La última entrevista a Gabo
En julio de 1993, el escritor Eduardo Márceles Daconte, quien en ese momento era el curador del Museo de Arte de Queens, en Nueva York, llamó por teléfono al escritor Rafael Dario Jiménez, para informarle que García Márquez lo estaba buscando para hablar con él, acerca de su abuelo Nicolás R. Márquez.
En aquel momento, Jiménez era el hombre mejor informado sobre la vida del coronel, que inspiró a Gabo en su quehacer literario.
El joven autor de Aracataca llamó a Gabo desde Santa Marta, y quedaron de verse para una entrevista, en el Hotel Cartagena de la ciudad.
García Márquez estaría en la ciudad amurallada para participar en una reunión de la Misión de Sabios.
Jiménez iba con la intención de entrevistar al Premio Nobel, pero debido al interés de Gabo por conocer otra voz sobre la vida de su abuelo Nicolás R. Márquez, terminó entrevistado. El cataquero terminó siendo el entrevistador entrevistado.
Los tres de Aracataca (Gabo, Márceles Daconte y Jiménez) se juntaron por primera vez, a través del teléfono, y del encuentro que tuvo lugar entre Gabo y Jiménez, en el Hotel Cartagena de Bocagrande.
Para viajar de Santa Marta a Cartagena, la mujer de Rubén Darío debió empeñar unas candongas con filigranas de oro y unos anillos, para que su marido pudiera asistir a la entrevista más importante de su vida.
Rafael Darío, quien guardó en el nochero la entrevista por más de treinta años, hoy sale a la luz, gracias al Grupo Editorial Ibañez.
Aquella tarde, frente a la piscina del hotel, los dos escritores se trenzaron en un diálogo franco y sincero sobre la vida del coronel Márquez, y en más de una ocasión, no coincidieron en este grato ejercicio de la memoria.
Jiménez, quien años más tarde, publicó su novela La nostalgia del coronel (Ibáñez, 2016), le preguntó por la juventud de su abuelo, y Gabo le contó que el coronel Máruez había participado en la Guerra de los Mil días, era liberal, y había ocupado cargos como tesorero e inspector de hacienda en Aracataca.
En aquella memorable entrevista, Gabo había recordado a su abuelo cuando lo llevaba al cine fundado por don Antonio Daconte, el abuelo de Eduardo Marceles, y a su hija la Nena Daconte, quien en su juventud fue la novia secreta de Gabo, y es la protagonista del cuento “El rastro de tu sangre en la nieve”.
El reportaje terminó al caer la tarde. Mercedes Barcha, llamada la Gaba, fue testigo aquella tarde soleada y particularmente brillante.
Gabo le ordenó a su chofer que llevara a Jiménez a su hotel, y por primera vez, el joven escritor, que tenía terciada en su hombro, una mochila de indio kogui, se sintió como si fuera todo un Premio Nobel.
De Gabo se ha escrito mucho. Incluso, hay críticos que afirman que sobre el Premio Nobel, ya está todo dicho. Esto no es cierto.
Esta entrevista, cuyo prólogo lleva la rúbrica del profesor emérito de la Universidad de Southern Connecticut, Rubén Pelayo, nos trae a la memoria la relación que tuvo Gabo con su abuelo, mucho antes de que el coronel Aureliano Buendía, en Cien años de soledad, lo llevara a conocer el hielo.