VIR: el aroma del origen que une dieciocho pueblos y treinta y ocho voces
Estuvimos, queridos lectores, en el Primer Salón VIR celebrado en Madrid el pasado 2 de marzo, y la experiencia nos dejó una pregunta que muchos se hicieron allí mismo: ¿qué significan realmente estas siglas, VIR?
VIR, Viticultores Independientes de Rioja, es mucho más que un nombre; es la voz valiente de una Rioja que reivindica su esencia más pura: la del viñedo, el paisaje heredado y las manos que trabajan la tierra con una dedicación que se transmite en cada sorbo. Esta unión de pequeñas bodegas demuestra que la grandeza del vino nace en la parcela, en la diversidad de pueblos y suelos, y en la libertad de elaborar con identidad propia. Su movimiento, que ya ha reunido a decenas de viticultores y a cientos de amantes del vino en encuentros únicos, celebra la filosofía, la ciencia y la cultura que laten detrás de cada cepa, recordándonos que el vino merece —y mucho— estar presente en los espacios donde se piensa, se dialoga y se honra su origen.
Dieciocho pueblos, treinta y ocho voces que cuentan sus historias… en cada botella.
VIR: el aroma del origen que une dieciocho pueblos y treinta y ocho voces
Y allí estuvimos catando los vinos de Oliver Riviere (Alto Najerilla), Exopto (Sierra Cantabria y el Monte Yerga), Las Orcas (Laguardia), Valcuerna (Alto Najerilla, Cordovín), Gil Berzal (Laguardia), Jade Gross (San Vicente de la Sonsierra) y Tierra (Labastida). Vinos que, aun siendo distintos, comparten una vibración común, una huella aromática que habla de VIR incluso antes de pronunciar su nombre. Una misma manera de entender el origen.
Moléculas como el linalool, la damascenona o la ionona despliegan cítricos, flores y mentolados que envuelven, seducen y fascinan. Una sinfonía aromática que deja huella y que, botella a botella, confirma que la identidad también se escribe en el aire que desprende un vino.
Y… ¿qué significa esto? Que aunque cada zona tenga su acento —la frescura del Najerilla, la tensión de la Sonsierra, la profundidad de Laguardia, la energía del Monte Yerga— todas comparten un lenguaje molecular común: un perfil aromático limpio, floral, fresco, lleno de matices etéreos y especiados que hablan de viñedos vivos, suelos expresivos y manos que no intervienen más de lo necesario. Eso es, en el fondo, lo que huele a VIR.
Y si comentamos lo que ya se sabe —que el vino nace en el viñedo, que VIR representa diversidad, arraigo y una manera honesta de entender Rioja— nosotros decimos que VIR representa algo aún más profundo: una conciencia colectiva. VIR es la certeza de que el vino no solo se cultiva, sino que se piensa; que no solo se elabora, sino que se defiende; que no solo se bebe, sino que se escucha. VIR es la unión de quienes creen que la identidad nace en la tierra y se expresa en cada botella con verdad, valentía y una belleza que no necesita artificios.
Y es precisamente esa conciencia, compartida entre viticultores y amantes del vino, la que convierte a VIR en un movimiento que no solo habla de Rioja, sino del futuro del vino entendido como cultura, como ciencia y como filosofía.
Entrelazamos con el arte: … Así como Monet pintó La Catedral de Rouen decenas de veces para mostrar cómo la luz transformaba la piedra, VIR muestra cómo el paisaje transforma el vino. Ambos movimientos rechazan la uniformidad y celebran la identidad irrepetible del origen.
Os invitamos a sentir el vino. Hasta la próxima entrega