalmente colarse entre los temas relevantes a nivel político y mediático de nuestro presente en las democracias consolidadas.

En España, la homosexualidad goza de una aprobación muy alta, siendo el país más tolerante del mundo, con un 88,7% de aprobación, según el Mapa Arcoíris de ILGA-Europa. Estos datos no son casuales, en 2005 el presidente del gobierno socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, aprobaba el matrimonio entre personas del mismo sexo, con tan solo la oposición del Partido Popular, que presentó un recurso ante el Tribunal Constitucional, y Unió, sumado a un apoyo en la calle del alrededor del 66%.

Pero, aunque ahora la situación es sin duda muy positiva, conviene echar la mirada atrás para comprobar como hace varias décadas la situación de los homosexuales no era en absoluto la misma. Un paradigma de ello son los expedientes del Tribunal Supremo franquista, recopilados en la obra El homosexual ante la sociedad enferma de Armand de Fluviá en 1978, donde se calificaba la homosexualidad de “inversión sexual y erotismo desviado. Repugnante caso que subleva a toda conciencia honesta” Duros términos, tradicionales y aceptados durante el Franquismo, pero intolerables para los tiempos actuales.

Visto lo anterior, resulta razonable afirmar, como comenzaba este artículo, que la situación a día de hoy es muy ventajosa para los homosexuales, gozando de buena imagen y amplios derechos, al menos en España. En pocos años el cambio ha sido mayúsculo, pero el adormecimiento de los poderes públicos y la falta de políticas firmes están despertando de nuevo al fantasma de la homofobia, quizá nunca desaparecido. Conviene pues no solo celebrar las alegrías, lo fácil, sino alertar a su vez, esto ya es más complicado, sobre los casos homófobos que todavía existen, a veces de forma demasiado invisible, sin olvidar los retos que se presentan en el futuro sobre esta cuestión.

Las agresiones y delitos de odio por orientación sexual e identidad de género en España registraron 571 hechos denunciados durante 2025, según el Ministerio del Interior, lo que deja entrever el largo camino que queda todavía por recorrer. El blanco de los ataques suelen ser parejas jóvenes que dan muestras de su condición en la calle, yendo de la mano o besándose, representando Madrid el grueso de estas situaciones, con aproximadamente una agresión cada dos días.

Tras este análisis, conviene meditar a modo de conclusión sobre las acciones que deben llevarse a cabo en los próximos años para derrotar a la homofobia. Por un lado, pensando en el mañana, la concienciación en las aulas y en los medios ha de ser el instrumento principal para que las nuevas generaciones sepan de la importancia del respeto y la empatía hacia los homosexuales. En lo que respecta al presente inmediato, hay que apostar por la inversión en políticas contra la discriminación, apoyando firmemente a las víctimas para que denuncien y demostrándoles que no están solas.