Aumentan en Vallecas los locales reconvertidos en viviendas y pisos turísticos, alertan los vecinos
Vecinos de Puente de Vallecas denuncian el aumento de locales convertidos en viviendas y alojamientos turísticos, lo que reduce el comercio y la vida del barrio
Los vecinos de Puente de Vallecas han levantado la voz ante un fenómeno que, según denuncian, está transformando de forma acelerada la fisonomía del distrito: la conversión de antiguos comercios en viviendas y alojamientos turísticos (VUT). Asociaciones vecinales y residentes coinciden en que se trata de una práctica cada vez más frecuente, que está erosionando la vida cotidiana de los barrios y afectando al tejido comercial tradicional.
Javier Moral, integrante de la Asociación Vecinal Doña Carlota de Numancia, asegura que la situación “va a más” y que se están habilitando como viviendas espacios que “no reúnen las condiciones de habitabilidad”. En el caso de las VUT, añade, los turistas “se meten en cualquier sitio”, dando lugar a alojamientos que parecen ignorar la normativa: “Parece que ahora la cédula de habitabilidad no existe”.
La transformación no solo afecta a la estructura urbana, sino también a la vida social. Con la desaparición de ultramarinos, mercerías, bares o peluquerías, también se diluyen los puntos de encuentro vecinales. “Antes había conversación, actividad, movimiento. Ahora solo pasan turistas que vienen y van o trabajadores que duermen en cuartos sin ventilación”, lamenta Moral.
Luis Sánchez-Grande, de la Asociación Vecinal Kascoviejo VK, coincide en el diagnóstico: donde antes había negocio y convivencia, hoy hay persianas bajadas, reformas improvisadas y un vecindario que cada vez debe desplazarse más lejos para hacer la compra o ir a la farmacia. “Los locales desaparecen y con ellos la calle”, resume una vecina que lleva meses documentando estos casos.
Locales que ya no parecen locales
Europa Press ha podido comprobar cómo escaparates de fruterías, tabernas o droguerías han sido sustituidos por puertas enrejadas, ventanas con macetas y fachadas que simulan viviendas convencionales. La escena se repite en barrios como Palomeras Bajas, Entrevías, San Diego y Nueva Numancia, donde todavía sobreviven rótulos que recuerdan lo que esos locales fueron.
En las calles Carlos Aurioles y Doctor Sánchez, un rótulo de “Casa de Huéspedes” anuncia cinco habitaciones a pie de calle, baño compartido y acceso mediante códigos digitales. El alojamiento, con gestión “100% virtual”, se ofrece desde 47 euros la noche. En otros casos, puertas metálicas sin ventanas esconden pequeñas estancias destinadas a visitantes con bajo presupuesto.
Pero no todo son turistas. También hay familias residentes en estos bajos reconvertidos, muchas veces sin las condiciones mínimas de luz, ventilación o espacio. “Son viviendas que no deberían serlo”, advierte Jorge Nacarino, presidente de la FRAVM, quien confirma que la conversión de locales en viviendas lleva años produciéndose, pero que la tendencia hacia las VUT se ha disparado recientemente.
Un barrio con menos luz, menos gente y más inseguridad
La pérdida de comercios y de actividad está generando, además, una sensación creciente de inseguridad. Calles antes llenas de vida se han vuelto zonas oscuras, con poco tránsito y sin la vigilancia informal que aporta el comercio local.
“Aquí antes había gente entrando y saliendo todo el día. Ahora las calles están muertas”, relata una vecina de Vallecas. “No sabes quién está detrás de esas puertas, y no es difícil alquilar con identidades falsas cuando la gestión es remota”.
La FRAVM coincide en señalar que las VUT representan un “agujero negro” para la seguridad y que su expansión está cambiando el carácter de los barrios. La falta de escaparates iluminados, sumada al cierre de bares y comercios, ha transformado calles que antes invitaban a pasear en zonas donde “se experimenta cierto miedo”, como señala Moral.
La normativa y sus límites
El Ayuntamiento recuerda que el Plan Reside impide convertir locales en pisos turísticos en el centro histórico y en vías terciarias principales. En Puente de Vallecas, quedan blindadas la avenida de San Diego, la avenida de la Albufera, Monte Igueldo y Martínez de la Riva. No obstante, este marco no evita que la práctica continúe ampliándose en calles secundarias o zonas no protegidas.
Vecinos y asociaciones temen que, de seguir así, resulte imposible recuperar la vida comercial y social del barrio. Los precios para abrir negocios son prohibitivos y los locales disponibles escasean. En un distrito próximo a Retiro y bien conectado con Atocha, la rentabilidad turística pesa más que cualquier iniciativa comunitaria.
Nacarino concluye que será necesario proteger el comercio local igual que se protege la vivienda: “Al final, el comercio da vida a una ciudad”.