Dignora Hernández: “No existe transición posible en Venezuela sin soberanía popular, justicia y verdad”

Dignora Hernández, exdiputada de la Asamblea Nacional elegida en 2015 y dirigente del partido Vente Venezuela

Tras meses de reclusión en El Helicoide, la exdiputada y dirigente de Vente Venezuela relata su detención, denuncia la instrumentalización judicial del régimen y advierte que sin justicia, memoria y soberanía popular no puede haber una verdadera transición democrática en Venezuela.

Dignora Hernández, exdiputada de la Asamblea Nacional elegida en 2015 y dirigente del partido Vente Venezuela, fue liberada recientemente tras permanecer detenida como presa política en El Helicoide. Desde el interior del país, aún sometida a un régimen de presentación y con prohibición de salida del país, ofrece a El Diario de Madrid un testimonio exhaustivo y directo sobre su detención, la vida en prisión política y la situación actual de Venezuela. Una conversación fiel a sus palabras, que busca dar voz -en España y ante la comunidad internacional- a millones de venezolanos sin libertad.

Para situar al lector, ¿quién es Dignora Hernández y cuál ha sido su trayectoria política?

Mi nombre es Dignora Hernández. Fui diputada de la Asamblea Nacional electa en 2015. Allí ejercí como subjefa de la Fracción Parlamentaria 16 de Julio, un grupo que se caracterizó por ser muy crítico no solo del régimen, sino también de sectores de la oposición que comenzaron a normalizar la tiranía. Eso no es nuevo: siempre han existido simuladores de lucha en la oposición venezolana.

Desde esa fracción impulsamos, entre otras iniciativas, la declaratoria de persona non grata contra José Luis Rodríguez Zapatero. Aquella votación dejó en evidencia a diputados que no querían votar, que se salían del hemiciclo o se abstenían. Sabían que Zapatero tenía relaciones con más de un sector de esa falsa oposición. No habíamos ganado la mayoría en 2015 para devolvernos o cambiar el objetivo de la lucha. El objetivo era y es la libertad de Venezuela.

Después decide cambiar de organización política. ¿Por qué?

Porque estaba decepcionada de esa oposición falsa. Hablé con quien me había postulado y le expliqué que no compartía las posiciones de la organización. Le pedí retirarme para incorporarme a una que fuera coherente con el objetivo por el cual participé en 2015. Fue un proceso respetuoso.

En 2018 me incorporo a Vente Venezuela. Comencé como afiliada y luego pasé a formar parte de su Dirección Nacional. Hoy trabajo junto a María Corina Machado, Pedro Urruchurtu, Claudia Macero, Omar González, Humberto Villalobos, Magalli Meda o Catalina Ramos. Me siento orgullosa de ese equipo.

Fui Coordinadora de Operación Política del comando de campaña de María Corina Machado, encargada de la articulación con distintos factores políticos. Ese rol me puso directamente en la mira del régimen.

¿Cómo se produjo su detención?

El 20 de marzo de 2024, alrededor de la una de la tarde, una veintena de hombres y mujeres armados se aproximaron a la esquina de la residencia de mi hermana, donde yo vivía. No se identificaron. Fue una cacería. Yo me identifiqué tres veces: diputada de 2015, miembro del comando de campaña de María Corina Machado y dirigente de Vente Venezuela. Nadie respondió.

Por instinto corrí. Luego supe que había vehículos apostados en todos los puntos: era una emboscada. Grité “auxilio”, no solo por mí, sino por el país. Finalmente me capturaron y me trasladaron al Helicoide.

Allí, mientras el régimen repetía que en Venezuela no había presos políticos, a mí me dijeron con claridad: “Usted es una presa política y saldrá cuando haya una negociación”.

¿Qué ocurrió después, a nivel judicial?

La audiencia de presentación la llevó el mismo juez que había ordenado mi aprehensión. La orden de captura se leyó después de la detención y nunca me fue mostrada. La audiencia preliminar se realizó aproximadamente 72 días después. Exigí defensa privada y denuncié la inconstitucionalidad del procedimiento. El juez reaccionó con hostilidad, descalificando incluso a mi abogado. Me negué a firmar esa audiencia porque no la reconocí como válida.

