Sociedad

La "emergencia antropológica" según María Calvo: Matrimonio, masculinidad, feminidad y el reto de humanizar a los hijos

María Calvo en la ponencia sobre la familia organizada por CEU-CEFAS

En una interesante ponencia en un ciclo de conferencias de CEU-CEFAS, la profesora María Calvo Charro ha radiografiado lo que considera una crisis de civilización sin precedentes. Para la jurista, no estamos ante una crisis económica o política más, sino ante una crisis de la antropología que nos ha llevado a la deshumanización. "Se ha establecido una nueva ética, una nueva metafísica, una nueva antropología que nos ha desestructurado", sentenció la académica, subrayando que se están eliminando las dimensiones física, intelectual y espiritual que definieron a Occidente durante siglos.

El matrimonio como "útero virtual" y esencia de la familia

Calvo fue especialmente incisiva al hablar de la estructura familiar, denunciando que las políticas actuales se centran en los hijos o en situaciones de vulnerabilidad, pero olvidan la base de todo: la unión de los cónyuges. "La esencia del matrimonio, la esencia de la familia, es el matrimonio" , afirmó, lamentando que no exista ni una sola política destinada a proteger esta institución.

Para la ponente, el matrimonio actúa como un "útero virtual" al que llegan los hijos. En este sentido, hizo un llamamiento a recuperar la prioridad de la pareja sobre la descendencia: "Hay que amar al cónyuge por encima de los hijos". Advirtió que la inversión de esta escala de valores ha creado "niños reyes" o "niños tiranos" que cargan con expectativas emocionales que no les corresponden.

Por otra parte, profundizó en la diferencia entre el sentimiento y la voluntad dentro de la pareja. Advirtió que la sociedad actual confunde el amor con una emoción pasajera, lo que fragiliza los vínculos. Señaló que amar implica un "ejercicio de la voluntad" y "hacer cosas" por el otro, incluso cuando los sentimientos no acompañan. Según la académica, recuperar esta dimensión racional que heredamos de Grecia es la única forma de evitar que la familia se convierta en un escenario de "hedonismo" donde las decisiones se toman por impulsos momentáneos, lo cual acaba "animalizando" al ser humano.

La construcción de la masculinidad: "El varón no nace hombre"

Uno de los puntos álgidos de la conferencia fue el análisis de la identidad masculina. Basándose en la biología y la psicología, Calvo explicó que, a diferencia de la mujer -cuya maduración biológica se impone de forma natural-, el varón requiere de un proceso simbólico y cultural. "Ese pequeño varón no es hombre. Tiene que transformarse en hombre".

La académica denunció que hoy en día ser hombre es una "heroicidad" debido a los mensajes de "toxicidad" que se lanzan contra la masculinidad. Defendió la agresividad masculina, no como violencia, sino como una potencia encauzada hacia la protección

"La agresividad bien encauzada se transforma en una potencia para superar obstáculos, para asumir compromisos... para formar una familia y sacarla adelante".

Las consecuencias de la "ausencia de padre"

La profesora de la Carlos III vinculó la ausencia de la figura paterna con la mayoría de los problemas sociales actuales, desde el fracaso escolar hasta el aumento de los suicidios juveniles y el encarcelamiento. "Los hombres no tenéis problemas, sois el problema" , dijo irónicamente para criticar el dogmatismo que impide estudiar las necesidades específicas de los varones.

Calvo insistió en que el padre es fundamental para marcar límites y "humanizar" a los hijos, liberándolos de sus propios impulsos y caprichos. "La libertad consiste realmente en el autocontrol, en el dominio de las pasiones", explicó, contraponiéndolo a una sociedad que se guía exclusivamente por emociones y sensaciones.

La feminidad y el peligro de la "apropiación"

Sobre la feminidad, Calvo adviertió de un riesgo antropológico moderno: la tendencia a la "fusión" emocional absoluta con el hijo. Al desaparecer la figura del padre (o ser desplazada), la madre corre el riesgo de convertir al hijo en su único proyecto vital.

Calvo fue clara al respecto: el hijo no debe ser el centro del universo afectivo de la mujer, sino el matrimonio. "Hay que amar al cónyuge por encima de los hijos" para evitar que la madre proyecte en el menor sus propios vacíos. Para ella, la feminidad plena se alcanza cuando la mujer acepta la "interrupción" del padre, permitiendo que el hijo salga del "útero emocional" materno para enfrentarse al mundo real.

La riqueza de la diversidad en el matrimonio

La profesora de la UC3M sostiene que la diferencia sexual no es un constructo social, sino una "riqueza ontológica". En su ponencia, recalca que el niño necesita ver y sentir dos formas distintas de estar en el mundo. La madre representa la acogida, el refugio y la nutrición emocional y el padre representa el límite, la ley y el impulso hacia el exterior.

"Sin esa dualidad, el niño crece sin brújula", advierte. Calvo rechaza la idea de que los roles sean meras funciones que cualquiera puede ejercer por igual. Para ella, la alteridad es lo que permite al ser humano reconocer que no basta consigo mismo, que necesita del "otro" diferente para ser completo. "La familia es el lugar donde aprendemos que el otro existe y que tiene una dignidad propia", concluye.

Un camino de redención y perdón

Para concluir, María Calvo apeló a la trascendencia y al perdón dentro del ámbito familiar. Citando a Dostoievski en Los hermanos Karamazov, recordó que "el mundo se salvará cuando los hijos acepten redimir los pecados de sus padres". Animó a la generación actual a "retomar las bases de la civilización y hacerla brillar de nuevo", recuperando la dignidad de la alteridad sexual y la solidez de los vínculos permanentes.

Calvo también abordó la complejidad de unir dos identidades en un matrimonio, lo que denominó la "diferencia de linaje". Recordó que cada cónyuge llega a la unión con una "mochila" de aprendizajes, culturas y errores de sus propias familias de origen. "Venimos de dos linajes distintos, por nuestras venas corre sangre cruzada", señaló.

Lejos de ver esto como un problema insalvable, la académica lo presentó como la base de la identidad del hijo, quien necesita raíces sólidas para saber quién es. "Tener raíces es la necesidad más importante y más ignorada del ser humano", sentenció, instando a los padres a no usar a los hijos como "objetos para llenar sus propios vacíos existenciales".