La corrección de la vista cansada podría avanzar hacia tratamientos más adaptados a las características visuales de cada persona gracias a una investigación internacional en la que participa el Instituto de Óptica del CSIC (IO-CSIC). El nuevo trabajo profundiza en un fenómeno descubierto por este mismo equipo en 2019 y abre la puerta a desarrollar correcciones ópticas personalizadas para determinados pacientes.
La investigación, realizada junto a la Universidad de Pensilvania, analiza los efectos de la llamada monovisión, una técnica utilizada para corregir la presbicia que consiste en ajustar un ojo para ver correctamente de lejos y el otro para enfocar los objetos cercanos. Se trata de una solución empleada por millones de personas en todo el mundo.
Sin embargo, los investigadores descubrieron que esta estrategia puede provocar diferencias en la velocidad con la que el cerebro procesa las imágenes procedentes de cada ojo. Aunque la diferencia se sitúa en apenas unos milisegundos, puede tener consecuencias sobre la percepción de objetos que están en movimiento.
Una ilusión que puede alterar la percepción de la distancia
El trabajo inicial, publicado en 2019, mostró que la imagen borrosa procedente de uno de los ojos puede ser procesada por el cerebro más rápidamente que la imagen nítida del otro ojo.
Ese desfase temporal puede generar una variante del denominado efecto Pulfrich, una ilusión óptica y neurológica por la que un objeto que se mueve horizontalmente puede percibirse como si estuviera desplazándose en profundidad.
En determinadas circunstancias, el fenómeno puede provocar que un objeto en movimiento parezca encontrarse a una distancia diferente de la real. Los investigadores señalaron entonces que el efecto podía llegar a ser de varios metros y que, en situaciones como la conducción, podía tener implicaciones para la seguridad.
La investigación actual permite avanzar un paso más en la comprensión de este fenómeno.
Una de cada tres personas puede percibir la ilusión
El nuevo estudio, publicado en Investigative Ophthalmology & Visual Science, ha analizado a más de medio centenar de participantes, tanto con presbicia como sin ella.
Los resultados muestran que el fenómeno no es exclusivo de las personas con vista cansada. La diferencia en el procesamiento de las imágenes aparece prácticamente en toda la población, aunque la intensidad con la que se manifiesta varía de unas personas a otras.
Según el estudio, alrededor del 30% de los participantes experimenta la ilusión con una intensidad suficiente para que pueda ser perceptible y potencialmente relevante.
Los investigadores han desarrollado además un dispositivo portátil capaz de medir rápidamente la intensidad de esta ilusión en cada persona. Esta herramienta podría facilitar la identificación de aquellos pacientes en los que el efecto resulta especialmente significativo.
Hacia correcciones ópticas adaptadas a cada paciente
Una de las principales aportaciones del trabajo es precisamente la posibilidad de avanzar hacia una corrección personalizada de la presbicia.
Los investigadores han desarrollado el denominado “índice de visibilidad de la ilusión”, que permite estimar en qué personas el fenómeno puede resultar perceptible y en cuáles probablemente pasará desapercibido.
La investigación confirma además que una de las soluciones planteadas inicialmente sigue siendo válida: incorporar un filtro oscuro en la lente correspondiente al ojo borroso puede ralentizar el procesamiento de esa imagen y compensar la diferencia temporal entre ambos ojos.
La novedad es que esta compensación no tendría por qué ser igual para todo el mundo. La intensidad necesaria podría determinarse individualmente a partir de las características de cada paciente.
Una tecnología que podría evolucionar hacia sistemas dinámicos
El trabajo también plantea posibilidades más avanzadas para el futuro. Los investigadores apuntan a sistemas capaces de modificar dinámicamente las condiciones de la imagen que recibe cada ojo dependiendo de factores como la distancia del objeto o las condiciones de iluminación.
Estas soluciones todavía se encuentran en una fase conceptual, pero podrían contribuir al desarrollo de una nueva generación de correcciones ópticas capaces de adaptarse mejor al funcionamiento del sistema visual de cada persona.
El proyecto cuenta además con una patente que protege tanto la nueva corrección óptica como la herramienta desarrollada para estimarla.
Los avances logrados en esta línea de investigación han contribuido también al reconocimiento de Víctor Rodríguez-López, investigador del Instituto de Óptica del CSIC, con el Premio Transferencia y Emprendimiento del CSIC en su tercera edición, dentro de la categoría novel de la modalidad de Transferencia de Tecnología.
La investigación supone así un paso hacia una corrección de la presbicia que no se limite a mejorar la nitidez de la visión, sino que tenga en cuenta cómo procesa el cerebro las imágenes procedentes de cada ojo y las diferencias individuales que pueden influir en la percepción del movimiento.