Calor e ignorancia
Escribo a las 7 de la mañana en Madrid, con un frescor que recorre mi casa, pues he abierto las ventanas para que haya corriente y salga todo el calor acumulado en la tarde noche de ayer. Hoy es San Fermín y se correrá el encierro, dentro de una hora, a las 8. Cuando España estaba en el horario de Greenwich, los pamploneses cantaban hoy esta copla:
“Levántate pamplonica, levántate y pega un brinco
que acaban de dar las cinco y el encierro es a las seis”
Degenerando, degenerando (como dicen en “Amanece que no es poco”) hemos llegado a este punto, en el que cuando se corre el encierro se han desperdiciado ya dos horas de magnífica luz y frescor inigualable. El encierro es sólo un ejemplo. Este horario ha desperdiciado dos horas de frescor para el trabajo, el comercio, la vida social… En estos días de calor insoportable, de muertos por asfixia o insolación, se pone más en evidencia la estupidez profunda de nuestros gobernantes. El cambio de hora de verano, perpetrado en marzo, hace que España desperdicie, en estos terribles momentos, una o dos horas de bienestar (según se mida por el horario de Franco o por el de Greenwich) y las sustituya por una o dos horas de infierno, libremente aceptado.
No tiene sentido que en Madrid la hora de máxima temperatura sean las seis de la tarde y que desde que amanece, a las cinco, hasta la apertura de los comercios, pasadas las 9, se tiren literalmente cuatro horas frescas para el trabajo. Es la estupidez de los políticos, particularmente en democracia. Todos son culpables. ¿El que más? Tal vez Rajoy, por tres motivos: tuvo mayoría absoluta para cambiar; es de Pontevedra, ciudad que, por estar al oeste, padece con mayor rigor estas estupideces del cambio horario; y gusta de pasear por las mañanas temprano, lo que le hace ser consciente de que cuando él sale ya se han tirado un par de buenas horas de fresco.
Si el infierno climático que nos atenaza no hace que se cambie de una vez este absurdo sistema horario y se opte por cualquiera de los anteriores, los políticos no solo serán ineptos sino que podrán entrar en esa categoría que tanto gusta a la izquierda; la de asesinos.