La doble moral de nuestro tiempo: una herida que no deja de sangrar
Todos tenemos cabida en un mundo donde el espíritu humano no esté segregado por lenguas ni por el color de la piel. Todos somos uno y todos anhelamos ser respetados y vivir dignamente.
Los grandes escritores universales nos dejaron algo más que sus escritos: nos dejaron sus sueños, su imaginación, su lucha por la igualdad y, muchos de ellos, incluso su vida por conseguir que este mundo fuera un mundo mejor.
Sin embargo, vivimos en un mundo de doble moral. ¡No nos sorprendamos ahora!
Nos hablan de salud mientras seguimos siendo víctimas de intereses económicos que nos envenenan física y mentalmente: “Don Dinero”.
Nos hablan de un mundo más ecológico mientras continuamos contaminando el mar, el cielo y la tierra: “Don Dinero”.
Nos hablan de justicia mientras miramos hacia otro lado ante la corrupción, la desigualdad, la esclavitud y los negocios de trata de personas: “Don Dinero”.
Nos hablan de derechos de la infancia mientras millones de niños son obligados a trabajar en condiciones infrahumanas: “Don Dinero”.
Y yo me pregunto: ¿somos realmente mejores personas que hace siglos, cuando se torturaba y asesinaba a personajes valientes que cuestionaban las normas establecidas, desafiando las estructuras sociales, religiosas o políticas con ideas innovadoras y adelantadas a su tiempo?
Ellos y ellas se enfrentaron a la persecución e incluso a la muerte. Junto a algunos de ellos quedaron enterrados ideales, pensamientos y conocimientos en la soledad de la incomprensión.
Recordemos a grandes pensadores como Sócrates, condenado a muerte por sus ideas; Hipatia de Alejandría, asesinada en un contexto de fanatismo e intolerancia; o Miguel Servet, ejecutado por sus convicciones religiosas y teológicas.
Todos ellos, de una manera u otra, pusieron en cuestión las certezas de una sociedad que no siempre estaba preparada para escuchar aquello que podía hacer tambalear sus convicciones.
¿Y qué decir de Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, que defendió la abolición de la esclavitud y luchó por los derechos fundamentales de las mujeres? Fue guillotinada en 1793. Su voz fue silenciada, pero sus ideas sobrevivieron.
Las injusticias, el hambre y las enormes diferencias sociales entre ricos y pobres son caldo de cultivo para la delincuencia en sus múltiples ámbitos y para la generación de conflictos y problemas sociales. El sistema está enfermo y nuestra impasibilidad contribuye a agravarlo.
Vivimos bajo un mismo cielo, guiados por un mismo sol, y nuestros sueños son velados por una misma luna, sin embargo, la tierra nos divide en distintos universos.
Necesitamos remedios, respuestas, curas urgentes y eficaces para una sociedad que parece haber aprendido a convivir con el dolor ajeno y necesitamos denunciar a aquellos que se enriquecen a costa de la miseria de otros.
Porque permanecer en silencio también puede convertirse en una forma de complicidad.
Y, sobre todo, recordar que la dignidad humana no tiene fronteras, idiomas, colores ni precio.