Desde el inicio supe que no tenía posibilidad real de defensa dentro de ese sistema.

¿Cómo se sobrevive a una cárcel política?

Tomando decisiones. Cito mucho a Viktor Frankl: al ser humano pueden quitarle todas las libertades menos una, la de decidir cómo enfrentar la adversidad. Entendí que lo que vivía era consecuencia de una lucha que yo misma había descrito y asumido.

Viví entre risas y llantos, oración, ejercicio, música. Dios fue mi refugio; mi familia, mis amigos, mi patria y la libertad estuvieron siempre conmigo. Me levantaba cada día diciéndome: “Hoy puedo lograr el día”.

En prisión conocí la maldad y la bondad. Quien humilla y quien, dentro de ese mismo sistema, intenta hacerte la vida menos miserable. Esa fragilidad humana explica por qué algunos agradecen gestos mínimos. Yo traté de mantenerme firme. Salí libre de alma, de conciencia y de convicciones.

¿Cómo valora la actitud internacional ante la crisis venezolana?

Fue muy tímida. Se apeló a una falsa soberanía para no actuar. Se decía que el pueblo debía resolver, cuando ese pueblo estaba perseguido y reprimido. La Organización de las Naciones Unidas terminó siendo un buzón de quejas.

Se permitió la injerencia de Cuba o Rusia, pero se llamó “injerencismo” a la crítica democrática. Zapatero ha jugado un papel profundamente dañino al presentar a Nicolás Maduro como demócrata. Si hoy tiene la llave para liberar presos, también la tuvo para encerrarlos.

Usted ha sido liberada, pero no en libertad plena. ¿Qué significa eso?

Estoy bajo régimen de presentación cada 30 días y con prohibición de salida del país. Esta no es una amnistía real. Es una ley del perdón forzado que revictimiza: nos obligan a pedir perdón por delitos inexistentes y a prometer no repetir lo que nunca hicimos.

Otros compañeros siguen con brazalete electrónico. Es una ley discrecional y propagandística.

¿Cómo valora el momento político actual?

La transición no es cambiar de traje ni de discurso. La transición implica libertad, justicia y soberanía popular. El pueblo eligió a Edmundo González Urrutia y esa voluntad no está representada en el poder.

Puede haber estabilización o intentos de recuperación económica, pero sin libertad no hay transición. Mientras existan presos políticos, exiliados sin retorno y un gobierno no elegido, no hay democracia.

¿Qué ha percibido en la calle tras su liberación?

Esperanza. Una esperanza contenida, pero firme. En mi pueblo, Guama, me recibieron con caravanas y banderas. Desde el 8 de febrero vivo un “domingo eterno”. La gente sabe que la libertad está cerca.

María Corina Machado es la líder indiscutible. Y Edmundo González representa coherencia y dignidad. El régimen lo sabe y por eso sigue golpeando.

¿Es posible juzgar lo ocurrido tras casi 30 años de régimen?

Es imprescindible. Venezuela debe ser un ejemplo de lo que no debe volver a ocurrir. Sin memoria, justicia y verdad, no hay democracia. Pero justicia con derechos humanos, no con venganza.

Hoy el país está devastado: apagones diarios, servicios colapsados, salarios de miseria, empresas expropiadas y trabajadores que, literalmente, cobran esperanza.

En Europa hay partidos que siguen defendiendo estos modelos. ¿Qué les diría?

Que miren la realidad. No hace falta viajar: basta ver a un pueblo empobrecido y a una élite enriquecida. Venezuela y Cuba no son modelos a seguir; son advertencias.

Cuando se relativiza la libertad, se abre la puerta al autoritarismo. Y eso no es solo un problema venezolano.

Para cerrar, ¿qué mensaje quiere dejar?

Que no existe transición posible si se deja fuera a la gente, y la gente quiere TODO, no libertad a medias. La gente quiere full democracia, full derechos, full libertad. Y sin soberanía popular, no hay democracia. No se puede maquillar una tiranía ni reciclar a sus responsables.

Venezuela merece libertad real. Y esa libertad llegará. Para eso nos estamos organizando y preparando cada día, hasta que podamos volver a elegir.