El liberal anónimo

Crónica moral de Pedro Sánchez que recomienda una Playlist mientras arde España

Hay momentos en que los pueblos, hartos de calamidades, vuelven la mirada hacia su gobierno con la esperanza —quizá ingenua— de encontrar en él un ápice de sensatez. Y, sin embargo, en España tropezamos con un émulo tardío de aquel Augusto que, según la tradición, tañía la lira mientras Roma ardía. La historia es maestra de repetirse, y ha querido que nuestro viejo imperio no quede libre de este espectáculo. 

Desde los montes septentrionales hasta las marismas meridionales, se consume en llamas políticas, sociales y fronterizas. Mientras la nación se desangra, nuestro mandatario descansa de no hacer nada. Lo hace en su villa insular, un palacete que parece herencia de los Césares, allá perdido entre lava y océano, en donde el ocio se confunde con el gobierno y la holganza con la virtud.  

Pedro Sánchez se rodea de una corte que jamás le contradice y, para su entretenimiento, se entrega a recomendar melodías estivales. El pueblo sufre, pero él ofrece su bálsamo nacional, una «Playlist». Las fronteras se rompen, los invasores se agolpan, los vecinos reclaman orden, el país vecino pide que se los devuelvan, pero nuestro mandatario Sánchez solamente está dedicado, en cuerpo y alma, a su Tic-Toc y al empeño de que escuchemos sus maravillosas melodías. 

Nada perturba la serenidad de Pedro Sánchez, un hombre que aprendió en el vapor de las saunas. Nada le desconcierta. Él y sus circunstancias. Cuando el cielo anunció un eclipse, movilizó a cientos de pretorianos, policías, ejército, aviones y helicópteros para contemplar el fenómeno desde un promontorio caprichoso. España, sumida en tribulaciones, tiene que contemplar cómo su presidente se entrega a la astronomía. Es como Nerón cuando admiraba sus propias composiciones. 

La corte, siempre solícita, cumple bien su papel. Óscar Puente, que escribe sin cesar en “X” para apoyar a sangre y fuego a su amo. Ya no se acuerda del accidente de Adamuz y las docenas de muertos. Marlaska, nuevo prefecto del silencio, se ha hecho experto en cubrir escándalos intentando que nada empañe la figura de su amo. Margarita Robles, matrona hierática, jamás dice nada salvo lo imprescindible y, entretanto asiente. No le faltan los hooligans, esos votantes y lacayos, siempre solícitos que se encargan de proclamar que España marcha viento en popa, aunque el viento sople con fuerza aumentando el incendio.

Así transcurre nuestra vieja España, con el pueblo en zozobra, el país en combustión y las fronteras invadidas y desguarnecidas. Sánchez es imperturbable, aferrado a su Playlist y sus recomendaciones literarias. Solamente las abandona para sus paseos marítimos, escoltado por cohortes policiales y usando todos los medios públicos para sus caprichos. 

Un día leeremos en la prensa que, mientras España ardía, Pedro Sánchez no escuchó clamores porque estaba demasiado ocupado con sus canciones del verano. Y es probable que añadan que, si Nerón tuvo su lira, nuestro presidente Sánchez tuvo su Playlist, música idónea para acompañar el crepitar de las llamas y ocultar los gritos del pueblo.