Andanzas. Vivencias. Poesía

El legado de Johann Wolfgang Von Goethe

Goethe nos propone que, para el cultivo de nuestro espíritu, “Todos los días deberíamos oír un poco de música, leer una buena poesía, contemplar un cuadro hermoso y si es posible decir unas palabras sensatas”.  Para mi propio deleite, he hecho casi todo lo que Goethe nos sugiere en su cálido mensaje. Solo me falta decir algunas palabras sensatas. Inspirada en este genio nacido en Frankfurt,1749, me propongo acercarme a su mundo, rico en saberes y aventuras y fértil en la creación literaria, como poeta, novelista y dramaturgo. Hombre de ciencia, a la vez que filósofo y jurista. Un hombre de acción, esforzado, quien además sabe cuidar su mundo interior. Su gran aliada es la curiosidad que lo lleva a escudriñar la Naturaleza, el pétalo que se desgaja, el árbol frondoso, la humilde violeta, los metales en las entrañas de la tierra. ¡Naturaleza! Ella nos circunda y nos abraza: sin que podamos separarnos de ella. La humanidad reside en ella y ella en la humanidad… La paloma protesta contra el aire, sin darse cuenta de que es lo único que le permite volar. (Goethe)

Su trabajo científico es minucioso del cual sustrae grandes enseñanzas. Su pasión por la naturaleza le despierta un panteísmo filosófico. Su curiosidad se extiende hacia los arcanos del universo, incluidas las estrellas y constelaciones. La luna le sonríe y a ella le canta en dolientes poemas. Amante de la luz, estudia los colores del universo. La luz del sol se le transforma metafóricamente en la luz de la Razón en perfecto balance con la Vida. Alguien lo define como un aristócrata del espíritu. Y él dice de sí mismo: “He sido un hombre, lo cual quiere decir un luchador”. Fausto, el personaje de su máxima obra dramática, desespera por alcanzar el conocimiento en su totalidad, por rebasar el infinito. Para Goethe, esa misma ambición por saber y comprender define las metas que se impone. Sus obras completas abarcan 148 volúmenes. Incluyen, además de su obra de creación, un minucioso diario de muchos años, su autobiografía, Poesía y Verdad, (1811), colecciones de dibujos, 9.000 ejemplares de minerales y fósiles, sus estudios sobre osteología y el archivo de doce mil cartas recibidas y veinte mil escritas por él. Siempre está atento a la historia de las ideas y la historia política de su tiempo. Su pensamiento filosófico y su obra literaria evolucionan en tres ciclos el ilustrado, el prerromántico y el clásico. Fausto, su obra maestra participa de las tres estéticas.

Su época es considerada la Segunda Edad de Oro de la literatura alemana. Goethe la comparte con otros grandes creadores y pensadores: Beethoven, Kant, Schiller. Atestigua la independencia de los Estados Unidos y las colonias españolas en Latinoamérica, la Revolución Francesa, Napoleón Bonaparete y sus avances en Alemania hasta su propia casa. Entabla amistad con Frederck Schiller y Johann Gottfried Herder, líder del movimiento ‘tormento y empuje’ cuyo ideal estético es un rechazo al racionalismo y un encuentro con la naturaleza y la exaltación de las emociones. Su permanencia en Italia por dos años, lo pone en contacto con el mundo clásico.

Acabo de leer su novela romántica, Los Padecimientos del joven Wether (1774). Fresca en mi memoria, puede hablar de la belleza del lenguaje, la fuerza de los sentimientos y la presencia de la naturaleza que se contagia de sutil erotismo. El trágico desenlace es el suicidio. Esta novela le dio fama en toda Europa en pleno apogeo del romanticismo.

Goethe descifra la mente humana, su potencial para saber y crear. Insiste en que No basta saber. Se debe aplicar. No basta querer. Se debe hacer. La libertad solo la merece quien sabe conquistarla cada día. Su cometido ha sido humanizar al mundo. Valiosa heredad