El valle alto del río Lozoya, en la Comunidad de Madrid, pudo haber sostenido entre 14 y 33 neandertales hace aproximadamente 90.000 años, según concluye una investigación que apunta a este enclave montañoso como un posible refugio ecológico durante el Pleistoceno superior.
El trabajo ha sido liderado por la investigadora predoctoral de la Universidad Complutense de Madrid, Beatriz Trejo, y reconstruye por primera vez la capacidad ecológica del territorio a partir de la fauna que habitaba la zona en aquel periodo.
El estudio se basa en los fósiles de la Cueva del Camino
La investigación, publicada en la revista científica Landscape Ecology, toma como referencia el registro fósil de la Cueva del Camino, situada en el yacimiento de Calvero de la Higuera, en Pinilla del Valle.
El trabajo fue dirigido por el investigador de la Universidad de Sevilla, Guillermo Rodríguez-Gómez, y el investigador de la Universidad de Castilla-La Mancha, Theodoros Karampaglidis.
El objetivo fue reconstruir por primera vez la capacidad del ecosistema del valle durante el Pleistoceno superior para sostener grupos de neandertales.
El análisis se centró en nueve especies de grandes herbívoros
Para desarrollar el estudio, los investigadores analizaron la distribución y abundancia potencial de nueve especies de grandes herbívoros presentes en la zona durante ese periodo.
Entre las especies estudiadas se encuentran ciervos, caballos, uros, rinocerontes, corzos, jabalíes y rebecos, cuya presencia permitió estimar la disponibilidad de recursos para los grupos humanos.
A través de modelos que combinan datos fósiles y reconstrucciones paleoclimáticas, el equipo calculó la biomasa disponible y evaluó la capacidad real del ecosistema para mantener población neandertal.
La disponibilidad de recursos variaba según las especies
Los resultados muestran que las condiciones del valle no eran iguales para todas las especies.
Mientras que el ciervo disponía de amplias áreas adecuadas para su desarrollo, el rebeco encontraba un hábitat mucho más limitado, una circunstancia que influía directamente en los recursos disponibles para los grupos de cazadores-recolectores.
A partir de esos datos, los investigadores estiman que el entorno podría haber sustentado entre 14 y 33 neandertales en los momentos más favorables.
Los autores descartan una ocupación permanente
El estudio precisa que esa cifra no implica la existencia de una población estable ni una ocupación continua del valle.
Los autores subrayan que se trata de la capacidad potencial del ecosistema para albergar pequeños grupos humanos de forma recurrente, dependiendo de las condiciones del entorno.
En este sentido, consideran que los resultados ayudan a comprender el posible papel del valle alto del Lozoya como refugio ecológico para los neandertales en el interior de la Península Ibérica durante un periodo del que apenas se conservan yacimientos arqueológicos en la región.
Un avance para comprender la presencia neandertal en el interior peninsular
La investigadora Beatriz Trejo destacó que el valle alto del Lozoya pudo ofrecer recursos suficientes para pequeños grupos neandertales, aunque esos recursos dependían de la estructura del paisaje y de la distribución de las presas.
Asimismo, recalcó que la investigación no plantea una ocupación continua, sino la existencia de un entorno favorable para presencias recurrentes en momentos concretos.
Por su parte, Guillermo Rodríguez-Gómez señaló que la principal aportación del trabajo consiste en pasar de una descripción del registro faunístico a una estimación cuantitativa de la capacidad ecológica del territorio, lo que permite comprender mejor las condiciones que favorecieron la presencia de los neandertales en los paisajes montañosos del interior de la Península Ibérica.