Más polen y durante más tiempo: así será la primavera para los alérgicos
El aumento de las temperaturas, las abundantes lluvias registradas y los efectos del cambio climático dibujan un escenario de alta incidencia, con una polinización más temprana, intensa y prolongada.
Según los expertos, millones de personas podrían sufrir síntomas más duraderos y severos en comparación con años anteriores.
Cambio climático y polinización: temporadas más largas y precoces
Los especialistas señalan que el cambio climático está modificando de forma significativa el calendario polínico. Las primaveras son cada vez más largas y las plantas adelantan sus ciclos, lo que provoca una mayor exposición a los alérgenos.
El incremento del dióxido de carbono en la atmósfera también influye directamente en la vegetación, favoreciendo una mayor producción de polen. Este fenómeno se traduce en una floración más abundante y, en consecuencia, en una mayor concentración de partículas alergénicas en el aire.
Además, se está produciendo un cambio en la distribución geográfica de algunas especies, con la expansión de plantas altamente alergénicas en zonas donde antes no eran habituales.
Zonas de mayor impacto: centro peninsular y sur
Las previsiones apuntan a que regiones del interior como Castilla-La Mancha, Castilla y León, el norte de Andalucía y Extremadura registrarán los niveles más altos de polen, especialmente de gramíneas.
En paralelo, el polen del plátano de sombra ya está mostrando niveles elevados en ciudades del Mediterráneo, mientras que el olivo se perfila como uno de los principales protagonistas de la temporada, con una polinización especialmente intensa prevista para el mes de mayo.
Los expertos recuerdan que este tipo de polen puede desplazarse a grandes distancias, lo que implica que su impacto no se limita únicamente a las zonas donde se cultiva.
Más pacientes y síntomas más complejos
La alergia respiratoria continúa creciendo en España. Se estima que entre siete y ocho millones de personas padecen rinoconjuntivitis alérgica, una cifra que refleja la magnitud del problema sanitario.
Los especialistas advierten de que los cuadros clínicos son cada vez más complejos, con pacientes que presentan sensibilización a múltiples pólenes y síntomas más persistentes.
Ante este escenario, reclaman un refuerzo del sistema sanitario, especialmente en el número de alergólogos, y una mayor presencia de esta especialidad en la formación universitaria.
Prevención: adelantarse a los síntomas
Los expertos insisten en la importancia de anticiparse al inicio de los síntomas. Recomiendan comenzar el tratamiento de forma preventiva, siempre bajo supervisión médica, para evitar complicaciones cuando la concentración de polen alcanza sus picos máximos.
También aconsejan consultar los niveles de polen de forma periódica, reducir la exposición en días de alta concentración y adaptar los hábitos cotidianos.
Entre las medidas prácticas, destaca evitar tender la ropa al aire libre, ya que los tejidos pueden acumular polen y facilitar su entrada en el hogar. Asimismo, se recomienda ventilar la vivienda en periodos breves y planificar desplazamientos teniendo en cuenta las zonas de mayor impacto.
Un reto creciente para la salud pública
La comunidad científica subraya que la alergia al polen se está consolidando como un desafío creciente para la salud pública, impulsado por factores ambientales y climáticos.
En este contexto, los especialistas apuestan por avanzar hacia una medicina más personalizada, con tratamientos adaptados a cada paciente y el uso de nuevas herramientas tecnológicas para mejorar el diagnóstico y la eficacia terapéutica.