Forenses prevén hasta una semana para identificar a las víctimas del accidente de Adamuz
Las labores de identificación de las personas fallecidas en el siniestro ferroviario en Adamuz —que ha dejado al menos 40 víctimas mortales y más de 150 heridos— han entrado en una fase crítica tras la recuperación de decenas de cadáveres y la activación de un amplio dispositivo forense y policial.
El proceso, que se desarrolla en el Instituto de Medicina Legal de Córdoba, combina métodos tradicionales como la comparación de huellas dactilares con técnicas más complejas como el uso de muestras de ADN, así como la recopilación de datos “ante‑mortem” aportados por familiares —edad, ropa, rasgos distintivos— para cotejar con los restos recuperados.
Según fuentes regionales, las autoridades han movilizado un equipo reforzado de 27 médicos forenses procedentes de varias provincias andaluzas para atender la magnitud de la tragedia y garantizar turnos continuos de trabajo en la identificación de los cuerpos.
Expertos han advertido que el ritmo de esta labor será lento, puesto que la identificación plena de cada víctima requiere comprobaciones exhaustivas y, en muchos casos, análisis complejos con ADN o contrastes con bases de datos oficiales. Esta circunstancia hace que tareas que en otros casos podrían resolverse en horas “se prolonguen días o incluso una semana”, según estimaciones de profesionales consultados por medios regionales.
Para agilizar el proceso, la Guardia Civil ha habilitado oficinas de ADN en varias ciudades del sur y centro de España en las que familiares de posibles víctimas pueden aportar muestras y documentación que facilite los cotejos.
Hasta el momento, han llegado al Instituto de Medicina Legal de Córdoba 37 cuerpos recuperados, de los cuales se han practicado más de 20 autopsias y se han podido identificar plenamente a varias personas gracias a las huellas dactilares. Sin embargo, continúan abiertas 43 denuncias por desaparición entre pasajeros que viajaban en los trenes siniestrados.
El contexto del accidente —considerado uno de los más graves de los últimos años en España— y el volumen de víctimas implicadas han subrayado la complejidad de los protocolos forenses, que implican coordinación entre policías, técnicos, médicos y el apoyo psicológico a familiares.