Tiempo de pensar

En vida, hermano, en vida

Ayer, en el chat de nuestro grupo, éramos muchas mujeres reunidas virtualmente en oración. El ambiente era recogido, sincero, lleno de buena intención. Todas teníamos un nombre en el corazón: Noelia. Estábamos impactadas por la noticia de que una joven hubiera pedido la eutanasia. Para quien no conozca su historia: Noelia fue una joven de 25 años en España que, tras vivir un sufrimiento profundo y sostenido, solicitó la eutanasia, un derecho legal desde 2021 que permite, bajo condiciones muy estrictas, poner fin a la propia vida en situaciones límite. Rezábamos por ella. Y, sin embargo, había algo dentro de mí que no terminaba de encajar. Una incomodidad suave pero insistente.

Noelia ya está muerta.

Y entonces pensé: qué hermoso sería que toda esta oración, toda esta preocupación, todo este amor que hoy sentimos… hubiera llegado a tiempo. No como reproche. No como culpa. Sino como reflexión. Porque hoy nos importa. Hoy nos duele. Pero ¿qué pasa cuando el dolor todavía no tiene nombre conocido? ¿Qué pasa cuando alguien está atravesando su noche más oscura y nadie la está mirando de verdad? Quizá estamos más preparadas para acompañar el dolor cuando ya es historia que cuando aún está ocurriendo. Rezar por los muertos es un acto de amor y de fe. Pero acompañar a los vivos exige más: tiempo, presencia real, silencio, paciencia. No sabemos qué habría pasado si Noelia hubiera sentido este abrazo colectivo mientras vivía. Nadie puede afirmarlo. La vida, y las decisiones tomadas en el límite del dolor,  son siempre complejas. Pero sí sabemos algo: todos necesitamos sentir que importamos.

Hay una frase que resuena con fuerza: “En vida, hermano. En vida”.

Tal vez ahí está la clave. En este tiempo de Cuaresma que caminamos, un periodo de reflexión y cambio interior, el caso de Noelia nos interpela con fuerza. No se trata de juzgar, sino de preguntarnos: ¿Estamos dispuestas a estar presentes en el sufrimiento real de quien camina a nuestro lado? ¿A ofrecer nuestra compañía antes de que el dolor se vuelva insoportable? Tal vez el aprendizaje no está solo en lo que hacemos hoy por Noelia, sino en lo que podemos empezar a hacer desde ya por otros. Mirar más. Escuchar mejor. Estar. No esperar a que el dolor tenga un final para entonces reaccionar. Porque quizá, en algún lugar cercano, hay alguien que todavía está a tiempo de sentir que su vida importa. Y ahí, justo ahí, es donde nuestra presencia puede convertirse en algo más que oración: en una compañía verdadera, capaz de salvar otra  vida.