Barcelona se convierte en capital del progresismo global con la cumbre impulsada por Sánchez, Lula y Löfven en medio de la polémica política
Barcelona acoge el 17 y 18 de abril una cumbre global impulsada por Sánchez, Lula y Löfven para coordinar una respuesta progresista internacional
La ciudad de Barcelona se convertirá los días 17 y 18 de abril en el epicentro político internacional con la celebración de la Global Progressive Mobilisation (GPM), una cumbre que reunirá a más de 3.000 participantes y representantes de más de 100 partidos políticos con el objetivo de coordinar una respuesta global frente al avance de la ultraderecha.
Impulsada por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al líder del Partido Socialista Europeo, Stefan Löfven, y con el respaldo del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, la cita busca reforzar la cooperación internacional del progresismo en un contexto marcado por la desigualdad, la crisis climática y la presión sobre las democracias.
Qué es la Global Progressive Mobilisation
La GPM nace como una plataforma internacional que pretende transformar los valores progresistas en acciones concretas, articulando una red de colaboración entre gobiernos, partidos, sindicatos y sociedad civil.
Durante dos jornadas se celebrarán más de un centenar de actividades entre paneles, talleres y reuniones, con ejes como la justicia social, la igualdad de género, la transición ecológica, la gobernanza económica y la defensa de la democracia.
Los organizadores insisten en que el objetivo es claro: “responder de forma global a una amenaza global”, en referencia a la coordinación internacional de fuerzas conservadoras y de extrema derecha.
Liderazgos internacionales y peso político
El encuentro contará con la presencia de al menos ocho jefes de Gobierno y figuras destacadas como Gustavo Petro, Cyril Ramaphosa o Claudia Sheinbaum, además de líderes europeos, latinoamericanos y africanos.
También participarán representantes institucionales como António Costa, junto a alcaldes, académicos y activistas, consolidando la cita como uno de los mayores foros progresistas de la última década.
El mensaje político: “no a la guerra” y defensa de la democracia
Uno de los pilares del encuentro será el mensaje de rechazo a los conflictos bélicos y defensa del multilateralismo, en un momento de creciente tensión internacional.
Sánchez ha defendido que el mundo atraviesa un cambio de orden global y ha advertido que “la unidad del progresismo será su principal fortaleza frente a modelos basados en la desigualdad y el conflicto”.
Por su parte, Lula ha subrayado la necesidad de reorganizar las fuerzas progresistas para proteger la democracia y avanzar en justicia social, mientras que Löfven ha insistido en que la movilización busca “defender los derechos de los trabajadores y frenar el odio y la discriminación”.
Declaraciones y controversias políticas
La cumbre no ha estado exenta de polémica. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, confirmó su asistencia señalando que acudirá a una reunión de “gobiernos progresistas”, destacando la relevancia del encuentro como espacio de coordinación internacional.
Sin embargo, desde posiciones críticas, el eurodiputado Hermann Tertsch ha cargado duramente contra la cumbre, calificándola de forma despectiva y cuestionando la legitimidad de sus participantes, en declaraciones que reflejan la polarización política en torno al evento.
En algunos espacios mediáticos internacionales, especialmente en América Latina, también se han escuchado opiniones muy críticas hacia la reunión y sus líderes, con discursos de tono elevado que evidencian el clima de confrontación ideológica que rodea este tipo de iniciativas globales.
Un intento de nuevo internacionalismo progresista
Más allá de las discrepancias, la cumbre de Barcelona aspira a ser el inicio de una nueva etapa de coordinación política internacional, superando foros anteriores centrados únicamente en declaraciones simbólicas.
Los organizadores plantean este encuentro como el punto de partida de una estrategia sostenida en el tiempo, con seguimiento de compromisos y futuras citas internacionales.
Con Barcelona como escenario, el progresismo mundial busca así redefinir su papel en un contexto global incierto, marcado por crisis múltiples y una creciente competencia ideológica a escala internacional.