Vaciar
Vaciar es desocupar, dejar vacío, sacando el contenido que tiene en su interior, un lugar, un recipiente, un receptáculo, la mente, el cuerpo, el cerebro...Es una palabra polisémica de origen latino, "vacicus", que significa hacer hueco. Un hueco que volverá a ser ocupado por otros objetos, otras personas, otros contenidos, otros pensamientos.
El hecho de vaciar, e incluso el término vaciar, producen una serie de sensaciones en las que se mezclan la libertad, el alivio, cierta calma, con la soledad, la tristeza, la nostalgia...Nos liberamos de preocupaciones, de cuidados, no hay que ocuparse de lo que ya no tenemos, de lo que hemos quitado, de lo que ya no está. Pero quedan los recuerdos de los objetos que tuvimos, de los lugares que habitamos, de las personas con quienes los compartimos, de las sensaciones y los sentimientos que nos provocaron, y nos embarga una impresión de pérdida. El alma nos pesa menos, pero el hueco dejado duele.
Estoy en el proceso de vaciar mi piso familiar, en el que pasé tantos años y al que he regresado muchas veces. En él murió mi madre, tras diez años de alzheimer, la misma enfermedad que sufrió mi tía. Una vivienda repleta, como tantas, de vivencias alegres y tristes, de objetos que conservan la memoria de varias generaciones. Toca venderlo, toca abandonar su carga, pesa como los años, y su disfrute ya no la compensa.
En él dejaré una parte fundamental de mi biografía, otros vivirán ahora las suyas. Me iré con mis recuerdos y el último poema que dediqué a mi padre, a quien no conocí, a su imagen en una vieja y gran fotografía reflejada en un antiguo espejo. Ese retrato también vendrá conmigo pero no el espejo, ni su reflejo en él.